Misceláneo

Las cabezas de la hidra

«. . . porque gracias al escrúpulo, vacilamos, y se nos pasa el tiempo de gozar, de gozar ese minuto feliz que, como gracia especial, fue incluido en nuestro programa». Gracias por el fuego. Mario Benedetti.

Hay libros, personajes y frases que nos tocan el corazón de una manera especial porque logramos identificarnos de algún modo (ya sea consciente o inconsciente). Algunas veces es porque la historia nos recuerda a una nuestra, porque los personajes están intentando resolver dilemas que nosotros también, porque nos inspiran a hacer algo distinto, porque son el reflejo de lo que quisiéramos ser, etcétera. A mí esta cita de Benedetti, en particular, me llegó al alma porque la sentí como si Mario me hubiera hablado a mí directamente a través de Gracias por el fuego.

Una vez soñé que Benedetti era mi abuelo y que íbamos juntos a tomar un café. Recuerdo que le pedí sus consejos y que me enseñara a escribir como él. La respuesta entera la olvidé al despertar (tristemente), pero me quedó resonando la palabra «constancia». A mí me gusta pensar que Mario me da sus consejos de vida, esos que le pedí, en todos sus libros. El que está en esta cita es muy importante porque incluye una verdad esencial: ¡la vida es un regalo! Y tenemos que aprender a aprovecharla. Suena a una frase repetida miles de veces, pero no deja de ser cierta y valiosa.

«Gracias al escrúpulo, vacilamos» y a mí me ha pasado un montón de veces. Yo crecí en un ambiente lleno de prejuicios, y liberarme de ellos ha sido un proceso largo de muchos años (¡ayudado enormemente por los libros!). Pero todos esos prejuicios, todas esas ganas de lograr ilusoriamente la perfección, solamente fueron barreras que estaban en mi camino y que hicieron que dejara pasar algunas oportunidades. El primer cuento que aparece en Un tal Lucas, de Julio Cortázar, se titula «Lucas, sus luchas con la hidra» (muy recomendado, por cierto) y trata un poco acerca de lo mismo: de cómo Lucas intenta destruir a la hidra cortándole las cabezas (que son metáforas para los escrúpulos, las obsesiones, los prejuicios), pero solamente logra que le salgan más, y él se mantiene en esa lucha constante por terminar con ellas porque sabe que, una vez que logre dominarlas, su vida será distinta y mejor y podrá, finalmente, ser él mismo: ser Lucas.

Sé que es más fácil decirlo que hacerlo, pero ahí radica la importancia de encontrarnos con autores y personajes que nos recuerdan estas cosas; son como palmaditas en la espalda, como si trataran de decirnos «vamos, no te rindas, no lo olvides». Porque por estar pendientes de minucias irrelevantes, se nos pasa la vida, ¡literalmente!

¿Y tú? ¿Tienes algún prejuicio/escrúpulo que no te deja avanzar en algún aspecto de la vida? Para ti, ¿qué cosas vendrían a ser las cabezas de la hidra? Las mías, sin duda, son el perfeccionismo y la vergüenza (pero seguro que tengo más).

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1 comentario en “Las cabezas de la hidra”

  1. Creo que en mayor o menor medida, todos tenemos ese escrúpulo o ese miedo dentro de nosotros. Puede que no venga impuesto, puede ser que sea algo que hayamos adquirido, o que sólo se trate de una piedra en el zapato. Pero como decía Platón, con su mito de la caverna, a veces basta con salir de la cueva para darte cuenta de que todo era una sombra.

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