¿El lenguaje inclusivo es la solución?

Mario y yo

«Me parece macanudo que cambien la estructura, pero traten de que simultáneamente se transforme el signo moral de este pueblo, porque de lo contrario el cambio se desmoronará, y la evolución o revolución o lo que sea, habrá sido inútil». —Mario Benedetti, Gracias por el fuego.

Stephen King dice que los libros son magia portátil porque a través de ellos los lectores pueden leer la mente del autor, como si se tratara de telepatía. Yo creo que también, ratificando el calificativo «mágico», los libros permiten que los pensamientos viajen en el tiempo. Me gusta esa idea de que un escritor plasme sus reflexiones (ya sea a modo de afirmación o pregunta) reflejando su verdad en su contexto y que, años después, podamos encontrarlo y mantenerlo vigente en nuestro contexto. Creo que eso tiene que ver con algo que Gabriel García Márquez dijo en varios de sus libros (especialmente en Cien años de soledad): la vida es cíclica y la historia siempre se repite, queramos o no (sé que Gabo no es el único que lo ha dicho, pero es el referente que quise usar). Es fácil comprobar que tiene razón, tan solo hace falta leer un poco de historia y luego ver las noticias; aunque también es notorio en situaciones más personales y cotidianas.

Con Gracias por el fuego me pasó eso de los pensamientos viajando en el tiempo. El libro se publicó por primera vez en 1965 y la crítica social que quiso plasmar Mario Benedetti en él estuvo ampliamente influenciada por la crisis política y económica que atravesó Uruguay durante la década de los sesenta. De ahí ese «llamado a la acción» que hizo a través de sus personajes, en el que le dijo directamente a los lectores: Salgan a cambiar el mundo, ¡pero háganlo bien! Cincuenta y un años después Gracias por el fuego llegó a mis manos y, aunque Benedetti ya murió, cada vez que vuelvo a leer esta cita, no puedo evitar sentir como si estuviera hablando de temas actuales porque su mensaje sigue siendo muy aplicable. En este caso yo usaré sus palabras para hablar de un tema en específico: el lenguaje “inclusivo”. Debo confesar que, aunque había querido escribir sobre esto desde hace días y no me había atrevido, la razón por la que me decidí fue porque me enteré de que en una editorial argentina reescribieron El principito y lo cambiaron a ese lenguaje, y me estremecí.

Honestamente, todavía no me acostumbro a ver (mucho menos a usar) esa manera de hablar/escribir. Yo soy correctora de ortotipografía y estilo, y he dedicado gran parte de mi vida a aprender el español lo mejor que puedo (por supuesto que todavía no lo sé todo), por eso me resulta natural respetar las reglas del idioma. Debido a que conozco el proceso por el que pasan los manuscritos antes de ser publicados, me parece sorprendente una modificación tan abrupta (sobre todo en el lenguaje escrito, ya que el lenguaje oral es mucho más flexible). Mi trabajo al corregir textos se trata de encontrar erratas y de ayudar a los escritores a ser concisos con su mensaje, así que no puedo evitar sentir que expresiones como “nuestra cuerpa”, “todes les compañeres”, “los niños y las niñas”, “amigxs”, son errores gramaticales. Sin embargo, no deja de parecerme un cambio importante (importante en el sentido de masividad, no de necesidad). Es decir, es impresionante que haya tanta determinación por parte de algunos en querer cambiar todo un idioma e incluso reconozco que es lindo el hecho de que muchas personas estén unidas en pro de una causa noble, pero me produce reticencia porque el cambio en el lenguaje no me parece el primer paso e incluso me atrevería a decir que, así como está planteado, el lenguaje “inclusivo” no es necesario.

Antes de que comenten para insultarme, quiero aclarar que no, no me creo la RAE, que apoyo la inclusión, que estoy a favor de los derechos de todas las personas, que me considero feminista (no hace falta conocerme demasiado para saber que Simone de Beauvoir es uno de los referentes de mi vida), que repudio la discriminación y el odio y que también quiero un gran cambio en el mundo para que todos podamos ser —al menos un poco— más felices. Pero justamente por eso es que creo que la cita de Mario Benedetti que elegí se hace relevante, porque un cambio en la estructura no es lo mismo que un cambio moral y lo que se necesita de verdad es lo segundo, porque de ahí se derivarán naturalmente los cambios pertinentes en lo primero. Quedarnos peleando porque alguien no dice todas las palabras con la “e” es distraernos con nimiedades. Considero que no por usar lenguaje “inclusivo” se es mejor persona, ni tampoco que por no usarlo se es mal ser humano. Ser buena o mala persona queda reflejado en las acciones diarias que tenemos y en cómo tratamos a quienes nos cruzamos, no en si decimos “todes” y “chiquxs” (lo cual es impronunciable, por cierto).

Muchas de las personas con las que he debatido acerca de este tema y que apoyan el uso del lenguaje “inclusivo” me dicen que su importancia radica en “ponerle nombre a lo que no lo tiene”, que “lo que no se nombra no existe”, y que “a través de ese lenguaje se elimina la discriminación”. Yo no estoy de acuerdo con esas afirmaciones porque usar lenguaje “inclusivo” es como ponerle una curita a una herida profunda: puede que la cubra, pero no la sana. Porque el verdadero problema no está en nuestro lenguaje, sino en cómo lo estamos usando. El español ya incluye cuando dice “todos”, pero somos nosotros quienes le damos la connotación equivocada. Las palabras son palabras y ya, son inofensivas si las usamos correctamente e, incluso, como lo plantea la cita de Benedetti, si no hay un cambio moral primero, toda esa revolución resultará inútil. Si el enfoque principal no es enseñar a respetar, se podría usar el lenguaje “inclusivo” para discriminar si quisiéramos. Si alguien escribiera un letrero diciendo “les persones bajes son tontes” no se está discriminando ni ofendiendo menos. Es por eso que insisto en que la raíz del problema es el uso que le damos a las palabras y que hay que dar otros pasos antes de querer cambiar el idioma si lo que buscamos de verdad es incluir y aceptar a todas las personas.

Yo no puedo oponerme por completo a que se use el español de esa manera porque soy una sola contra muchos, pero sí me molesta que a alguien se le haya ocurrido reescribir un gran clásico como lo es El principito y manipularlo para que se acomode a una causa que ni siquiera es la que pretendió el autor cuando lo escribió años atrás. Yo no me imagino a Antoine de Saint-Exupéry pensando en crear un personaje masculino para discriminar a todas las mujeres; quienes han leído El principito saben perfectamente que su historia no pretende para nada exaltar a los hombres por encima de las mujeres, ni tampoco insinuar que solo los hombres pueden ser pilotos. Si bien el libro lo reescribieron con la protagonista como una mujer y el lenguaje “inclusivo” que usaron es “todos y todas” en lugar de “todes” (lo cual es un gran alivio para mí), sigo creyendo que, si la finalidad es escribir historias en lenguaje “inclusivo” y feministas, deberían CREARLAS exclusivamente con ese fin y no aprovecharse de un libro que tiene tanta fama y acogida en el mundo solo para vender más. Por supuesto que me agrada que las niñas de las nuevas generaciones tengan más al alcance referentes femeninos que sirvan de inspiración, pero hay otras maneras (incluso mejores) de lograrlo.

En todo caso, la reflexión a la que invito escribiendo acerca de esto, es en hacer el énfasis en transformar «el signo moral de este pueblo», como dijo Mario, porque así nos aseguraremos de que el cambio sí está teniendo el efecto que, en el fondo, es el que deseamos todos —o la mayoría, claro.

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9 comentarios en “¿El lenguaje inclusivo es la solución?

  1. Está claro que antes tenemos que cambiar la sociedad, y cuando haya igualdad quizá el lenguaje cambie. Yo tampoco estoy a favor de cambiar las palabras. Creo que lo que deberíamos cambiar son muchas expresiones que tradicionalmente se han dicho pero son machistas y retrógradas. La solución es más bien cambiar nuestra manera de actuar y ver las cosas, para que esta sociedad sea más igualitaria. Genial post, como siempre tema controvertido. A ver los haters, se van a hartar de escribir… 😋 Un saludo.

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  2. Yo, hace no mucho, publiqué un poema respecto a la amistad aplicado –desde luego– a mi género (masculino), y por tanto la rima y todo lo demás seguían ese sentido. Se lo mostré a mi mamá para que posiblemente lo compartiera con una amiga suya, aunque caí en la cuenta de que estaba escrito precisamente en mi género. Y uno puede decirse “ya, no sirve para mujeres”, o puede decirse lo siguiente: Indiferente a la estética que promueva el género con el que se escribió el poema, uno puede “entrometerse” en él y sacar la riqueza que crea propicia, de una manera culta o personal, los valores que, a fin de cuenta, de sexo, de género, tienen sólo el nombre. “La” amistAd, “el” amOr …
    A lo que quiero llegar es que tu escrito me ha inspirado eso: La escritura puede ser suficiente lenguaje universal (inclusivo) si se canaliza por los principios que a fin de cuentas dejan en penumbra aspectos tan superficiales como el género de las palabras. Y de eso se puede decir mucho…
    Excelente tu escrito.

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    • Lo que dices tiene mucha razón. Hay cientos de frases de libros que están escritas en masculino y yo me he sentido completamente identificada en vez de sentir que me discriminan. El lenguaje hace daño cuando la intención de quien lo usa es hacer daño, de lo contrario, son solo palabras. Muchas gracias por tu comentario. ☺️💕

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  3. Me niego a hablar y escribir monótonamente con e, monstruosamente con @, x.

    Nuestro hablar, escuchar y escribir castellano es dulce… . ¡Naturaleza combinada armoniosamente con todos los sonidos de la lengua castellana!

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    • Tal cual. Tenemos un idioma tan hermoso, que no entiendo por qué algunos insisten en arruinarlo utilizando símbolos que, a fin de cuentas, lo único que hacen es complicar la pronunciación y la comprensión. Mientras no haya mala intención en los escritos, yo no le veo el problema a usar un género.

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