Sobre corrección

5 consejos de corrección de estilo para escritores

A continuación voy a compartirte cinco consejos de corrección de estilo que puedes tener en cuenta si deseas ahorrar tiempo y dinero antes de confiarle tu manuscrito a un corrector o correctora.

Aunque no es recomendable que los autores (incluso quienes tienen amplios conocimientos de corrección) corrijan sus propios textos, sí es muy importante que los pulan lo más que puedan antes de enviárselos a un corrector profesional, ya que, en muchos casos, esto puede reducir el costo y el tiempo de entrega.

Todos los textos deben pasar por corrección profesional antes de ser publicados.

Para que puedas identificar mejor cuáles son las partes débiles de tu manuscrito —como redundancias, repeticiones, pobreza léxica, extranjerismos innecesarios, entre otros—, sigue leyendo estos cinco consejos.

1. Mejora tu ortografía

El consejo más básico y, quizás, el más importante de todos es tener buena ortografía. La buena ortografía demuestra que te importa tu texto, que cuidas el idioma, que respetas las palabras y que te interesa que tu mensaje se entienda.

Debes familiarizarte con las reglas básicas de ortografía, como saber qué palabras y en qué casos se escriben con tilde, y entender la importancia de estas (no es lo mismo decir mamá que mama, o bebé que bebe).

También debes verificar las palabras cuya escritura te resulte confusa: ¿va con g o con j?, ¿con b o con v?, ¿con y o con ll?, ¿con c, s o z?, ¿con h o sin h?, etc.

Otro aspecto muy importante para tener en cuenta es la puntuación. Tienes que entender cuándo y cómo se usan cada uno de los signos de puntuación para que funcionen a tu favor: al igual que las tildes, ¡un solo signo de puntuación puede cambiar por completo el sentido de una frase (no es lo mismo vamos a comer, niños que vamos a comer niños)!

Como seguramente sabes, no solo es importante estudiar las reglas de ortografía, sino también repasarlas una vez cada tanto, pues el lenguaje evoluciona todo el tiempo y, por consiguiente, las reglas ortográficas se van modificando.

2. Ten cuidado con las impropiedades léxicas

Impropiedad léxica es cuando se les otorga a las palabras un significado que no tienen. En este aspecto hay que tener en cuenta las homonimias y las paronimias.

Homonimia

La homonimia se da cuando hay dos palabras que se escriben y/o pronuncian igual, pero tienen significados diferentes.

Por ejemplo:

En esta casa estamos en contra de la caza.

Si te apetece, te sirvo más .

Vos tenés una voz preciosa.

Paronimia

La paronimia es cuando hay una semejanza formal entre dos términos que tienen distinto significado.

Por ejemplo:

No hay que confundir abeja con oveja.

No hay que confundir infligir con infringir.

No hay que confundir especia con especie.

No hay que confundir apóstrofo con apóstrofe.

También, cabe agregar dentro de esta categoría de impropiedades léxicas las palabras cuyo significado se ha tergiversado por el uso popular incorrecto.

Por ejemplo:

He visto que llega tarde todas las mañanas. Tengo la teoría de que no duerme bien en las noches.

En ese caso, a la palabra teoría se le está dando un significado que no tiene. Se podría reemplazar por sospecha.

La semana pasada vimos una película sobre caballos en el espacio. ¡Era muy bizarra!

En ese caso, por influencia del inglés, se asume que bizarra significa ‘extraña’; en español, bizarro/a significa ‘valiente’.

Como te habrás dado cuenta, es necesario que revises que estas usando las palabras de manera adecuada. Para eso, el diccionario es tu mejor aliado. Consultar el diccionario toma solo unos pocos segundos y te puede ahorrar muchos malentendidos.

3. Ponle atención al registro

El registro, en palabras sencillas, son los modos de hablar. Gracias al registro nos damos cuenta de qué tan formal o informal es el texto, quiénes están hablando y en qué contexto. No se utiliza el mismo registro para escribir un cuento infantil que para escribir un ensayo complejo sobre química avanzada.

De igual manera, si hablamos de narrativa específicamente, cada personaje debe tener su propio registro, pues este les ayuda a los lectores a entender aspectos importantes del contexto del personaje (clase social, oficio/profesión, rasgos de su personalidad, nacionalidad, etc.) y del texto en general (en qué época está basada la historia, por ejemplo). Incluso el narrador, cuando es heterodiegético, debe tener un registro adecuado y coherente con el resto del escrito.

Los saltos en el registro resultan chocantes, pues es muy extraño leer un diálogo en el que un personaje de seis años usa el léxico de un hombre de cincuenta, o que un personaje que es ejecutivo utilice lenguaje coloquial en medio de una presentación importante, o que una mujer de la época victoriana use lenguaje moderno.

Ten cuidado con los sinónimos: no todos los sinónimos son adecuados en todos los contextos y, en algunos casos, pueden dañar el registro.

4. Aumenta tu vocabulario

La pobreza léxica, en muchas ocasiones, causa que los textos estén llenos de redundancias, repeticiones, circunloquios, palabras (casi) vacías de significado, ambigüedades, etc. Es importante que incorpores palabras nuevas a tu léxico para no empobrecer tus escritos.

Redundancias

Se dan cuando se utilizan palabras extras que no aportan nada a una frase, porque su significado ya está incluido en esta. Algunas veces pueden tener un efecto enfático que no representa necesariamente un error, pero, por regla general, conviene evitarlas.

Se le borró la sonrisa del rostro. (¿De dónde más podría borrársele la sonrisa a alguien?)

Nunca antes había visto una cosa semejante. (Con solo decir nunca ya se entiende, ¿no?)

Para inscribirte, debes cumplir con unos requisitos imprescindibles. (Si son requisitos, son imprescindibles.)

Circunloquios

Cuando se utilizan muchas palabras para expresar una idea sencilla, se crea un circunloquio.

Y se quedó mirando el cielo, esperando a que la tormenta terminara de hacer su aparición. (Es mucho más efectivo decir: esperando a que la tormenta apareciera.)

Se puso los zapatos y salió a dar un paseo por el jardín. (Salió a pasear. ¿Para qué complicarlo tanto?)

Palabras comodín o lugares comunes

Estas palabras suelen ser términos genéricos con un significado muy amplio o impreciso.

Fui a comprar las cosas para el proyecto de arte. (¿Cosas? Mucho mejor: los materiales.)

Es una persona que ha hecho muchas canciones. (Mucho mejor: que ha compuesto.)

Ambigüedades

La ambigüedad se puede dar por problemas léxicos, sintácticos o de puntuación. A menos que tengan un propósito muy específico en el texto, conviene evitarlas del todo para no dar lugar a confusiones.

Ambigüedad léxica

Ocurre cuando una palabra tiene más de un significado.

Pasamos por una plaza en la que había un banco. (¿El objeto para sentarse o un edificio en donde se realizan operaciones financieras?)

¿Te gusta la nieve? (¿El helado? ¿La nieve que cae del cielo?)

Ambigüedad sintáctica

Puede ocurrir por una ordenación incorrecta de los elementos en el enunciado:

Se venden camisetas para hombres de algodón. (¿Hombres de algodón? Lo correcto es: camisetas de algodón para hombres.)

También se puede dar por el uso de pronombres y determinantes:

Vio a Diego con su mamá y decidió confesarle el secreto. (¿A quién se lo confesó?)

Le habló a la jefa de su marido. (¿El marido de quién? ¿La jefa de quién?)

A veces hay ambigüedades sintácticas causadas por el uso del gerundio:

Me encontré a tu hermana corriendo en el parque. (¿Quién corría en el parque?)

Otro tipo de ambigüedad sintáctica es el que ocurre cuando se usan nombres que derivan de verbos:

La ilusión de escapar del oso. (¿Quién tiene la ilusión de escapar? ¿El oso o alguien más?)

Ambigüedad causada por mala puntuación

Despidieron a los empleados que ya no rendían. (Solamente a los que no rendían.)

Despidieron a los empleados, que ya no rendían. (Todos los empleados.)

María Camila y Mateo están mi clase. (Dos personas.)

María, Camila y Mateo están en mi clase. (Tres personas.)

5. No olvides la regla de oro: MENOS ES MÁS

Muchas personas confunden la longitud de un texto con su calidad. ¡Pero una cosa no implica la otra (de hecho, en este artículo hablé de que fijarse en el número de palabras puede ser contraproducente)! Se requiere un alto nivel de maestría para que un escrito transmita un mensaje en pocas palabras. Antoine de Saint-Exupéry dijo: «La perfección no se consigue cuando ya no sabes qué añadir a tu texto, sino cuando ya no encuentras nada más que borrar». Y yo siempre digo que corregir textos se trata más de eliminar que de agregar. Procura hacer ejercicios de escritura que te desafíen a reducir palabras e incluso a borrar frases y párrafos enteros. El resultado suele ser muy positivo: un texto claro con un mensaje conciso.

Si tienes ganas de leer más y de practicar tu ortografía, te invito a seguirme en Instagram: @explorando_historias
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2 comentarios en “5 consejos de corrección de estilo para escritores”

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