Sobre escritura

La bitácora del escritor

¿Alguna vez has escuchado hablar de la bitácora del escritor? Si no tienes ni idea de lo que es, te recomiendo que sigas leyendo, porque se trata de un método de organización de ideas que puede ser un gran apoyo en tu proceso de escritura, ya que te mantiene en un estado de creatividad constante y ayuda combatir el tan temido bloqueo escritor.

A lo largo de los años he asistido a muchas clases, cursos y talleres de escritura creativa. Si bien en todos he ido adquiriendo herramientas y conocimientos diferentes, hay algo en común en lo que todos mis profesores han hecho énfasis: la importancia de llevar una bitácora. Pero ¿qué es y cómo funciona?

Una bitácora es como una caja de ideas en la que vas guardando todas las piezas de un gran rompecabezas.

Qué es la bitácora del escritor

Se trata de un método de organización que te permite tener todas tus ideas clasificadas por categorías y juntas en el mismo lugar. Es una herramienta muy personal (independientemente de si es pública o privada), que, en muchos casos, se convierte en un estímulo para seguir escribiendo.

Lo ideal es que sea en formato físico y que tenga suficiente espacio para que puedas escribir a mano, pues está comprobado que así retenemos mejor la información, somos más creativos y detectamos más fácil nuestros errores de escritura.

Aunque puedes usar un cuaderno o una agenda, yo prefiero la opción de comprar un archivador de tres anillos, pues así puedes ir cambiando las hojas de lugar en caso de ser necesario.

Qué debe contener

En realidad, el contenido de una bitácora depende de cada autor y va cambiando a medida que se usa. Lo importante es que tenga categorías claras que tengan sentido para ti.

A manera de guía, a continuación te dejo algunas sugerencias que puedes implementar para empezar.

Ideas

A todos nos ha pasado que las ideas se nos vienen a la cabeza en momentos inesperados —en el transporte público, en la ducha, en la fila del banco—, así que, en vez de anotarlas en una servilleta que luego vas a perder, coge tu bitácora y utiliza este espacio para anotar todo lo que se te ocurra: nombres de personajes, títulos, escenarios, conceptos (celos, injusticia, traición, venganza, etc.). Recuerda que luego puedes mover las hojas y acomodarlas en otras categorías.

Personajes

Aquí la idea es que ahondes un poco más en la personalidad de cada uno de tus personajes. Anota sus gustos, sus motivaciones, sus inseguridades. Indaga en su moral y averigua quiénes son planteándoles situaciones hipotéticas: ¿Cómo reaccionaría mi personaje si…?

También puedes describirlos físicamente y crearles un pasado.

Situaciones

Este es el apartado en el que puedes sacar a flote toda tu creatividad y anotar todas las ideas que tengas para crear un conflicto, ¡sin importar qué tan disparatadas puedan parecer a primera vista!

¿Qué pasaría si un personaje con fobia social decide salir a la calle y todos lo confunden con un famoso?

¿Qué pasaría si un personaje, solo para vengarse de su psicólogo, decide suicidarse?

¿Qué pasaría si alguien decide hacer correr un rumor sobre sí mismo y el experimento se le sale de las manos?

Aquí puedes poner en práctica este ejercicio de escritura creativa:

Haz una lista de veinte palabras al azar (¡no se vale pensarlas demasiado!). Cuando la tengas, coge la primera palabra y la última (o pídele a alguien que te diga dos números) y júntalas en una frase. ¿Se te ocurre alguna historia con eso?

Diálogos

Este es el lugar perfecto para que anotes:

  • palabras específicas que te despierten algo interesante,
  • palabras que relaciones con alguno de tus personajes,
  • frases que creas que pueden decir tus personajes,
  • citas bibliográficas (ya sea que estén relacionadas con el contenido de tu texto o que simplemente te ayuden a motivarte),
  • conversaciones entre tus personajes.

Imágenes

Las imágenes son una gran fuente de ideas, así que te conviene guardar las que creas que son relevantes para tu proyecto.

Aquí puedes guardar:

  • recortes de revistas,
  • tus propios bocetos (de personajes, de tus casas, ciudades, pueblos, reinos),
  • nombres de pinturas que te inspiren,
  • imágenes que imprimas de Pinterest o Google.

Lo importante es que tengas esas referencias visuales a la mano para que puedas utilizarlas siempre que sea necesario.

Notas personales y reflexiones

Este apartado de la bitácora funciona como diario personal y puede tener el formato que prefieras (párrafos cortos, cartas a ti mismo o otra persona, listas, ¡lo que necesites!).

Es fundamental que en este espacio seas lo más honesto que puedas, pues, al fin y al cabo, es una sección que solo vas a leer tú. Anota tu proceso, tus emociones, tus pensamientos, haz autocrítica. Incluso si tuviste un mal día de escritura, ¡escribe por qué!

Lo ideal es que aquí escribas todos los días, aunque tampoco hay necesidad de que te presiones.

Correcciones/revisiones

Aprovecha esta categoría para anotar las cosas que debes tener en cuenta para revisarlas en el futuro.

En esta publicación di cinco consejos de corrección de estilo que te pueden servir de guía, pero, además, puedes hacer anotaciones que te ayuden a mantener la coherencia en de la historia. Por ejemplo: No olvidar que en el capítulo 3 el personaje iba vestido de rojo o Reducir el uso de los adverbios terminados en «-mente».

Extras

Esta puede ser una sola categoría miscelánea o varias categorías sueltas.

Puedes incluir:

  • sueños (a veces en los sueños se nos ocurren ideas maravillosas),
  • fragmentos de libros,
  • lista de lecturas relacionadas,
  • citas bibliográficas.

Recomendaciones

  • Tu bitácora debe tener el tamaño ideal para que puedas llevarla a todas partes (eso depende de ti, de qué tanto te desplaces durante el día, de qué tan grande sea tu maleta, de cuántas categorías quieras incluir…).

  • Decórala como más te guste. Tu bitácora debe ser algo que quieras usar, que te inspire. Por eso, dependiendo de tu gusto personal, puedes comprar un archivador que ya tenga algún diseño o decorarlo tú mismo; comprar hojas con cuadrículas, renglones o en blanco; agregarle stickers o post-its; usar marcadores de colores o tener todo en negro. Esto es algo que decides solamente tú.

  • Procura que sea honesta y espontánea y no descartes nada antes de tiempo. Quizás a primera vista parezca que una idea no es lo suficientemente buena o que el nombre para tu personaje no es el adecuado: ¡no importa! Anótalos de todas maneras y guárdalos en tu bitácora durante un tiempo. Es posible que a medida que acumules más material se vayan creando las conexiones para que todo tenga sentido. En todo caso, si algo de lo que anotas no te sirve para tu proyecto actual, puede que te sirva para el próximo.

  • ¡No juzgues tu bitácora! No hay una sola manera de llevarla, ni tampoco una forma correcta o incorrecta, no tiene que verse linda ni ordenada necesariamente. Lo único que te debe importar es que tenga sentido para ti.

Beneficios de llevar una bitácora

Como ves, una bitácora es como una caja de ideas en la que vas guardando todas las piezas de un gran rompecabezas. Lo más conveniente es que las vas a tener todas en el mismo lugar en vez de tener anotaciones sueltas en servilletas arrugadas, que luego olvidas dónde dejaste.  

Cuando ya tengas suficiente material, puedes reacomodarlo en diferentes categorías (puedes pasar una hoja de ideas a personajes, de sueños a ideas, de conceptos a diálogos, etc.). Casi sin darte cuenta tendrás una excelente base para armar tu historia y habrás coleccionado información suficiente para mantenerte inspirado y con ganas de seguir creando.

¿Conocías el método de la bitácora del escritor? ¿Qué otros métodos de organización o herramientas de escritura conoces/usas?

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Sobre corrección

5 consejos de corrección de estilo para escritores

A continuación voy a compartirte cinco consejos de corrección de estilo que puedes tener en cuenta si deseas ahorrar tiempo y dinero antes de confiarle tu manuscrito a un corrector o correctora.

Aunque no es recomendable que los autores (incluso quienes tienen amplios conocimientos de corrección) corrijan sus propios textos, sí es muy importante que los pulan lo más que puedan antes de enviárselos a un corrector profesional, ya que, en muchos casos, esto puede reducir el costo y el tiempo de entrega.

Todos los textos deben pasar por corrección profesional antes de ser publicados.

Para que puedas identificar mejor cuáles son las partes débiles de tu manuscrito —como redundancias, repeticiones, pobreza léxica, extranjerismos innecesarios, entre otros—, sigue leyendo estos cinco consejos.

1. Mejora tu ortografía

El consejo más básico y, quizás, el más importante de todos es tener buena ortografía. La buena ortografía demuestra que te importa tu texto, que cuidas el idioma, que respetas las palabras y que te interesa que tu mensaje se entienda.

Debes familiarizarte con las reglas básicas de ortografía, como saber qué palabras y en qué casos se escriben con tilde, y entender la importancia de estas (no es lo mismo decir mamá que mama, o bebé que bebe).

También debes verificar las palabras cuya escritura te resulte confusa: ¿va con g o con j?, ¿con b o con v?, ¿con y o con ll?, ¿con c, s o z?, ¿con h o sin h?, etc.

Otro aspecto muy importante para tener en cuenta es la puntuación. Tienes que entender cuándo y cómo se usan cada uno de los signos de puntuación para que funcionen a tu favor: al igual que las tildes, ¡un solo signo de puntuación puede cambiar por completo el sentido de una frase (no es lo mismo vamos a comer, niños que vamos a comer niños)!

Como seguramente sabes, no solo es importante estudiar las reglas de ortografía, sino también repasarlas una vez cada tanto, pues el lenguaje evoluciona todo el tiempo y, por consiguiente, las reglas ortográficas se van modificando.

2. Ten cuidado con las impropiedades léxicas

Impropiedad léxica es cuando se les otorga a las palabras un significado que no tienen. En este aspecto hay que tener en cuenta las homonimias y las paronimias.

Homonimia

La homonimia se da cuando hay dos palabras que se escriben y/o pronuncian igual, pero tienen significados diferentes.

Por ejemplo:

En esta casa estamos en contra de la caza.

Si te apetece, te sirvo más .

Vos tenés una voz preciosa.

Paronimia

La paronimia es cuando hay una semejanza formal entre dos términos que tienen distinto significado.

Por ejemplo:

No hay que confundir abeja con oveja.

No hay que confundir infligir con infringir.

No hay que confundir especia con especie.

No hay que confundir apóstrofo con apóstrofe.

También, cabe agregar dentro de esta categoría de impropiedades léxicas las palabras cuyo significado se ha tergiversado por el uso popular incorrecto.

Por ejemplo:

He visto que llega tarde todas las mañanas. Tengo la teoría de que no duerme bien en las noches.

En ese caso, a la palabra teoría se le está dando un significado que no tiene. Se podría reemplazar por sospecha.

La semana pasada vimos una película sobre caballos en el espacio. ¡Era muy bizarra!

En ese caso, por influencia del inglés, se asume que bizarra significa ‘extraña’; en español, bizarro/a significa ‘valiente’.

Como te habrás dado cuenta, es necesario que revises que estas usando las palabras de manera adecuada. Para eso, el diccionario es tu mejor aliado. Consultar el diccionario toma solo unos pocos segundos y te puede ahorrar muchos malentendidos.

3. Ponle atención al registro

El registro, en palabras sencillas, son los modos de hablar. Gracias al registro nos damos cuenta de qué tan formal o informal es el texto, quiénes están hablando y en qué contexto. No se utiliza el mismo registro para escribir un cuento infantil que para escribir un ensayo complejo sobre química avanzada.

De igual manera, si hablamos de narrativa específicamente, cada personaje debe tener su propio registro, pues este les ayuda a los lectores a entender aspectos importantes del contexto del personaje (clase social, oficio/profesión, rasgos de su personalidad, nacionalidad, etc.) y del texto en general (en qué época está basada la historia, por ejemplo). Incluso el narrador, cuando es heterodiegético, debe tener un registro adecuado y coherente con el resto del escrito.

Los saltos en el registro resultan chocantes, pues es muy extraño leer un diálogo en el que un personaje de seis años usa el léxico de un hombre de cincuenta, o que un personaje que es ejecutivo utilice lenguaje coloquial en medio de una presentación importante, o que una mujer de la época victoriana use lenguaje moderno.

Ten cuidado con los sinónimos: no todos los sinónimos son adecuados en todos los contextos y, en algunos casos, pueden dañar el registro.

4. Aumenta tu vocabulario

La pobreza léxica, en muchas ocasiones, causa que los textos estén llenos de redundancias, repeticiones, circunloquios, palabras (casi) vacías de significado, ambigüedades, etc. Es importante que incorpores palabras nuevas a tu léxico para no empobrecer tus escritos.

Redundancias

Se dan cuando se utilizan palabras extras que no aportan nada a una frase, porque su significado ya está incluido en esta. Algunas veces pueden tener un efecto enfático que no representa necesariamente un error, pero, por regla general, conviene evitarlas.

Se le borró la sonrisa del rostro. (¿De dónde más podría borrársele la sonrisa a alguien?)

Nunca antes había visto una cosa semejante. (Con solo decir nunca ya se entiende, ¿no?)

Para inscribirte, debes cumplir con unos requisitos imprescindibles. (Si son requisitos, son imprescindibles.)

Circunloquios

Cuando se utilizan muchas palabras para expresar una idea sencilla, se crea un circunloquio.

Y se quedó mirando el cielo, esperando a que la tormenta terminara de hacer su aparición. (Es mucho más efectivo decir: esperando a que la tormenta apareciera.)

Se puso los zapatos y salió a dar un paseo por el jardín. (Salió a pasear. ¿Para qué complicarlo tanto?)

Palabras comodín o lugares comunes

Estas palabras suelen ser términos genéricos con un significado muy amplio o impreciso.

Fui a comprar las cosas para el proyecto de arte. (¿Cosas? Mucho mejor: los materiales.)

Es una persona que ha hecho muchas canciones. (Mucho mejor: que ha compuesto.)

Ambigüedades

La ambigüedad se puede dar por problemas léxicos, sintácticos o de puntuación. A menos que tengan un propósito muy específico en el texto, conviene evitarlas del todo para no dar lugar a confusiones.

Ambigüedad léxica

Ocurre cuando una palabra tiene más de un significado.

Pasamos por una plaza en la que había un banco. (¿El objeto para sentarse o un edificio en donde se realizan operaciones financieras?)

¿Te gusta la nieve? (¿El helado? ¿La nieve que cae del cielo?)

Ambigüedad sintáctica

Puede ocurrir por una ordenación incorrecta de los elementos en el enunciado:

Se venden camisetas para hombres de algodón. (¿Hombres de algodón? Lo correcto es: camisetas de algodón para hombres.)

También se puede dar por el uso de pronombres y determinantes:

Vio a Diego con su mamá y decidió confesarle el secreto. (¿A quién se lo confesó?)

Le habló a la jefa de su marido. (¿El marido de quién? ¿La jefa de quién?)

A veces hay ambigüedades sintácticas causadas por el uso del gerundio:

Me encontré a tu hermana corriendo en el parque. (¿Quién corría en el parque?)

Otro tipo de ambigüedad sintáctica es el que ocurre cuando se usan nombres que derivan de verbos:

La ilusión de escapar del oso. (¿Quién tiene la ilusión de escapar? ¿El oso o alguien más?)

Ambigüedad causada por mala puntuación

Despidieron a los empleados que ya no rendían. (Solamente a los que no rendían.)

Despidieron a los empleados, que ya no rendían. (Todos los empleados.)

María Camila y Mateo están mi clase. (Dos personas.)

María, Camila y Mateo están en mi clase. (Tres personas.)

5. No olvides la regla de oro: MENOS ES MÁS

Muchas personas confunden la longitud de un texto con su calidad. ¡Pero una cosa no implica la otra (de hecho, en este artículo hablé de que fijarse en el número de palabras puede ser contraproducente)! Se requiere un alto nivel de maestría para que un escrito transmita un mensaje en pocas palabras. Antoine de Saint-Exupéry dijo: «La perfección no se consigue cuando ya no sabes qué añadir a tu texto, sino cuando ya no encuentras nada más que borrar». Y yo siempre digo que corregir textos se trata más de eliminar que de agregar. Procura hacer ejercicios de escritura que te desafíen a reducir palabras e incluso a borrar frases y párrafos enteros. El resultado suele ser muy positivo: un texto claro con un mensaje conciso.

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Misceláneo

¿Por qué no contabilizo mis lecturas?

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Cada tanto comparto en mis historias de Instagram un mantra que me parece muy útil: «Escribir más palabras NO significa escribir mejor. Leer más libros NO significa leer bien. Que la competencia no sea en cantidad, sino en calidad; lo primero es fácil, lo segundo no». Me gusta mantenerlo presente porque, con todo lo que nos encontramos a diario en las redes sociales, es fácil olvidar lo que de verdad importa.

No es un secreto para nadie que, gracias a internet, estamos bombardeados por la vida idealizada de los demás. Aunque todos sabemos que lo que vemos en las redes sociales no es necesariamente cierto y que la mayoría de la información compartida está filtrada y manipulada para transmitir la ilusión de «perfección», a veces es muy difícil evitar compararse con esas expectativas y no dejarse afectar por ellas. Constantemente nos encontramos con modelos «perfectos», con personas que «siempre» están felices, con parejas que «nunca» discuten, con gente que tiene una rutina diaria impecable, que tiene casas enormes y organizadas, que viaja por todo el mundo, etcétera.

Uno pensaría que esos modelos tóxicos no existen en el mundo de Bookstagram o en el de BookTube, pues ¿qué daño puede haber en una comunidad en la que las personas solo comparten lo que leen y lo que escriben? Sin embargo, no hace falta involucrarse demasiado para toparse con ese tipo de cuentas cuyos administradores se enfocan en presumir qué tan rápido leen y lo mucho que avanzan todos los días en la escritura de sus novelas. Lo más triste es ver cómo a causa de esas personas se crea una competencia dañina y cómo lo más importante (la comprensión de lectura, la buena redacción, el dominio del lenguaje) pasa a un segundo plano: lo que se valora es la cantidad y no la calidad.

Es decepcionante que las cuentas de Bookstagram BookTube que más promueven esa competencia tóxica (con publicaciones del estilo «Cómo leer dos libros en una semana», «Consejos para leer más rápido», «Cómo escribir una novela en poco tiempo») sean las que más seguidores tienen; aunque no es un fenómeno sorprendente: resulta muy atractiva la idea de que ser «superlectores» o «superescritores» es posible (así como son atractivos los cursos que aseguran que se puede aprender un idioma en un mes o las dietas con las que supuestamente se pueden perder diez kilos en una semana). Sin embargo, la definición de «superlector/superescritor» está mal enfocada y, en especial esos influentes, venden la idea de que para serlo hay que entrar en una carrera sin sentido y ver quién hace todo más rápido.

He tenido conversaciones con algunas de esas personas que proclaman con orgullo que leen más de un libro por semana y que escriben novelas enteras en menos de tres meses, en las que he notado su poca comprensión de lectura, la pésima redacción y la mala ortografía que manejan y el nivel tan básico de pensamiento crítico que tienen. Eso es algo que me parece muy triste. ¿De qué sirve leer a la velocidad de la luz si solo se entiende el 10 % del texto? ¿De qué sirve escribir una novela en menos de tres meses si después resulta que más de la mitad de las palabras son solo de relleno y la trama es un gran cliché? Es como intentar comer tu plato favorito sin masticar, ¿para qué? ¿Acaso no es preferible comer despacio y disfrutar cada bocado? Si se supone que, para quienes hacemos parte de la comunidad de Bookstagram/BookTube (ya sea como creadores y/o consumidores del contenido), la lectura es una actividad que nos apasiona, ¿por qué no leer despacio y haciendo pausas para reflexionar? ¿De qué sirve «tragarse el libro sin masticarlo»?

Para mí, un buen lector es una persona que disfruta de lo que lee (que no lo hace por obligación o presión), alguien que analiza las frases, reflexiona sobre las ideas y saca sus propias conclusiones, y no una persona que lee como en piloto automático y a toda velocidad con el único propósito de añadir un número más a la cuenta. De la misma manera, creo que un buen escritor es quien se preocupa por aprender a dominar el lenguaje, quien valora por partes iguales el «qué» y el «cómo», quien entiende que cada palabra debe tener un propósito específico en el texto, quien se preocupa por tener buena redacción y buena ortografía, etcétera, y no quien cree que la calidad del cuento o la novela es directamente proporcional a la cantidad de palabras escritas. Siempre repito que la corrección de estilo se trata más de eliminar que de agregar: son muy pocos los casos en los que a la hora de corregir tengo que añadir palabras y, en cambio, sí me la paso eliminando frases e incluso párrafos enteros que solo son circunloquios y redundancias, que demuestran pobreza léxica y redacción negligente. ¿Por qué regocijarse por haber escrito tres mil palabras en una hora si, de esas, sobran dos mil?

Algo que lamento mucho es ver hasta qué punto esas ideas erróneas influyen en algunas personas e, indirectamente (aunque a veces muy directamente), les hacen creer que «no están a la altura» por no leer cinco o diez libros al mes y por no escribir novelas enteras en dos meses, lo cual es bastante irónico porque el propósito de Bookstagram/BookTube deja de ser promover la lectura y se convierte en desanimar a quienes no cumplen con ese ritmo ridículo. El punto de la lectura y de la escritura es disfrutar del proceso, no sufrirlo ni convertirlo en una competencia nociva.

Por eso, desde hace varios años dejé de contabilizar mis lecturas, cuando me di cuenta de que, por intentar leer muy rápido, estaba pasando por alto aspectos importantes y, además, me estaba presionando demasiado para cumplir con una meta que en realidad nadie me estaba exigiendo. Por supuesto, es bueno ponerse un reto personal y mantenerlo (o incluso intentar superarlo), pero creo que una buena manera de que ese reto no se vuelva una competencia innecesaria es darle un enfoque diferente (por ejemplo, que la meta no sea cantidad de libros leídos, sino cantidad de tiempo dedicado diariamente a la lectura).

En mi caso, mi único propósito es leer, aunque sea un poquito, todos los días: no me presiono a leer una cantidad determinada de páginas o capítulos, o a terminar un libro en un número exacto de días. Hay meses en los que leo cinco o seis libros y hay meses en los que leo solamente uno. ¡En ambos casos está bien! No le debo cuentas a nadie, ni siquiera a mí misma. No soy mejor lectora por leer mucho ni peor por no superar la meta del mes anterior. No soy mejor escritora por escribir novelas enteras en tres meses ni peor por pasar una semana sin escribir. No le encuentro sentido a presionarme a leer cuando estoy tan cansada o distraída que no pongo atención, ni tampoco a obligarme a escribir palabras innecesarias para rellenar capítulos.

Me encantaría encontrar más a menudo publicaciones y videos que, en vez de incitar a leer más rápido, animaran a analizar mejor los textos y a ejercitar el pensamiento crítico y la comprensión de lectura; que en vez de decir que los clásicos están obsoletos y que ya no aportan nada (sí, de verdad se lo escuché a una influente muy conocida), enseñaran a acercarse más a ellos y brindaran contexto histórico; que en lugar de presionar a escribir a diario un número determinado de palabras y dar a entender que entre más larga es una novela es mejor, se enfocaran en ayudar a que los autores encuentren un estilo propio, amplíen su léxico y refuercen la redacción. Sé que ese contenido existe (en internet hay de todo), pero es mucho menor y se le da menos importancia (vuelvo a lo mismo: es mucho más atractivo un video que explique cómo ser millonario en dos días y sin esfuerzo, que uno que explique cómo conseguir dinero despacio y trabajando duro).

En conclusión, me parece un desperdicio utilizar Bookstagram/BookTube para fomentar modelos de lectura y/o escritura que, en definitiva, no sirven. Creo que hay que considerar con más atención a quiénes estamos siguiendo, qué mensaje nos están transmitiendo y qué influencia está teniendo esa información en nuestras rutinas de lectura/escritura. No hay que confundir la cantidad de seguidores de una cuenta con la calidad de su contenido: no todos los que tienen miles y miles de seguidores son gurús de la literatura (de hecho, conozco varias cuentas que tienen contenido excelente y muy poco alcance). Y también creo que es necesario hacer una autoevaluación y cuestionar la forma en que leemos y escribimos para darnos cuenta a qué le estamos dando más importancia y en dónde está radicando nuestro enfoque.

Aquí va el mantra de nuevo: cantidad NO lo es mismo que calidad; lo primero es fácil, lo segundo no.

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Personajes

Catalina de Erauso

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«. . . partimos a otro día, sin saberme yo qué hacer ni adónde ir, sino dejarme llevar del viento como una pluma». —Catalina de Erauso, La historia de la monja alférez.

El 28 de junio se celebra el Día Internacional del Orgullo LGBTIQ y, en algunos países, le dedican todo el mes a la misma causa. Yo me enteré de eso hace poco y me encantó saberlo porque coincidió perfecto con mi lectura de las memorias de Catalina de Erauso, quizás la primera persona transgénero de la que tiene registro la historia. Podríamos decir que es una mezcla entre Juana de Arco y Mulán, con la diferencia de que (según las conclusiones que saqué yo) Catalina se vistió de hombre porque se identificaba como tal. Fue una persona tan fascinante que no puedo dejar de compartir algunas reflexiones que saqué después de haber aprendido sobre ella. Por supuesto, hay algunos aspectos de su vida que no admiro (en especial el hecho de que haya matado a tanta gente); sin embargo, creo que su lugar en la historia es muy valioso porque, sin proponérselo, rompió bastantes dogmas que tuvieron repercusión en su época y en las generaciones que le siguieron, incluso hasta nuestros días. Catalina de Erauso es un ejemplo perfecto de valentía, de fortaleza y de búsqueda de la identidad.

Antes de empezar a ahondar en el tema, quiero aclarar que a lo largo de este escrito voy a referirme a Catalina en femenino a pesar de que debería (y me gustaría) hacerlo en masculino. La única razón por la que elijo hacerlo así es para evitar confusiones al momento de explicar algunos episodios, pero con esto no estoy intentando imponer ninguna etiqueta de género sobre su persona (si hubiera conocido a Catalina, muy seguramente le hubiera hablado en masculino siempre para respetar su identidad).

Como ya me ha pasado con otros personajes cautivantes, descubrí a Catalina de Erauso sin estarla buscando. Vi su nombre en un artículo de internet que hablaba sobre un tema que no tenía nada que ver con ella y, aun así, con solo leer unas cuantas líneas de la descripción de su vida quedé tan maravillada que necesité saber más de inmediato. Hay mucha menos información de la que yo quisiera tener acerca de su historia, pero encontré un libro muy corto escrito por ella misma en el que cuenta en orden cronológico (aunque sin demasiados detalles) su vida desde su infancia en el convento hasta cuando regresó a España después de múltiples viajes por casi toda América.

Catalina de Erauso nació en San Sebastián, Guipúzcoa, en 1585. A los cuatro años ingresó al convento para formarse como novicia pero, cuando cumplió quince, decidió escaparse y forjarse su propio destino. Desde ese mismo momento empezó a vestirse de hombre, modificó el hábito y lo convirtió en un atuendo masculino (¿se puede ser más irreverente?), se cortó el cabello y se aventuró a viajar por España en busca de trabajo y otra vida. Eventualmente se unió al ejército y partió hacia América, en donde estuvo en Colombia, Perú, Chile, Argentina, Bolivia y otros países. Tuvo múltiples oficios, entró y salió del ejército muchas veces y llegó a obtener el grado de alférez por ser uno de los mejores y más fieles combatientes. Estuvo en la cárcel y condenada a muerte en varias ocasiones por reñirse a duelo con bastantes hombres y matarlos a casi todos (entre ellos, por accidente, a su propio hermano, Miguel de Erauso, quien no llegó a reconocerla); tuvo romances y estuvo comprometida con varias mujeres, pero nunca se casó porque se escapaba de cada ciudad antes de que pudiera concretarse alguna unión oficial. Finalmente, después de muchos andares y penurias, y por estar al borde de la muerte a causa de heridas graves, le confesó a un obispo su nombre, su sexo y sus hazañas; él, tras confirmar que Catalina era virgen (importantísimo en el momento), decidió perdonarle la vida y protegerla, con la condición de que volviera al convento y prometiera devoción eterna a Dios. Ella aceptó y ahí se ganó el apodo de «La monja alférez». En 1624 regresó a España, de nuevo vestida de hombre para que los curiosos no la reconocieran, y luego conoció al papa Urbano VIII, quien no solo le perdonó la vida (¡otra vez!), sino que la autorizó a vestirse de hombre por el resto de sus días. Al poco tiempo, Catalina regresó a América y se instaló en México, donde vivió hasta el día de su muerte en 1650, a los sesenta y cinco años. Algunos de los nombres masculinos que usó fueron: Francisco Loyola, Alonso Díaz Ramírez de Guzmán y Antonio de Erauso.

A decir verdad, hasta ahora no he encontrado ningún lugar en el que se confirme que Catalina era un hombre transgénero (y no simplemente una mujer que se disfrazó de hombre). Se puede debatir bastante al respecto y dudo mucho que sea fácil llegar a una respuesta concreta, pues considero que la información que hay sobre su vida no es suficiente para tener la verdad absoluta. Por un lado, se podría decir que Catalina solo se vistió de hombre para poder hacer con libertad las actividades que le gustaban: tener romances con mujeres, combatir y usar armas (era excelente con la espada), ponerse ropa de hombre, etcétera; sin embargo, creo que luego de leer sus memorias se puede deducir que quería ser reconocida como hombre, ya que, incluso después de que se supiera su verdadera identidad, prefirió seguir usando nombre y atuendo de hombre hasta su muerte y, en sus memorias, se refiere a sí misma en masculino. También hay que tener en cuenta que en su época el lenguaje al respecto no era tan amplio como lo es ahora y que tal vez por eso no hay un registro claro de la identidad de género de Catalina (también simplemente porque en ese momento no era un tema del que se hablara como se habla hoy en día).

Otro aspecto que me llama mucho la atención es el hecho de que nunca nadie se diera cuenta de que ella era una mujer, aunque sí hubo quienes se extrañaban porque no le salía barba y la consideraban un hombre poco varonil. Aun así, la gente (al menos que se sepa) no llegó a sospechar que se trataba de una mujer, y me encanta pensar que es una gran demostración de que no existe «el sexo débil», que los gustos son personales y que cualidades como la fuerza, la inteligencia, la valentía y la astucia no tienen nada que ver con el sexo de una persona ni mucho menos están reservadas exclusivamente a los hombres. Personas como Catalina de Erauso nos enseñan que, en definitiva, hay muchas construcciones sociales que no tienen razón de ser y que deberían ser desafiadas y modificadas.

Se sabe poco de la monja alférez, pero espero que su mensaje inspire a muchas más personas, para que eliminen prejuicios y se atrevan a encontrarse a sí mismas sin importar lo que digan los demás.

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Personajes

Simone de Beauvoir

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Con cada inicio de año llega para mí una fecha muy especial. Desde hace varios años, el nueve de enero es un día que disfruto porque se conmemora el nacimiento de Simone de Beauvoir, quien, como muchos saben, es una de las mujeres que más admiro. Hoy Simone estaría cumpliendo 111 años y esta publicación es mi pequeño (y muy humilde) homenaje a su vida y a su legado en la mía.

A mí me gusta decir que no fui yo quien encontró Simone, sino que fue ella quien me encontró a mí porque la descubrí sin estarla buscando. Yo jamás había escuchado su nombre, no tenía ni idea de a qué se había dedicado, ni nada. Fue por cosa del destino (a mí me gusta creer en eso) que un día estaba comprando por internet libros que necesitaba para la universidad y me llamó la atención una biografía muy prometedora. El título era lindo: «Una vida. Una historia de amor». Quienes me conocen saben que soy una enamorada del amor sin remedio y entonces pensé «Wow, ¿qué tan increíble tiene que ser una persona para que su vida pueda resumirse en la frase una historia de amor?», así que sin dudarlo ni un momento, compré la biografía de esa señora que jamás había escuchado nombrar y dije «pues a ver qué pasa». La verdad es que en ese instante no me fijé en nada más y no me di cuenta de que lo que iba a encontrar me iba a cambiar para siempre.

Cuando por fin tuve el libro en mis manos, fue cuestión de segundos para que me atrapara por completo. Ya desde las primeras páginas (¡de hecho creo que fue la primera!) estaba absolutamente cautivada por esta mujer que había sido todo lo que yo quisiera ser. Simone fue filósofa, escritora, feminista y, para mí, una de las mejores personas que han caminado por esta Tierra. Pero, sobre todo, Simone de Beauvoir fue feliz. Así de simple (y así de complejo). Su forma de ser irreverente la impulsó a seguir siempre su corazón, a inventar sus propias reglas, a vivir a su manera; y lo mejor de todo es que no solamente lo dijo o lo intentó, sino que lo logró.

Nació en París en 1908 y desde pequeña la educaron para que de grande se convirtiera en monja, ya que su familia era católica. Sin embargo, ella sentía que algo de todo lo que le decían no estaba bien. A Simone le gustaba muchísimo leer y a los 13 años, inspirada por las novelas que leía a escondidas, decidió que su vida iba a ser distinta y que nada ni nadie le iba a impedir buscar la felicidad que ella creía que merecía. A partir de ese momento empezó a convertirse en el personaje controversial que pasó a la historia.

Cuando entró a la universidad a estudiar filosofía, conoció a quien sería su compañero por siempre, Jean-Paul Sartre. Juntos formaron una unión libre e inquebrantable que también tuvo unas reglas particulares inventadas por ellos dos, las cuales respetaron con firmeza hasta el día en el que la muerte los separó. Cuando Simone cumplió 23 años, ambos hicieron el pacto de no casarse nunca (ni entre ellos, ni con nadie más) y de seguir eligiéndose en libertad todos los días. Es bien sabido que cada uno tuvo varios amantes e incluso compartieron algunas parejas y, aunque a muchos nos puede parecer disparatada la idea de una relación así, en el contexto de ellos esa libertad no era promiscuidad, sino la muestra de amor más genuino porque entendían que a veces lo que la otra persona necesitaba lo tenía alguien más. Aun así, ellos siempre estuvieron juntos, se apoyaron en todos sus proyectos. Entre los dos desarrollaron las ideas del existencialismo y se sabe que todo lo que Sartre escribió fue revisado y corregido por Simone y viceversa.

Las dos premisas en la vida de Simone fueron la libertad y la felicidad. A ella le encantaba viajar, leer, aprender y nunca desaprovechó una oportunidad para lograrlo. Trabajó arduamente en sus novelas y ensayos filosóficos, abogó por los derechos de las mujeres, haciéndoles ver que ellas tenían el poder de elección sobre todos los aspectos de su vida: su trabajo, su cuerpo, sus relaciones, etcétera. De ahí nació su ensayo más famoso: El segundo sexo, en el que expuso la situación de las mujeres en la sociedad y desafió el rol que estaba impuesto. También dedicó mucho tiempo a escribir novelas y autobiografías, las cuales no me canso de recomendar porque son fascinantes.

Cuando terminé de leer esa primera biografía de Simone, tuve que seguir aprendiendo más y más de ella. He leído varios de sus libros de ficción, las cartas que se escribió con Sartre y con uno de sus amantes más duraderos, Nelson Algren. También he leído sus diarios de viaje y algunas de sus autobiografías. Todavía me falta leer bastante más para completar su bibliografía y mi gran anhelo es poder leer al menos alguno de sus libros en francés.

Mi recomendación respecto a Simone es que hay que conocerla, definitivamente. Luego de aprender tanto acerca de su vida, me sorprendió notar que no se le da el crédito que merece y que hay otras mujeres que no hicieron ni la mitad de lo que hizo Simone y tienen cien veces más reconocimiento (sí, Frida Kahlo, estoy hablando de ti). Pero también considero que es importante remarcar el hecho de que para conocerla hay que tener la mente abierta y estar dispuesto a aprender a entender diferentes perspectivas de vida, porque es cierto que para muchos, ella puede ser demasiado polémica. Yo creo que lo más lindo de su vida es que fue muy consecuente siempre, lo que predicaba lo aplicaba (contrario a lo que dice el dicho popular «el cura predica pero no aplica»).

Simone demostró que es posible procurarse una vida llena de libertad. Dejó en la historia el gran legado para las mujeres (y para todos) de que tenemos el derecho y la responsabilidad de ELEGIR cómo queremos vivir cada día. Para mí es y será siempre una gran fuente de inspiración y me alegro mucho de que un día su biografía se topara conmigo.

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Lecturas, Personajes

Una feminista magnífica

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Photo credit: Camila Motta — http://www.salliebingham.com

«A medida que fui creciendo me di cuenta de que muchas cosas contradecían lo que a mí me habían obligado a creer. El mundo parecía existir en fragmentos que no podían forzarse a encajar en las doctrinas morales e intelectuales que nuestros padres predicaban». —Sallie Bingham, Pasión y Prejuicio: Memorias de una familia.

Cuando escribí sobre Frida Kahlo dije que tuve una época muy afortunada en la que empecé a descubrir, sin proponérmelo, a muchas mujeres feministas que me inspiraron y me ayudaron a darme cuenta de los prejuicios que me rodeaban. Para mí fue un momento muy enriquecedor porque apenas estaba empezando a escuchar acerca del feminismo, todavía no tenía claro lo que era con exactitud y tenía muchas dudas al respecto. Incluso, debo reconocer que le tenía cierta reticencia al término porque había muchas personas confundidas creyendo y haciéndome creer que el feminismo era el rechazo a los hombres (tristemente, todavía hay personas que piensan que es así y no saben lo equivocadas que están). Así que descubrir a estas mujeres abrió un mundo hermoso ante mí y clarificó mis dudas. Tuve la fortuna de que encontré mujeres ejemplares que representan el feminismo de manera excepcional. Por supuesto, alguna que otra no logró convencerme y otras, como Frida Kahlo, me decepcionaron. Por suerte, tuve la oportunidad de aprender sobre esta mujer que de la que voy a hablar hoy: la estadounidense Sallie Bingham.

Sallie nació en Kentucky en 1937, en una época en la que en el sur de Estados Unidos estaban aún más marcados los valores conservadores de la aristocracia, los cuales tenían una gran influencia de lo que en su momento fue La Confederación. Los Bingham fueron los fundadores de uno de los periódicos más importantes que había en ese momento y rápidamente se convirtieron en una familia muy poderosa en su estado. Sallie fue una de las hijas y creció bajo las reglas estrictas que su mamá le imponía; ella la convencía de que el rol de la mujer (de la mujer de clase alta) en la sociedad era, prácticamente, ser una muñeca de porcelana útil solo para casarse y pretender ser feliz con su vida. En el libro Sallie rebela que su infancia y su adolescencia no fueron felices. Ella no podía adaptarse a su familia porque no podía estar de acuerdo con la posición machista, clasista y racista que le inculcaba su madre.

«Sí, mamá, he tomado clases de baile, he practicado tenis, me enderecé los dientes y me corté el cabello. He seguido todas esas fórmulas inconquistables para el éxito que has impuesto en mí. Pero sigo siendo la misma, todavía no pertenezco, todavía soy solitaria, estúpida y sin amor. Porque ¿qué has hecho tú por mi corazón mientras ponías aparatos en mis dientes? ¿Qué me has dado para que confíe en mí misma?»

Ella cuestionaba su mundo porque se dio cuenta de que lo que su mamá le enseñaba no correspondía con su realidad. En Pasión y prejuicio Sallie cuenta cómo desafió a su mamá en repetidas ocasiones, cómo se enfrentó a sus hermanos, cómo quiso cambiar el manejo del periódico y cómo tuvo que lidiar con las miradas de juicio que le lanzaban todas las personas que la rodeaban y quienes insistían en que debía ser mucho más obediente solo por ser mujer.

A Sallie la descubrí por impulso y fue una convergencia muy acertada en ese punto de mi vida. Por esos días me la pasaba comprando biografías y memorias porque me parecía (y parece) fascinante pensar que han existido personas tan valientes que han dejado huellas muy positivas en la historia; así que, sin siquiera saber de qué se trataba, compré Pasión y prejuicio: Memorias de una familia porque el título me llamó la atención. Seguramente iba a ser una historia muy interesante de una familia muy particular. El libro lo devoré porque superó mis expectativas. A través de él conocí a una mujer inspiradora que supo plantar sus convicciones delante de su propia familia y elegir lo correcto a pesar de las consecuencias que eso conllevaría ante los ojos de la sociedad.

Ella supo forjarse su destino a base de trabajo duro, de cuestionarse todo, de sacar sus propias conclusiones y de seguir su corazón. De esa forma logró convertirse en escritora, lo que más anhelaba, y hoy en día es profesora, activista del feminismo y filántropa. Tiene una amplia bibliografía que incluye cuentos, novelas, poesía y obras de teatro. También es la fundadora del Sallie Bingham Center for Women’s History & Culture y de Kentucky Foundation for Women; el primero es un centro de investigación en la Universidad de Duke dedicado a preservar las publicaciones acerca de la vida de mujeres que marcaron la historia, y el segundo es una entidad sin ánimo de lucro que promueve y destaca el trabajo de las mujeres en distintos campos artísticos.

Vale la pena conocer personajes como Sallie Bingham. Recomiendo su libro de memorias y aprender sobre ella para dejarse inspirar por su infinita valentía. La verdad es que me hace mucha ilusión pensar que podría conocerla en persona. Te invito a que la sigas en sus blogs.

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Lecturas

Un gran legado del hinduismo

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Uno de los libros que, sin duda, nunca me cansaré de recomendar es el que descubrí hace unos años en una época en la que me permití abrir la mente y empezar a absorber conocimientos de diversas culturas y puntos de vista. Como muchos de quienes crecemos en el mundo occidental, cuando era pequeña mi contexto estuvo muy marcado por el cristianismo (tanto en el colegio como en el ámbito familiar), por lo que durante mucho tiempo varias personas me hicieron creer que cualquier cosa que pudiera poner en duda «mi fe» estaba mal y debía alejarme de ella. Aunque hice caso varios años, me costaba mucho quedarme con la idea de que era un sacrilegio intentar entender otras religiones y modos de vivir la vida y que nadie pudiera explicarme por qué; yo quería sacar mis propias conclusiones porque las respuestas que encontraba a mi alrededor eran parecidas a «porque está mal y ya». De modo que un día decidí quitarme los prejuicios de encima y abrí mi mente y mi corazón a los conocimientos que la cultura hindú tenía para ofrecerme (luego lo hice con varias otras, pero eso es un tema para comentar después). El resultado fue maravilloso y por eso hoy quiero hablar del Mahabharata y, más específicamente, del Bhagavad Gita.

Primero quiero aclarar que el sentido de mi escrito es estrictamente literario y no religioso. No pretendo exaltar ninguna religión por encima de otra ni hacer que nadie que lea esto cambie su fe. Cada uno es libre de elegir en qué creer y cómo (preferiblemente si está bien informado y sabe defender respetuosamente su punto de vista). Sin embargo, lo que sí deseo es despertar curiosidad y ganas de explorar diferentes perspectivas del mundo para activar el pensamiento crítico y descubrir tesoros a los que tal vez no recurrimos con facilidad. No hace falta adorar a las deidades del hinduismo para disfrutar de una historia tan increíble como esta. Siento que este tipo de textos se pueden tomar como sagrados y adoptarlos como parte de una religión, o simplemente se pueden entender como historias con personajes fantásticos que nos dejan enseñanzas, como las fábulas (y yo creo que se puede hacer eso con este y con cualquier otro libro de cualquier religión).

El Bhagavad Gita es parte de una obra mucho más extensa y compleja llamada Mahabharata. Este es un poema épico (y muy antiguo) de la India, escrito originalmente en sánscrito, el cual está considerado como uno de los textos más importantes de su cultura y también como uno de los poemas más largos que se han escrito, ya que cuenta con 100.000 versos dobles (lo cual es aproximadamente cuatro veces más extenso que la Biblia). La fecha exacta en la que se escribió no se conoce, pero algunos creen que fue más o menos en el año 400 a.C. Debido a su extensión, el Mahabharata es muy difícil de leer, ya que contiene cientos (si no es que miles) de personajes y situaciones fantásticas que se hacen difíciles de recordar. Para entenderlo es necesario tener conocimientos previos de la India y del hinduismo porque el poema utiliza muchos términos (aunque sean traducciones) propios de su religión y la historia lidia con la estructura social de la cultura.

Por supuesto que yo leí una versión condensada del Mahabharata (hoy en día hay muchas) porque acceder al poema completo es difícil y costoso (y tendríamos que saber sánscrito), y además hay quienes aseguran que nadie puede leerlo completo en una sola vida (a menos, claro, de que leas rapidísimo y no hagas nada más en todo el día). Así como lo mencioné en mi publicación sobre La Epopeya de Gilgamesh, es necesario conseguir una versión muy bien traducida y con introducciones, notas al pie y un árbol genealógico que ayuden al lector a contextualizar lo que va sucediendo. Sin embargo, en esencia, el poema trata sobre una pelea entre dos grupos de primos, los Pándavas (hijos de Pandú) y los Kauravas (hijos de Dhritarashtra), por conseguir reinar en su territorio. Realmente es una lectura muy amena y entretenida que atrapa desde que uno empieza a leer hasta que termina.

El Bhagavad Gita es uno de los textos sagrados de la India y cuenta con 700 versos. Está contenido entre los capítulos 23 y 40 del sexto libro del Mahabharata. En este punto de la historia los personajes se encuentran en medio del campo de batalla a punto de librar una guerra y Arjuna, el arquero de los Pándavas, comienza a cuestionarse lo que va a pasar (tengamos en cuenta que está a punto de matar a un miembro de su familia). Así que decide recurrir a Krishna, su guía espiritual (y la reencarnación de alguno de los dioses), para encontrar consuelo y respuestas. Krishna, con toda la sabiduría del mundo le da consejos a su pupilo y le enseña los valores que debe practicar como la humildad, la valentía, el amor, la compasión, la prudencia, la justicia, la honradez, entre muchos otros. El Bhagavad Gita se convierte entonces en una gran metáfora acerca de la guerra interna que luchamos todos como seres individuales y al mismo tiempo hace un paralelismo con los conflictos que nos encontramos al ser parte de ciertas instituciones y de la sociedad.

Esta parte del poema se puede leer separada del Mahabharata, por supuesto teniendo en cuenta el contexto, y puede ser aplicado a la vida diaria. Para mí el Bhagavad Gita se convirtió en el libro al que recurro cuando necesito calma, cuando busco respuestas y reafirmaciones (casi que podría decir que es «mi Biblia» aunque, a decir verdad, soy más seguidora del budismo). Creo que, independientemente de la religión que cada uno practique, las enseñanzas que posee sirven como complementos para una vida más amena, más bondadosa y con más sentido. Recomiendo mucho el Mahabharata como pieza exquisita de la literatura universal y como una lectura divertida y emocionante; y el Bhagavad Gita para quienes quieren una perspectiva un poco más espiritual (no necesariamente religiosa).

Todo el poema está repleto de frases que podría subrayar y copiar en todas partes, pero dejaré aquí una a la que le tengo especial cariño (y si a ti te interesa saber más, ¡envíame un mensaje directo!):

«Me inclino ante Dios, quien vive en este mundo dentro de nosotros; quien lo llame por cualquier nombre, por ese nombre se manifestará».

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Misceláneo

¿El lenguaje inclusivo es la solución?

Mario y yo

«Me parece macanudo que cambien la estructura, pero traten de que simultáneamente se transforme el signo moral de este pueblo, porque de lo contrario el cambio se desmoronará, y la evolución o revolución o lo que sea, habrá sido inútil». —Mario Benedetti, Gracias por el fuego.

Stephen King dice que los libros son magia portátil porque a través de ellos los lectores pueden leer la mente del autor, como si se tratara de telepatía. Yo creo que también, ratificando el calificativo «mágico», los libros permiten que los pensamientos viajen en el tiempo. Me gusta esa idea de que un escritor plasme sus reflexiones (ya sea a modo de afirmación o pregunta) reflejando su verdad en su contexto y que, años después, podamos encontrarlo y mantenerlo vigente en nuestro contexto. Creo que eso tiene que ver con algo que Gabriel García Márquez dijo en varios de sus libros (especialmente en Cien años de soledad): la vida es cíclica y la historia siempre se repite, queramos o no (sé que Gabo no es el único que lo ha dicho, pero es el referente que quise usar). Es fácil comprobar que tiene razón, tan solo hace falta leer un poco de historia y luego ver las noticias; aunque también es notorio en situaciones más personales y cotidianas.

Con Gracias por el fuego me pasó eso de los pensamientos viajando en el tiempo. El libro se publicó por primera vez en 1965 y la crítica social que quiso plasmar Mario Benedetti en él estuvo ampliamente influenciada por la crisis política y económica que atravesó Uruguay durante la década de los sesenta. De ahí ese «llamado a la acción» que hizo a través de sus personajes, en el que le dijo directamente a los lectores: Salgan a cambiar el mundo, ¡pero háganlo bien! Cincuenta y un años después Gracias por el fuego llegó a mis manos y, aunque Benedetti ya murió, cada vez que vuelvo a leer esta cita, no puedo evitar sentir como si estuviera hablando de temas actuales porque su mensaje sigue siendo muy aplicable. En este caso yo usaré sus palabras para hablar de un tema en específico: el lenguaje “inclusivo”. Debo confesar que, aunque había querido escribir sobre esto desde hace días y no me había atrevido, la razón por la que me decidí fue porque me enteré de que en una editorial argentina reescribieron El principito y lo cambiaron a ese lenguaje, y me estremecí.

Honestamente, todavía no me acostumbro a ver (mucho menos a usar) esa manera de hablar/escribir. Yo soy correctora de ortotipografía y estilo, y he dedicado gran parte de mi vida a aprender el español lo mejor que puedo (por supuesto que todavía no lo sé todo), por eso me resulta natural respetar las reglas del idioma. Debido a que conozco el proceso por el que pasan los manuscritos antes de ser publicados, me parece sorprendente una modificación tan abrupta (sobre todo en el lenguaje escrito, ya que el lenguaje oral es mucho más flexible). Mi trabajo al corregir textos se trata de encontrar erratas y de ayudar a los escritores a ser concisos con su mensaje, así que no puedo evitar sentir que expresiones como “nuestra cuerpa”, “todes les compañeres”, “los niños y las niñas”, “amigxs”, son errores gramaticales. Sin embargo, no deja de parecerme un cambio importante (importante en el sentido de masividad, no de necesidad). Es decir, es impresionante que haya tanta determinación por parte de algunos en querer cambiar todo un idioma e incluso reconozco que es lindo el hecho de que muchas personas estén unidas en pro de una causa noble, pero me produce reticencia porque el cambio en el lenguaje no me parece el primer paso e incluso me atrevería a decir que, así como está planteado, el lenguaje “inclusivo” no es necesario.

Antes de que comenten para insultarme, quiero aclarar que no, no me creo la RAE, que apoyo la inclusión, que estoy a favor de los derechos de todas las personas, que me considero feminista (no hace falta conocerme demasiado para saber que Simone de Beauvoir es uno de los referentes de mi vida), que repudio la discriminación y el odio y que también quiero un gran cambio en el mundo para que todos podamos ser —al menos un poco— más felices. Pero justamente por eso es que creo que la cita de Mario Benedetti que elegí se hace relevante, porque un cambio en la estructura no es lo mismo que un cambio moral y lo que se necesita de verdad es lo segundo, porque de ahí se derivarán naturalmente los cambios pertinentes en lo primero. Quedarnos peleando porque alguien no dice todas las palabras con la “e” es distraernos con nimiedades. Considero que no por usar lenguaje “inclusivo” se es mejor persona, ni tampoco que por no usarlo se es mal ser humano. Ser buena o mala persona queda reflejado en las acciones diarias que tenemos y en cómo tratamos a quienes nos cruzamos, no en si decimos “todes” y “chiquxs” (lo cual es impronunciable, por cierto).

Muchas de las personas con las que he debatido acerca de este tema y que apoyan el uso del lenguaje “inclusivo” me dicen que su importancia radica en “ponerle nombre a lo que no lo tiene”, que “lo que no se nombra no existe”, y que “a través de ese lenguaje se elimina la discriminación”. Yo no estoy de acuerdo con esas afirmaciones porque usar lenguaje “inclusivo” es como ponerle una curita a una herida profunda: puede que la cubra, pero no la sana. Porque el verdadero problema no está en nuestro lenguaje, sino en cómo lo estamos usando. El español ya incluye cuando dice “todos”, pero somos nosotros quienes le damos la connotación equivocada. Las palabras son palabras y ya, son inofensivas si las usamos correctamente e, incluso, como lo plantea la cita de Benedetti, si no hay un cambio moral primero, toda esa revolución resultará inútil. Si el enfoque principal no es enseñar a respetar, se podría usar el lenguaje “inclusivo” para discriminar si quisiéramos. Si alguien escribiera un letrero diciendo “les persones bajes son tontes” no se está discriminando ni ofendiendo menos. Es por eso que insisto en que la raíz del problema es el uso que le damos a las palabras y que hay que dar otros pasos antes de querer cambiar el idioma si lo que buscamos de verdad es incluir y aceptar a todas las personas.

Yo no puedo oponerme por completo a que se use el español de esa manera porque soy una sola contra muchos, pero sí me molesta que a alguien se le haya ocurrido reescribir un gran clásico como lo es El principito y manipularlo para que se acomode a una causa que ni siquiera es la que pretendió el autor cuando lo escribió años atrás. Yo no me imagino a Antoine de Saint-Exupéry pensando en crear un personaje masculino para discriminar a todas las mujeres; quienes han leído El principito saben perfectamente que su historia no pretende para nada exaltar a los hombres por encima de las mujeres, ni tampoco insinuar que solo los hombres pueden ser pilotos. Si bien el libro lo reescribieron con la protagonista como una mujer y el lenguaje “inclusivo” que usaron es “todos y todas” en lugar de “todes” (lo cual es un gran alivio para mí), sigo creyendo que, si la finalidad es escribir historias en lenguaje “inclusivo” y feministas, deberían CREARLAS exclusivamente con ese fin y no aprovecharse de un libro que tiene tanta fama y acogida en el mundo solo para vender más. Por supuesto que me agrada que las niñas de las nuevas generaciones tengan más al alcance referentes femeninos que sirvan de inspiración, pero hay otras maneras (incluso mejores) de lograrlo.

En todo caso, la reflexión a la que invito escribiendo acerca de esto, es en hacer el énfasis en transformar «el signo moral de este pueblo», como dijo Mario, porque así nos aseguraremos de que el cambio sí está teniendo el efecto que, en el fondo, es el que deseamos todos —o la mayoría, claro.

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Lecturas

El texto más antiguo del mundo

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¿En qué piensas si te digo que voy a hablarte de una historia que incluye un dios que crea personas con arcilla, un diluvio universal y un hombre al que le asignan la tarea de construir un arca, y una serpiente malvada que provoca una desgracia a la humanidad? Es fácil confundirse y pensar que es la Biblia, ¡pero no! La historia que voy a compartirte es La epopeya de Gilgamesh, la narración escrita más antigua de la que hay registro. Es más antigua que la Biblia y mucho menos popular…

Como se sabe, antes las historias se pasaban de una generación a otra de manera oral. Ya que los relatos solían ser muy largos, para que fuera más sencillo recordarlos era común que se les pusiera música y rimas; sin embargo, eso no evitó del todo que a medida que se iban contando, se fueran modificando con nuevos detalles (imaginemos algo así como el juego del teléfono descompuesto). En algún punto, a alguien se le ocurrió idear una manera de dejar registro de las historias para que su reproducción fuera más fidedigna y así fue como nació la escritura.

La epopeya de Gilgamesh es un poema sumerio escrito en tablillas de barro, el cual narra las aventuras de Gilgamesh, el rey de Uruk, quien era dos tercios dios y un tercio humano. Este rey se aprovechaba de su sabiduría y de su contextura gigante para humillar a la gente con su arrogancia y majestuosidad. Como no había quién se le igualara, los dioses decidieron crear a Enkidu, quien luego se convierte en el mejor amigo del rey y juntos derrotan monstruos y protegen a la ciudad. Es a través de su amistad con Enkidu que Gilgamesh aprende el valor de la humildad y el amor al prójimo.

Varias razones hacen que encuentre este poema fascinante. La primera es lo antiguo que es, ya que las primeras versiones datan del sigo XVIII a.C. (es decir, ¡se cree que es del año 2700 a.C.!). En segundo lugar, me parece increíble (y un milagro y un gran regalo para la humanidad) que haya sobrevivido tantos años, ya que las tablillas de barro son muy frágiles. Por supuesto, algunas tablillas se rompieron, otras tal vez siguen perdidas y algunas otras (o parte de ellas) son ilegibles. Otro dato deslumbrante es que la historia tenga tantos paralelismos con la Biblia (especialmente la del diluvio y el arca —si lo lees, te darás cuenta de hasta qué punto son iguales), y eso me genera preguntas que seguramente nunca podré responder. Pero imaginemos por un momento cuántas cosas nos faltan por descubrir, cuántos textos faltan por encontrar y cuántos relatos se perdieron para siempre porque nunca fueron escritos. Me queda claro que siempre hay que mantener el pensamiento crítico activo y la mente abierta, porque muchas cosas de las que nos enseñan a repetir durante años no son necesariamente como nos las cuentan.

Tengo que decir que, tal vez, lo que más me gusta de La epopeya de Gilgamesh es la sabiduría que contiene y, más aún, que todo ese conocimiento venga de hace tanto tiempo. La historia de Gilgamesh trata temas muy complejos como la amistad, el temor a la muerte, el deseo de la inmortalidad, la humildad y el sentido de la vida. Parece como si a través de los años nos hubiéramos vuelto complicados y exigentes, y en realidad desde la época en la que fue escrito este poema ya habían encontrado la clave de la felicidad. En una parte del relato, Gilgamesh emprende una travesía en busca de un dios para que le dé las respuestas que necesita y el dios lo aconseja: «Renuncia a las posesiones, bucea la vida, ¡desiste de bienes mundanos y mantén el alma viva!».

El poema es un poco complejo de leer, ya que el hecho de que varias de las tablillas estén incompletas hace que la historia quede cortada en varios pedazos y que se dificulte seguir el hilo. Sin embargo, la mayoría de las versiones hoy en día tienen introducciones antes de cada tablilla, lo cual le ofrece al lector un contexto y un pequeño análisis de lo que va pasando. Si te decides a leerlo, te recomiendo que busques una buena traducción y una edición con muchas introducciones/notas al pie porque aunque el poema como tal es bastante corto (son solamente doce tablillas y de varias de ellas no hay más que un par de versos), sí se hace necesaria toda la ayuda extra que se pueda tener para entender la época, el lenguaje y los personajes.

¡Léelo! A mí me gustó mucho porque está lleno de aventuras y enseñanzas y resulta muy entretenido. Lo más importante, ¡es el primer texto de la historia (al menos hasta el día de hoy)! y seguramente al terminarlo vas a tener una nueva perspectiva del mundo.

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Personajes

Frida Kahlo NO es un ejemplo a seguir

Frida

Hace varios años (cuatro, aproximadamente) empecé a ver imágenes de Frida Kahlo en todos lados. Me llamó la atención porque fue muy de repente: veía a muchos portando mercancía con aquella icónica mujer de flores y uniceja, y me molestaba sentirme como «la única» que no tenía idea de quién era ese personaje excelso y, aparentemente, digno de venerar. Esa era una época en la que estaba abocada a leer biografías porque es un género que disfruto muchísimo y había estado descubriendo mujeres increíbles (entre ellas está incluida Simone de Beauvoir, obviamente, y también están Abigail Adams y Sallie Bingham), de manera que tuve que ir a la librería y conseguir la biografía de Frida Kahlo más gruesa que encontrara, porque sería la próxima mujer que anadiría a mi lista de inspiraciones. En cuanto llegué a mi casa, me senté con toda la ilusión a devorar su vida (o, mejor dicho, el libro). ¡Por fin podría caminar orgullosa por la calle con una camiseta con la cara de Frida, compraría cuadernos que también la tuvieran en la portada, tomaría café en una taza con su foto y podría comprarle a mi teléfono una carcasa decorada con su silueta de flores! Una semana después, cuando terminé el libro, solo tenía una sensación en el pecho: ¡qué decepción tan grande! Entonces me pregunté durante varias horas (y todavía me lo pregunto hoy) por qué tantas personas idolatran a Frida Kahlo. ¿Qué es lo que tanto admiran de ella? ¿Por qué la aman con tanto fervor? ¿Por qué pagan tanto dinero por tenerla en todas partes?

Debo decir que mi gran decepción no está necesariamente ligada a la persona que fue Frida sino, más bien, lo que me deja tan triste es la desinformación que hay y el mito que se ha creado alrededor de su imagen. Me parece una jugada muy baja de mercadotecnia, pues la estética de Frida Kahlo funciona perfectamente como ícono ya que es llamativa y fácil de reconocer (todos, aunque no sepamos nada de su vida, con solo ver la silueta de su rostro ya sabemos de quién se trata), y me parece que se están aprovechando de eso y de la movida feminista (y banalizándola con actos así) para manipularnos y vendernos una idea que no es real. ¡Frida Kahlo NO era feminista y NO es digna de imitar ni adorar! La realidad es que durante su vida sufrió tanto, que poco antes de morir dijo: «Espero que la salida sea alegre, y espero no volver nunca más». Ella nunca fue feliz (aunque hay que reconocer que lo intentó), nunca logró una estabilidad emocional y, lo más triste de todo, nunca fue libre (por más que hubiera intentado convencerse a sí misma de que sí).

Para mí, Frida Kahlo es entonces casi que una antítesis del feminismo, porque el foco principal de su vida no era ella, sino su relación tóxica con Diego Rivera, quien fue una persona absolutamente deplorable, horrible por dentro (y por fuera, pero eso es un dato menor). Desde muy joven Frida se obsesionó con ese señor (¡y no hay ninguna explicación racional!) y vivió por él y para él a pesar de que Rivera la trataba muy mal y de que le fue infiel infinidad de veces, incluso con su hermana. En vez de valorarse y procurarse un porvenir —al menos— digno, la impoluta (?) Frida Kahlo se encerró en su obcecación y dedicó el resto de su vida a lamentarse devotamente y a plasmar en sus cuadros, escritos y cartas lo infeliz que era, su incapacidad de evolucionar emocionalmente y lo terrible que era la (su) existencia. En eso, por supuesto y como venganza, también le fue infiel a Rivera con varios hombres y mujeres (¡pero eso tampoco la hace feminista, no hay que confundirse!). Es decir, las personas que creen que la historia sentimental de Frida Kahlo es acreedora de imitación están MUY EQUIVOCADAS. Y también lo están quienes dicen que ella sí sabía cómo funcionan las relaciones (en todo caso, sabía cómo funcionan las tóxicas, claramente).

Como pintora no la puedo juzgar ya que sé muy poco de artes plásticas; como artista puedo resaltar su capacidad de hacer que su arte surgiera de sus emociones. También admiro que se sintiera orgullosa de sus raíces mexicanas, pero no comparto su mensaje nacionalista ni tampoco el rechazo que tuvo hacia sus raíces alemanas (simplemente porque no estoy de acuerdo con ningún mensaje que pretenda separar y clasificar a unos como mejores que otros). Como persona le tengo empatía porque su vida fue realmente muy difícil, con muchos accidentes e infortunios y porque tuvo que sobrellevar situaciones que a cualquiera se le saldrían de las manos. Sin embargo, eso no me hace querer exaltarla ni venerarla ni llevarla puesta en camisetas y tazas. Hay miles de mujeres que SÍ son representantes de los valores que deberíamos imitar y que lucharon mucho por lograr un mundo mejor y es a ellas a quienes deberíamos poner en libros, de quienes deberíamos estar aprendiendo. Me preocupa que haya tantas personas (especialmente mujeres jóvenes) que la adoran y la promocionan sin siquiera saber por qué, sin tener ni idea de a qué se dedicaba o por qué es recordada hoy en día. Así que mi mensaje es que procuremos informarnos más, que investiguemos por iniciativa propia y que saquemos nuestras conclusiones sin copiar ciegamente las de otros solo porque parece cool. Eso no tiene sentido y estamos dando el ejemplo equivocado.

Si tú leíste todo esto y no estás de acuerdo con nada de lo que escribí, te invito a leer más acerca de Frida y luego a que me dejes todos los comentarios que quieras.

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