Sobre corrección

¿Qué pasa con los extranjerismos?

A ver, ¿qué pasa con los extranjerismos? ¿Los amamos? ¿Los odiamos?

Empecemos por el principio.

Los extranjerismos son palabras que tomamos prestadas de otros idiomas, nos ayudan a enriquecer nuestro léxico y nuestra cultura. Sin embargo, sí es cierto que, en muchos casos, son innecesarios. No se trata de demonizarlos ni de no utilizarlos jamás, pero sí de hacerlo con cuidado y con intención, ya que pueden causar algunos problemas.

Muchas personas utilizan extranjerismos solo porque les suenan más «interesantes» que las palabras en español. Pero, si lo pensamos con la cabeza fría, en realidad no lo son. Estén en el idioma que estén, las palabras son solo palabras y ningún idioma es superior a otro. Así que no es más interesante un post que una publicación ni son más valiosos los followers que los seguidores.

Por lo tanto, los extranjerismos no son censurables ni tampoco errores. Pero algunas personas insisten tanto en usarlos innecesariamente que no se dan cuenta de que cometen errores como escribirlos con mala ortografía (lyve en vez de live, hystory en vez de history, etc.) o en un contexto erróneo («Vamos a bailar hasta la dead» [¿Vamos a bailar hasta la muerto?])».

En otros casos, el uso de extranjerismos supone una deformación de ambos idiomas: el original del extranjerismo y el español. Por ejemplo, en inglés los artículos no tienen género como en español (the significa ‘la’, ‘el’, ‘los’, ‘las’; a significa ‘un’, ‘una’). Entonces, si usamos el extranjerismo story para referirnos a una historia de las que publicamos en Instagram, ¿es «un story» o «una story»? Y la realidad es que ¡la respuesta no importa! Porque lo más fácil sería simplemente decirlo en español: «una historia». No hay necesidad de mezclar ambos idiomas y deformarlos o enredarse intentando encontrar una solución a un problema que se puede evitar.

Pero hay que reconocer que algunas palabras en otros idiomas no tienen una traducción directa al español y por eso es más efectivo utilizar el extranjerismo crudo (digamos en el caso de engagement). También es cierto que hay algunos extranjerismos que tenemos tan incorporados que es un despropósito tratar de traducirlos e, incluso, a veces esas traducciones o adaptaciones resultan problemáticas o confusas (sería extraño decir: «Acabo de tener la sensación de haber pasado con anterioridad por una situación que se está produciendo por primera vez», cuando es muchísimo más fácil decir: «Acabo de tener un déjà vu»).

¡Así que hay extranjerismos que se deben usar! Pero, al escribirlos, debemos recordar lo siguiente:

  • Primero hay que revisar si ya existe alguna grafía adaptada al español. Por ejemplo, tráiler (trailer), tuit (tweet), yogur (yogurt), guau (wow), etc.
  • Si no existe una grafía adaptada y se opta por usar el extranjerismo crudo, se debe hacer alguna distinción ortotipográfica. La más común y la preferible es la cursiva, pero si no es una opción, se deben usar las comillas angulares (« ») porque así quienes nos leen ¡se enteran de que esa palabra no es propia del español y, por lo tanto, tiene una pronunciación distinta!
  • ¡Tenemos que revisar bien la ortografía de la palabra! Hay que buscar en algún diccionario o en el traductor.
  • Debemos asegurarnos de estar usando la palabra correcta en el contexto indicado. De nuevo, hay que comprobar el significado en el diccionario.

Así que, volviendo a la pregunta del principio, ¿amamos u odiamos los extranjerismos? En realidad, ni lo uno ni lo otro. A veces son útiles y a veces no, tan simple como eso.

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literatura, Personajes

La primera feminista: Cristina de Pizán

«Cristina de Pizán, de hecho, es la imagen misma de la mujer sola, todos cuyos actos y decisiones deben estar impregnados de coraje; esta entereza de ánimo […] es la virtud esencial del personaje». —Régine Pernoud.

Quienes me conocen o me siguen desde hace un tiempo saben que uno de los géneros literarios que más disfruto es la biografía, especialmente cuando es de alguna mujer. Aquí en el blog ya he hablado sobre Simone de Beauvoir (mi favorita, claro), Sallie Bingham (una feminista estadounidense), Catalina de Erauso (quizás la primera persona transgénero) y Frida Kahlo, y en Instagram conté un poco la historia de Camille Claudel. Hoy es el turno de Cristina de Pizán, considerada la primera escritora y feminista de la historia.  

Cristina de Pizán (o Pisán) nació en Venecia (no se sabe muy bien si fue en 1364 o 1365), y desde muy pequeña se la llevaron a vivir a Francia, puesto que su padre, Tomás de Pizán, era el erudito de la corte del rey Carlos V. Debido a esto, Cristina creció en un ambiente intelectual, rodeada de conocimientos y de libros, pues tenía acceso a la biblioteca del rey (una de las más grandes de la época). Desde su infancia demostró tener una curiosidad innata: amaba aprender y leer; eso fue lo que la salvó durante épocas de gran tristeza.

Se casó muy joven —a los quince años— con Etienne Castel, su único amor, y tuvo tres hijos. Diez años después enviudó y nunca más se volvió a casar ni entró a ningún convento, que era lo que se esperaba que hiciera. Un dato interesante es que, a pesar de que amaba profundamente a su marido, no quiso adoptar su apellido; prefirió quedarse con el de su papá, quien había sido la persona que, según ella, le había brindado lo más importante de su vida: el aprendizaje.

El haber quedado viuda le trajo una serie de desagracias, ya que su esposo le dejó muchas deudas y el Estado le dio la espalda, se le hizo muy difícil cobrar un dinero que le correspondía a Etienne (de hecho, tardó más de veintiún años en recibirlo) y tuvo que enfrentarse a acreedores inescrupulosos y a personas malintencionadas que la difamaban. A partir de ese momento se vio obligada a ingeniarse un modo de poder sostener su hogar.

«¿Cómo pudo Cristina pasar por tal experiencia sin quedar hundida o convertirse en una persona agria y amargada? Poseía un arma secreta, una sola, y completamente interior: la poesía».

—Régine Pernoud, Cristina de Pizán.

A manera de desahogo, empezó a escribir baladas en las que expresaba sus sentimientos frente a las circunstancias que estaba atravesando. Sus poemas tocaban temas cotidianos con mucha honestidad y crudeza, exponían la situación de las mujeres (especialmente de las viudas) en la sociedad y criticaban la injusticia. Resultó ser muy virtuosa; tenía un dominio exquisito del lenguaje. Pronto se dio cuenta de que podía tomar la escritura como una carrera y no solo como un pasatiempo, entonces se dedicó a leer ávidamente para documentarse y seguir aprendiendo. En poco tiempo, sus escritos empezaron a ser aclamados por duques y príncipes. En un periodo de solo seis años escribió más de quince volúmenes y muchos poemas, e incluso, en esa misma época, se tradujo parte de su obra al inglés.

La primera disputa feminista

Además de por la temática que tocaba en sus escritos, Cristina de Pizán es reconocida como la primera feminista de la historia debido a un enfrentamiento que tuvo con las autoridades de la Universidad de París.

Entre los universitarios estaba de moda El libro de la rosa, el cual consta de dos partes. La primera fue compuesta hacia 1245, y, hacia finales del siglo XIII, un hombre llamado Jean de Meung compuso la segunda parte porque quería darle un final. El problema fue que esa segunda parte se alejó por completo de los valores principales de la obra: en ella, Jean de Meung promovió abiertamente el desprecio a la mujer. «Es un texto obsceno que usa un vocabulario crudo, incita al pecado porque denigra la castidad de las mujeres y propugna la promiscuidad sexual y la lujuria […]», dice Simone Roux en Christine de Pizan. Femme de tête, dame de cœur. Los universitarios aprovecharon todo lo que decía esa segunda parte del libro para apoyar su decisión de quitarles a las mujeres la posibilidad de estudiar y de ejercer como médicas.

Después de leer El libro de la rosa, Cristina quedó indignada y no pudo contener su frustración, así que se atrevió a hacer público su repudio por la segunda parte de la obra. Como era de esperarse, las autoridades de la universidad la trataron como inferior y se burlaron de ella; llegaron a decir que simplemente no había entendido el libro por ser mujer. Por fortuna para Cristina, un universitario llamado Jean Gerson la apoyó y se pronunció también en contra de El libro de la rosa.

«¡Que no me sea imputado como locura, arrogancia o presunción el atreverme, yo, una mujer, a reprender y contradecir a un autor tan sutil, cuando él, un solo hombre, se atreve a difamar y culpar sin excepción a todo un sexo!».

Cristina de Pizán.

Entonces Cristina recurrió a su mejor arma una vez más: la escritura. Compuso «Poema de la rosa», en el que hablaba sobre el respeto a las mujeres. Con él logró conmover a una gran audiencia, entre ellos a la reina Isabel, quien quiso tener las obras de Cristina en su biblioteca. Gracias a ese poema, también se convirtió en la guardiana de La Orden de la Rosa, una orden dedicada a la defensa de las mujeres y de sus derechos.

La obra de Cristina de Pizán es muy extensa e incluye datos autobiográficos, históricos y políticos. Además, no está limitada únicamente a la poesía: Cristina también escribió cartas y debates, que demuestran aún más cuán culta era. Se preocupó por transmitir un mensaje de paz y por concientizar acerca de la situación de las mujeres. Sus últimos poemas estuvieron dedicados a Juana de Arco; aunque no llegó a conocerla en persona, la admiraba profundamente y le tenía una gran empatía, pues las autoridades de la universidad (quienes antes habían estado tan en contra de Cristina) fueron quienes se encargaron de condenar y declarar a Juana como hereje y loca.

No se sabe con exactitud en qué fecha murió Cristina, pero lo que sí se sabe es que su legado marcó la historia para siempre y que, a través de sus escritos y con su ejemplo de vida, logró demostrar que la valentía, la determinación y la fuerza de voluntad no son virtudes reservadas a los hombres, sino que todos somos capaces de encontrarlas.

Algunas lecturas de interés

Cristina de Pizán, Régine Pernoud (historiadora francesa experta en la Edad Media).

La ciudad de las damas, Cristina de Pizán.

Cien baladas de Amante y Dama, Cristina de Pizán.

Mi intención con esta publicación es animar a quienes hayan llegado hasta aquí a que conozcan a Cristina, a que lean sobre ella y también sus libros, porque su mensaje sigue estando vigente y es muy importante.

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Sobre corrección

Comillas: ¿cómo usarlas correctamente?

Hace poco les pregunté en Instagram si querían que ahondara en el tema de las comillas (tipos, usos correctos). Como varias personas me dijeron que sí, aquí les traigo una guía detallada pero sencilla de los usos más comúnes de las comillas en español.

Tipos de comillas

Lo primero que hay que saber es que existen tres tipos de comillas: las angulares, también llamadas españolas o latinas (« »), las inglesas (“ ”) y las simples (‘ ’).

Los tres tipos de comillas tienen prácticamente los mismos usos, pero hay que tener en cuenta que hay una jerarquía que se debe respetar. En español, en primer lugar se deben usar las comillas angulares, seguidas de las inglesas y después de las simples en caso de ser necesario.

Es decir, si necesitas entrecomillar una parte de un texto que ya está entrecomillado, debes pensar en las comillas de afuera a dentro: las de afuera siempre serán las españolas, después irán las inglesas y, por último, las simples.

En la carta me contó lo siguiente:

«Mi hija menor ya está aprendiendo a hablar, y me parecen adorables las palabras que se inventa. El otro día, por ejemplo, dijo: “El ‘cípipe’ se casó con la princesa”. ¡Me derretí de amor!».

Por influencia del inglés, el uso de las comillas inglesas en primera instancia está muy extendido, pero recuerda que, en textos en español, eso se debe evitar.

Usos de las comillas

Para reproducir citas textuales

Es decir, para reproducir las palabras EXACTAS que dijo otra persona:

En la entrevista, la cantante aseguró que su último álbum es «el más personal hasta ahora».

Para reproducir fragmentos de otros textos

«Cuando era joven, al principio de los años cincuenta, creía que la vida entera iba a ser como un largo y esplendoroso día de verano», así comienza Flores en el ático, de V. C. Andrews.

Hay una excepción: Si el texto que se reproduce es muy largo (por lo general, un párrafo largo o más de un párrafo), en vez de las comillas, se debe comenzar el fragmento en una línea aparte, con sangrado respecto del texto principal y en un tamaño de letra menor.

Uno de mis momentos favoritos en El pájaro espino es cuando Meggie, la protagonista, asegura:

¡Oh, Dios mío, Dios mío! ¡No Dios mío! ¿Qué ha hecho Dios por mí […]? Dios y yo no nos llevamos bien. ¿Y sabes una cosa, oh Dios? Ya no te temo como antes. ¡Cuánto temía Tu castigo! Toda mi vida anduve por el camino angosto, porque te temía. ¿Y qué he conseguido? Ni una pizca más que si hubiese quebrantado todas las normas de Tu libro. Nos tratas como a chiquillos, con amenazas.

Para mostrar lo que pensó un personaje (o para recordar lo que dijo)

En narrativa, las comillas se pueden usar para reproducir las palabras de los personajes cuando estas no hacen parte del diálogo principal.

A las cinco de la mañana me despertaron los ladridos del perro vecino. «¡Otra vez lo mismo!», pensé malgeniado, pero di media vuelta y me volví a quedar dormido.

Matilda solía repetir a diario: «Soy muy feliz, Lorenza, de verdad». Yo quería creerle, pero la evidencia mostraba lo contrario.

Para indicar que una palabra o expresión se utiliza de forma irónica o incorrecta

Muchos de esos «artistas» copian ideas de los demás.

Me manifestó varias veces que quería que el asunto se «enclareciera» pronto.

Para citar el título de poemas, canciones, cuentos, etcétera

Por lo general, los títulos de obras (nombres de libros, películas…) se deben escribir en cursiva. Sin embargo, cuando quieres mencionar el título de una obra que hace parte de algo más grande (por ejemplo, una canción de un álbum; un cuento de una antología; un poema de un poemario; un capítulo de un libro, un programa de televisión o radio), se deben usar las comillas.

De todos los relatos que escribió Simone de Beauvoir en Cuando predomina lo espiritual, mi favorito es «Margueritte».

Las comillas simples se usan para enmarcar los significados

Philos significa ‘amor’ y sophia significa ‘sabiduría’.

Lo que debes tener en cuenta

Como regla general, el punto y seguido o el punto final se escriben DESPUÉS de las comillas de cierre

«Adiós, vaquero».

Los signos de puntuación pueden ir adentro o afuera de las comillas, pero depende

El texto que va entrecomillado tiene una puntuación independiente y sus propios signos ortográficos. Es decir, si es una pregunta o una exclamación, los signos de interrogación o exclamación deben ir adentro de las comillas.

Se acercó y me preguntó: «Señorita, ¿se ha dado cuenta de que la luna tiene forma de conejo?».

Sin embargo, la puntuación que no hace parte de la cita textual, se escribe por fuera de las comillas.

¿Cuántas veces tengo que repetir «te lo dije»?

¡Así que a esto te referías con «trabajo»!

Puedes usar las comillas en vez de la cursiva cuando esta no está disponible

Como mencioné antes, hay casos en que se deben hacer resaltes ortotipográficos con la cursiva, pero esta opción no siempre está disponible. Si me sigues en mi cuenta de Instagram (@explorando_historias), te darás cuenta de que siempre que menciono títulos de libros, ya sea en las historias o en las publicaciones de mi perfil, los encierro entre comillas. Lo adecuado sería escribirlos en cursiva, pero como Instagram no me permite hacerlo y lo verdaderamente importante es que haya algún tipo de resalte, uso las comillas.

Si quieres más consejos sobre escritura, puedes ver esta entrada en la que di 5 consejos de corrección de estilo o puedes leer sobre la bitácora del escritor, un método de escritura que ayuda a combatir el bloqueo creativo.

Espero que esta guía te haya servido. Si todavía tienes dudas, puedes dejármelas en los comentarios. Recuerda que todo es cuestión de práctica, y en mis historias de Instagram propongo ejercicios diarios que te pueden ayudar.

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Sobre escritura

La bitácora del escritor

¿Alguna vez has escuchado hablar de la bitácora del escritor? Si no tienes ni idea de lo que es, te recomiendo que sigas leyendo, porque se trata de un método de organización de ideas que puede ser un gran apoyo en tu proceso de escritura, ya que te mantiene en un estado de creatividad constante y ayuda combatir el tan temido bloqueo escritor.

A lo largo de los años he asistido a muchas clases, cursos y talleres de escritura creativa. Si bien en todos he ido adquiriendo herramientas y conocimientos diferentes, hay algo en común en lo que todos mis profesores han hecho énfasis: la importancia de llevar una bitácora. Pero ¿qué es y cómo funciona?

Una bitácora es como una caja de ideas en la que vas guardando todas las piezas de un gran rompecabezas.

Qué es la bitácora del escritor

Se trata de un método de organización que te permite tener todas tus ideas clasificadas por categorías y juntas en el mismo lugar. Es una herramienta muy personal (independientemente de si es pública o privada), que, en muchos casos, se convierte en un estímulo para seguir escribiendo.

Lo ideal es que sea en formato físico y que tenga suficiente espacio para que puedas escribir a mano, pues está comprobado que así retenemos mejor la información, somos más creativos y detectamos más fácil nuestros errores de escritura.

Aunque puedes usar un cuaderno o una agenda, yo prefiero la opción de comprar un archivador de tres anillos, pues así puedes ir cambiando las hojas de lugar en caso de ser necesario.

Qué debe contener

En realidad, el contenido de una bitácora depende de cada autor y va cambiando a medida que se usa. Lo importante es que tenga categorías claras que tengan sentido para ti.

A manera de guía, a continuación te dejo algunas sugerencias que puedes implementar para empezar.

Ideas

A todos nos ha pasado que las ideas se nos vienen a la cabeza en momentos inesperados —en el transporte público, en la ducha, en la fila del banco—, así que, en vez de anotarlas en una servilleta que luego vas a perder, coge tu bitácora y utiliza este espacio para anotar todo lo que se te ocurra: nombres de personajes, títulos, escenarios, conceptos (celos, injusticia, traición, venganza, etc.). Recuerda que luego puedes mover las hojas y acomodarlas en otras categorías.

Personajes

Aquí la idea es que ahondes un poco más en la personalidad de cada uno de tus personajes. Anota sus gustos, sus motivaciones, sus inseguridades. Indaga en su moral y averigua quiénes son planteándoles situaciones hipotéticas: ¿Cómo reaccionaría mi personaje si…?

También puedes describirlos físicamente y crearles un pasado.

Situaciones

Este es el apartado en el que puedes sacar a flote toda tu creatividad y anotar todas las ideas que tengas para crear un conflicto, ¡sin importar qué tan disparatadas puedan parecer a primera vista!

¿Qué pasaría si un personaje con fobia social decide salir a la calle y todos lo confunden con un famoso?

¿Qué pasaría si un personaje, solo para vengarse de su psicólogo, decide suicidarse?

¿Qué pasaría si alguien decide hacer correr un rumor sobre sí mismo y el experimento se le sale de las manos?

Aquí puedes poner en práctica este ejercicio de escritura creativa:

Haz una lista de veinte palabras al azar (¡no se vale pensarlas demasiado!). Cuando la tengas, coge la primera palabra y la última (o pídele a alguien que te diga dos números) y júntalas en una frase. ¿Se te ocurre alguna historia con eso?

Diálogos

Este es el lugar perfecto para que anotes:

  • palabras específicas que te despierten algo interesante,
  • palabras que relaciones con alguno de tus personajes,
  • frases que creas que pueden decir tus personajes,
  • citas bibliográficas (ya sea que estén relacionadas con el contenido de tu texto o que simplemente te ayuden a motivarte),
  • conversaciones entre tus personajes.

Imágenes

Las imágenes son una gran fuente de ideas, así que te conviene guardar las que creas que son relevantes para tu proyecto.

Aquí puedes guardar:

  • recortes de revistas,
  • tus propios bocetos (de personajes, de tus casas, ciudades, pueblos, reinos),
  • nombres de pinturas que te inspiren,
  • imágenes que imprimas de Pinterest o Google.

Lo importante es que tengas esas referencias visuales a la mano para que puedas utilizarlas siempre que sea necesario.

Notas personales y reflexiones

Este apartado de la bitácora funciona como diario personal y puede tener el formato que prefieras (párrafos cortos, cartas a ti mismo o otra persona, listas, ¡lo que necesites!).

Es fundamental que en este espacio seas lo más honesto que puedas, pues, al fin y al cabo, es una sección que solo vas a leer tú. Anota tu proceso, tus emociones, tus pensamientos, haz autocrítica. Incluso si tuviste un mal día de escritura, ¡escribe por qué!

Lo ideal es que aquí escribas todos los días, aunque tampoco hay necesidad de que te presiones.

Correcciones/revisiones

Aprovecha esta categoría para anotar las cosas que debes tener en cuenta para revisarlas en el futuro.

En esta publicación di cinco consejos de corrección de estilo que te pueden servir de guía, pero, además, puedes hacer anotaciones que te ayuden a mantener la coherencia en de la historia. Por ejemplo: No olvidar que en el capítulo 3 el personaje iba vestido de rojo o Reducir el uso de los adverbios terminados en «-mente».

Extras

Esta puede ser una sola categoría miscelánea o varias categorías sueltas.

Puedes incluir:

  • sueños (a veces en los sueños se nos ocurren ideas maravillosas),
  • fragmentos de libros,
  • lista de lecturas relacionadas,
  • citas bibliográficas.

Recomendaciones

  • Tu bitácora debe tener el tamaño ideal para que puedas llevarla a todas partes (eso depende de ti, de qué tanto te desplaces durante el día, de qué tan grande sea tu maleta, de cuántas categorías quieras incluir…).

  • Decórala como más te guste. Tu bitácora debe ser algo que quieras usar, que te inspire. Por eso, dependiendo de tu gusto personal, puedes comprar un archivador que ya tenga algún diseño o decorarlo tú mismo; comprar hojas con cuadrículas, renglones o en blanco; agregarle stickers o post-its; usar marcadores de colores o tener todo en negro. Esto es algo que decides solamente tú.

  • Procura que sea honesta y espontánea y no descartes nada antes de tiempo. Quizás a primera vista parezca que una idea no es lo suficientemente buena o que el nombre para tu personaje no es el adecuado: ¡no importa! Anótalos de todas maneras y guárdalos en tu bitácora durante un tiempo. Es posible que a medida que acumules más material se vayan creando las conexiones para que todo tenga sentido. En todo caso, si algo de lo que anotas no te sirve para tu proyecto actual, puede que te sirva para el próximo.

  • ¡No juzgues tu bitácora! No hay una sola manera de llevarla, ni tampoco una forma correcta o incorrecta, no tiene que verse linda ni ordenada necesariamente. Lo único que te debe importar es que tenga sentido para ti.

Beneficios de llevar una bitácora

Como ves, una bitácora es como una caja de ideas en la que vas guardando todas las piezas de un gran rompecabezas. Lo más conveniente es que las vas a tener todas en el mismo lugar en vez de tener anotaciones sueltas en servilletas arrugadas, que luego olvidas dónde dejaste.  

Cuando ya tengas suficiente material, puedes reacomodarlo en diferentes categorías (puedes pasar una hoja de ideas a personajes, de sueños a ideas, de conceptos a diálogos, etc.). Casi sin darte cuenta tendrás una excelente base para armar tu historia y habrás coleccionado información suficiente para mantenerte inspirado y con ganas de seguir creando.

¿Conocías el método de la bitácora del escritor? ¿Qué otros métodos de organización o herramientas de escritura conoces/usas?

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Sobre corrección

5 consejos de corrección de estilo para escritores

A continuación voy a compartirte cinco consejos de corrección de estilo que puedes tener en cuenta si deseas ahorrar tiempo y dinero antes de confiarle tu manuscrito a un corrector o correctora.

Aunque no es recomendable que los autores (incluso quienes tienen amplios conocimientos de corrección) corrijan sus propios textos, sí es muy importante que los pulan lo más que puedan antes de enviárselos a un corrector profesional, ya que, en muchos casos, esto puede reducir el costo y el tiempo de entrega.

Todos los textos deben pasar por corrección profesional antes de ser publicados.

Para que puedas identificar mejor cuáles son las partes débiles de tu manuscrito —como redundancias, repeticiones, pobreza léxica, extranjerismos innecesarios, entre otros—, sigue leyendo estos cinco consejos.

1. Mejora tu ortografía

El consejo más básico y, quizás, el más importante de todos es tener buena ortografía. La buena ortografía demuestra que te importa tu texto, que cuidas el idioma, que respetas las palabras y que te interesa que tu mensaje se entienda.

Debes familiarizarte con las reglas básicas de ortografía, como saber qué palabras y en qué casos se escriben con tilde, y entender la importancia de estas (no es lo mismo decir mamá que mama, o bebé que bebe).

También debes verificar las palabras cuya escritura te resulte confusa: ¿va con g o con j?, ¿con b o con v?, ¿con y o con ll?, ¿con c, s o z?, ¿con h o sin h?, etc.

Otro aspecto muy importante para tener en cuenta es la puntuación. Tienes que entender cuándo y cómo se usan cada uno de los signos de puntuación para que funcionen a tu favor: al igual que las tildes, ¡un solo signo de puntuación puede cambiar por completo el sentido de una frase (no es lo mismo vamos a comer, niños que vamos a comer niños)!

Como seguramente sabes, no solo es importante estudiar las reglas de ortografía, sino también repasarlas una vez cada tanto, pues el lenguaje evoluciona todo el tiempo y, por consiguiente, las reglas ortográficas se van modificando.

2. Ten cuidado con las impropiedades léxicas

Impropiedad léxica es cuando se les otorga a las palabras un significado que no tienen. En este aspecto hay que tener en cuenta las homonimias y las paronimias.

Homonimia

La homonimia se da cuando hay dos palabras que se escriben y/o pronuncian igual, pero tienen significados diferentes.

Por ejemplo:

En esta casa estamos en contra de la caza.

Si te apetece, te sirvo más .

Vos tenés una voz preciosa.

Paronimia

La paronimia es cuando hay una semejanza formal entre dos términos que tienen distinto significado.

Por ejemplo:

No hay que confundir abeja con oveja.

No hay que confundir infligir con infringir.

No hay que confundir especia con especie.

No hay que confundir apóstrofo con apóstrofe.

También, cabe agregar dentro de esta categoría de impropiedades léxicas las palabras cuyo significado se ha tergiversado por el uso popular incorrecto.

Por ejemplo:

He visto que llega tarde todas las mañanas. Tengo la teoría de que no duerme bien en las noches.

En ese caso, a la palabra teoría se le está dando un significado que no tiene. Se podría reemplazar por sospecha.

La semana pasada vimos una película sobre caballos en el espacio. ¡Era muy bizarra!

En ese caso, por influencia del inglés, se asume que bizarra significa ‘extraña’; en español, bizarro/a significa ‘valiente’.

Como te habrás dado cuenta, es necesario que revises que estas usando las palabras de manera adecuada. Para eso, el diccionario es tu mejor aliado. Consultar el diccionario toma solo unos pocos segundos y te puede ahorrar muchos malentendidos.

3. Ponle atención al registro

El registro, en palabras sencillas, son los modos de hablar. Gracias al registro nos damos cuenta de qué tan formal o informal es el texto, quiénes están hablando y en qué contexto. No se utiliza el mismo registro para escribir un cuento infantil que para escribir un ensayo complejo sobre química avanzada.

De igual manera, si hablamos de narrativa específicamente, cada personaje debe tener su propio registro, pues este les ayuda a los lectores a entender aspectos importantes del contexto del personaje (clase social, oficio/profesión, rasgos de su personalidad, nacionalidad, etc.) y del texto en general (en qué época está basada la historia, por ejemplo). Incluso el narrador, cuando es heterodiegético, debe tener un registro adecuado y coherente con el resto del escrito.

Los saltos en el registro resultan chocantes, pues es muy extraño leer un diálogo en el que un personaje de seis años usa el léxico de un hombre de cincuenta, o que un personaje que es ejecutivo utilice lenguaje coloquial en medio de una presentación importante, o que una mujer de la época victoriana use lenguaje moderno.

Ten cuidado con los sinónimos: no todos los sinónimos son adecuados en todos los contextos y, en algunos casos, pueden dañar el registro.

4. Aumenta tu vocabulario

La pobreza léxica, en muchas ocasiones, causa que los textos estén llenos de redundancias, repeticiones, circunloquios, palabras (casi) vacías de significado, ambigüedades, etc. Es importante que incorpores palabras nuevas a tu léxico para no empobrecer tus escritos.

Redundancias

Se dan cuando se utilizan palabras extras que no aportan nada a una frase, porque su significado ya está incluido en esta. Algunas veces pueden tener un efecto enfático que no representa necesariamente un error, pero, por regla general, conviene evitarlas.

Se le borró la sonrisa del rostro. (¿De dónde más podría borrársele la sonrisa a alguien?)

Nunca antes había visto una cosa semejante. (Con solo decir nunca ya se entiende, ¿no?)

Para inscribirte, debes cumplir con unos requisitos imprescindibles. (Si son requisitos, son imprescindibles.)

Circunloquios

Cuando se utilizan muchas palabras para expresar una idea sencilla, se crea un circunloquio.

Y se quedó mirando el cielo, esperando a que la tormenta terminara de hacer su aparición. (Es mucho más efectivo decir: esperando a que la tormenta apareciera.)

Se puso los zapatos y salió a dar un paseo por el jardín. (Salió a pasear. ¿Para qué complicarlo tanto?)

Palabras comodín o lugares comunes

Estas palabras suelen ser términos genéricos con un significado muy amplio o impreciso.

Fui a comprar las cosas para el proyecto de arte. (¿Cosas? Mucho mejor: los materiales.)

Es una persona que ha hecho muchas canciones. (Mucho mejor: que ha compuesto.)

Ambigüedades

La ambigüedad se puede dar por problemas léxicos, sintácticos o de puntuación. A menos que tengan un propósito muy específico en el texto, conviene evitarlas del todo para no dar lugar a confusiones.

Ambigüedad léxica

Ocurre cuando una palabra tiene más de un significado.

Pasamos por una plaza en la que había un banco. (¿El objeto para sentarse o un edificio en donde se realizan operaciones financieras?)

¿Te gusta la nieve? (¿El helado? ¿La nieve que cae del cielo?)

Ambigüedad sintáctica

Puede ocurrir por una ordenación incorrecta de los elementos en el enunciado:

Se venden camisetas para hombres de algodón. (¿Hombres de algodón? Lo correcto es: camisetas de algodón para hombres.)

También se puede dar por el uso de pronombres y determinantes:

Vio a Diego con su mamá y decidió confesarle el secreto. (¿A quién se lo confesó?)

Le habló a la jefa de su marido. (¿El marido de quién? ¿La jefa de quién?)

A veces hay ambigüedades sintácticas causadas por el uso del gerundio:

Me encontré a tu hermana corriendo en el parque. (¿Quién corría en el parque?)

Otro tipo de ambigüedad sintáctica es el que ocurre cuando se usan nombres que derivan de verbos:

La ilusión de escapar del oso. (¿Quién tiene la ilusión de escapar? ¿El oso o alguien más?)

Ambigüedad causada por mala puntuación

Despidieron a los empleados que ya no rendían. (Solamente a los que no rendían.)

Despidieron a los empleados, que ya no rendían. (Todos los empleados.)

María Camila y Mateo están mi clase. (Dos personas.)

María, Camila y Mateo están en mi clase. (Tres personas.)

5. No olvides la regla de oro: MENOS ES MÁS

Muchas personas confunden la longitud de un texto con su calidad. ¡Pero una cosa no implica la otra (de hecho, en este artículo hablé de que fijarse en el número de palabras puede ser contraproducente)! Se requiere un alto nivel de maestría para que un escrito transmita un mensaje en pocas palabras. Antoine de Saint-Exupéry dijo: «La perfección no se consigue cuando ya no sabes qué añadir a tu texto, sino cuando ya no encuentras nada más que borrar». Y yo siempre digo que corregir textos se trata más de eliminar que de agregar. Procura hacer ejercicios de escritura que te desafíen a reducir palabras e incluso a borrar frases y párrafos enteros. El resultado suele ser muy positivo: un texto claro con un mensaje conciso.

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Misceláneo

¿Por qué no contabilizo mis lecturas?

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Cada tanto comparto en mis historias de Instagram un mantra que me parece muy útil: «Escribir más palabras NO significa escribir mejor. Leer más libros NO significa leer bien. Que la competencia no sea en cantidad, sino en calidad; lo primero es fácil, lo segundo no». Me gusta mantenerlo presente porque, con todo lo que nos encontramos a diario en las redes sociales, es fácil olvidar lo que de verdad importa.

No es un secreto para nadie que, gracias a internet, estamos bombardeados por la vida idealizada de los demás. Aunque todos sabemos que lo que vemos en las redes sociales no es necesariamente cierto y que la mayoría de la información compartida está filtrada y manipulada para transmitir la ilusión de «perfección», a veces es muy difícil evitar compararse con esas expectativas y no dejarse afectar por ellas. Constantemente nos encontramos con modelos «perfectos», con personas que «siempre» están felices, con parejas que «nunca» discuten, con gente que tiene una rutina diaria impecable, que tiene casas enormes y organizadas, que viaja por todo el mundo, etcétera.

Uno pensaría que esos modelos tóxicos no existen en el mundo de Bookstagram o en el de BookTube, pues ¿qué daño puede haber en una comunidad en la que las personas solo comparten lo que leen y lo que escriben? Sin embargo, no hace falta involucrarse demasiado para toparse con ese tipo de cuentas cuyos administradores se enfocan en presumir qué tan rápido leen y lo mucho que avanzan todos los días en la escritura de sus novelas. Lo más triste es ver cómo a causa de esas personas se crea una competencia dañina y cómo lo más importante (la comprensión de lectura, la buena redacción, el dominio del lenguaje) pasa a un segundo plano: lo que se valora es la cantidad y no la calidad.

Es decepcionante que las cuentas de Bookstagram BookTube que más promueven esa competencia tóxica (con publicaciones del estilo «Cómo leer dos libros en una semana», «Consejos para leer más rápido», «Cómo escribir una novela en poco tiempo») sean las que más seguidores tienen; aunque no es un fenómeno sorprendente: resulta muy atractiva la idea de que ser «superlectores» o «superescritores» es posible (así como son atractivos los cursos que aseguran que se puede aprender un idioma en un mes o las dietas con las que supuestamente se pueden perder diez kilos en una semana). Sin embargo, la definición de «superlector/superescritor» está mal enfocada y, en especial esos influentes, venden la idea de que para serlo hay que entrar en una carrera sin sentido y ver quién hace todo más rápido.

He tenido conversaciones con algunas de esas personas que proclaman con orgullo que leen más de un libro por semana y que escriben novelas enteras en menos de tres meses, en las que he notado su poca comprensión de lectura, la pésima redacción y la mala ortografía que manejan y el nivel tan básico de pensamiento crítico que tienen. Eso es algo que me parece muy triste. ¿De qué sirve leer a la velocidad de la luz si solo se entiende el 10 % del texto? ¿De qué sirve escribir una novela en menos de tres meses si después resulta que más de la mitad de las palabras son solo de relleno y la trama es un gran cliché? Es como intentar comer tu plato favorito sin masticar, ¿para qué? ¿Acaso no es preferible comer despacio y disfrutar cada bocado? Si se supone que, para quienes hacemos parte de la comunidad de Bookstagram/BookTube (ya sea como creadores y/o consumidores del contenido), la lectura es una actividad que nos apasiona, ¿por qué no leer despacio y haciendo pausas para reflexionar? ¿De qué sirve «tragarse el libro sin masticarlo»?

Para mí, un buen lector es una persona que disfruta de lo que lee (que no lo hace por obligación o presión), alguien que analiza las frases, reflexiona sobre las ideas y saca sus propias conclusiones, y no una persona que lee como en piloto automático y a toda velocidad con el único propósito de añadir un número más a la cuenta. De la misma manera, creo que un buen escritor es quien se preocupa por aprender a dominar el lenguaje, quien valora por partes iguales el «qué» y el «cómo», quien entiende que cada palabra debe tener un propósito específico en el texto, quien se preocupa por tener buena redacción y buena ortografía, etcétera, y no quien cree que la calidad del cuento o la novela es directamente proporcional a la cantidad de palabras escritas. Siempre repito que la corrección de estilo se trata más de eliminar que de agregar: son muy pocos los casos en los que a la hora de corregir tengo que añadir palabras y, en cambio, sí me la paso eliminando frases e incluso párrafos enteros que solo son circunloquios y redundancias, que demuestran pobreza léxica y redacción negligente. ¿Por qué regocijarse por haber escrito tres mil palabras en una hora si, de esas, sobran dos mil?

Algo que lamento mucho es ver hasta qué punto esas ideas erróneas influyen en algunas personas e, indirectamente (aunque a veces muy directamente), les hacen creer que «no están a la altura» por no leer cinco o diez libros al mes y por no escribir novelas enteras en dos meses, lo cual es bastante irónico porque el propósito de Bookstagram/BookTube deja de ser promover la lectura y se convierte en desanimar a quienes no cumplen con ese ritmo ridículo. El punto de la lectura y de la escritura es disfrutar del proceso, no sufrirlo ni convertirlo en una competencia nociva.

Por eso, desde hace varios años dejé de contabilizar mis lecturas, cuando me di cuenta de que, por intentar leer muy rápido, estaba pasando por alto aspectos importantes y, además, me estaba presionando demasiado para cumplir con una meta que en realidad nadie me estaba exigiendo. Por supuesto, es bueno ponerse un reto personal y mantenerlo (o incluso intentar superarlo), pero creo que una buena manera de que ese reto no se vuelva una competencia innecesaria es darle un enfoque diferente (por ejemplo, que la meta no sea cantidad de libros leídos, sino cantidad de tiempo dedicado diariamente a la lectura).

En mi caso, mi único propósito es leer, aunque sea un poquito, todos los días: no me presiono a leer una cantidad determinada de páginas o capítulos, o a terminar un libro en un número exacto de días. Hay meses en los que leo cinco o seis libros y hay meses en los que leo solamente uno. ¡En ambos casos está bien! No le debo cuentas a nadie, ni siquiera a mí misma. No soy mejor lectora por leer mucho ni peor por no superar la meta del mes anterior. No soy mejor escritora por escribir novelas enteras en tres meses ni peor por pasar una semana sin escribir. No le encuentro sentido a presionarme a leer cuando estoy tan cansada o distraída que no pongo atención, ni tampoco a obligarme a escribir palabras innecesarias para rellenar capítulos.

Me encantaría encontrar más a menudo publicaciones y videos que, en vez de incitar a leer más rápido, animaran a analizar mejor los textos y a ejercitar el pensamiento crítico y la comprensión de lectura; que en vez de decir que los clásicos están obsoletos y que ya no aportan nada (sí, de verdad se lo escuché a una influente muy conocida), enseñaran a acercarse más a ellos y brindaran contexto histórico; que en lugar de presionar a escribir a diario un número determinado de palabras y dar a entender que entre más larga es una novela es mejor, se enfocaran en ayudar a que los autores encuentren un estilo propio, amplíen su léxico y refuercen la redacción. Sé que ese contenido existe (en internet hay de todo), pero es mucho menor y se le da menos importancia (vuelvo a lo mismo: es mucho más atractivo un video que explique cómo ser millonario en dos días y sin esfuerzo, que uno que explique cómo conseguir dinero despacio y trabajando duro).

En conclusión, me parece un desperdicio utilizar Bookstagram/BookTube para fomentar modelos de lectura y/o escritura que, en definitiva, no sirven. Creo que hay que considerar con más atención a quiénes estamos siguiendo, qué mensaje nos están transmitiendo y qué influencia está teniendo esa información en nuestras rutinas de lectura/escritura. No hay que confundir la cantidad de seguidores de una cuenta con la calidad de su contenido: no todos los que tienen miles y miles de seguidores son gurús de la literatura (de hecho, conozco varias cuentas que tienen contenido excelente y muy poco alcance). Y también creo que es necesario hacer una autoevaluación y cuestionar la forma en que leemos y escribimos para darnos cuenta a qué le estamos dando más importancia y en dónde está radicando nuestro enfoque.

Aquí va el mantra de nuevo: cantidad NO lo es mismo que calidad; lo primero es fácil, lo segundo no.

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Personajes

Catalina de Erauso

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«. . . partimos a otro día, sin saberme yo qué hacer ni adónde ir, sino dejarme llevar del viento como una pluma». —Catalina de Erauso, La historia de la monja alférez.

El 28 de junio se celebra el Día Internacional del Orgullo LGBTIQ y, en algunos países, le dedican todo el mes a la misma causa. Yo me enteré de eso hace poco y me encantó saberlo porque coincidió perfecto con mi lectura de las memorias de Catalina de Erauso, quizás la primera persona transgénero de la que tiene registro la historia. Podríamos decir que es una mezcla entre Juana de Arco y Mulán, con la diferencia de que (según las conclusiones que saqué yo) Catalina se vistió de hombre porque se identificaba como tal. Fue una persona tan fascinante que no puedo dejar de compartir algunas reflexiones que saqué después de haber aprendido sobre ella. Por supuesto, hay algunos aspectos de su vida que no admiro (en especial el hecho de que haya matado a tanta gente); sin embargo, creo que su lugar en la historia es muy valioso porque, sin proponérselo, rompió bastantes dogmas que tuvieron repercusión en su época y en las generaciones que le siguieron, incluso hasta nuestros días. Catalina de Erauso es un ejemplo perfecto de valentía, de fortaleza y de búsqueda de la identidad.

Antes de empezar a ahondar en el tema, quiero aclarar que a lo largo de este escrito voy a referirme a Catalina en femenino a pesar de que debería (y me gustaría) hacerlo en masculino. La única razón por la que elijo hacerlo así es para evitar confusiones al momento de explicar algunos episodios, pero con esto no estoy intentando imponer ninguna etiqueta de género sobre su persona (si hubiera conocido a Catalina, muy seguramente le hubiera hablado en masculino siempre para respetar su identidad).

Como ya me ha pasado con otros personajes cautivantes, descubrí a Catalina de Erauso sin estarla buscando. Vi su nombre en un artículo de internet que hablaba sobre un tema que no tenía nada que ver con ella y, aun así, con solo leer unas cuantas líneas de la descripción de su vida quedé tan maravillada que necesité saber más de inmediato. Hay mucha menos información de la que yo quisiera tener acerca de su historia, pero encontré un libro muy corto escrito por ella misma en el que cuenta en orden cronológico (aunque sin demasiados detalles) su vida desde su infancia en el convento hasta cuando regresó a España después de múltiples viajes por casi toda América.

Catalina de Erauso nació en San Sebastián, Guipúzcoa, en 1585. A los cuatro años ingresó al convento para formarse como novicia pero, cuando cumplió quince, decidió escaparse y forjarse su propio destino. Desde ese mismo momento empezó a vestirse de hombre, modificó el hábito y lo convirtió en un atuendo masculino (¿se puede ser más irreverente?), se cortó el cabello y se aventuró a viajar por España en busca de trabajo y otra vida. Eventualmente se unió al ejército y partió hacia América, en donde estuvo en Colombia, Perú, Chile, Argentina, Bolivia y otros países. Tuvo múltiples oficios, entró y salió del ejército muchas veces y llegó a obtener el grado de alférez por ser uno de los mejores y más fieles combatientes. Estuvo en la cárcel y condenada a muerte en varias ocasiones por reñirse a duelo con bastantes hombres y matarlos a casi todos (entre ellos, por accidente, a su propio hermano, Miguel de Erauso, quien no llegó a reconocerla); tuvo romances y estuvo comprometida con varias mujeres, pero nunca se casó porque se escapaba de cada ciudad antes de que pudiera concretarse alguna unión oficial. Finalmente, después de muchos andares y penurias, y por estar al borde de la muerte a causa de heridas graves, le confesó a un obispo su nombre, su sexo y sus hazañas; él, tras confirmar que Catalina era virgen (importantísimo en el momento), decidió perdonarle la vida y protegerla, con la condición de que volviera al convento y prometiera devoción eterna a Dios. Ella aceptó y ahí se ganó el apodo de «La monja alférez». En 1624 regresó a España, de nuevo vestida de hombre para que los curiosos no la reconocieran, y luego conoció al papa Urbano VIII, quien no solo le perdonó la vida (¡otra vez!), sino que la autorizó a vestirse de hombre por el resto de sus días. Al poco tiempo, Catalina regresó a América y se instaló en México, donde vivió hasta el día de su muerte en 1650, a los sesenta y cinco años. Algunos de los nombres masculinos que usó fueron: Francisco Loyola, Alonso Díaz Ramírez de Guzmán y Antonio de Erauso.

A decir verdad, hasta ahora no he encontrado ningún lugar en el que se confirme que Catalina era un hombre transgénero (y no simplemente una mujer que se disfrazó de hombre). Se puede debatir bastante al respecto y dudo mucho que sea fácil llegar a una respuesta concreta, pues considero que la información que hay sobre su vida no es suficiente para tener la verdad absoluta. Por un lado, se podría decir que Catalina solo se vistió de hombre para poder hacer con libertad las actividades que le gustaban: tener romances con mujeres, combatir y usar armas (era excelente con la espada), ponerse ropa de hombre, etcétera; sin embargo, creo que luego de leer sus memorias se puede deducir que quería ser reconocida como hombre, ya que, incluso después de que se supiera su verdadera identidad, prefirió seguir usando nombre y atuendo de hombre hasta su muerte y, en sus memorias, se refiere a sí misma en masculino. También hay que tener en cuenta que en su época el lenguaje al respecto no era tan amplio como lo es ahora y que tal vez por eso no hay un registro claro de la identidad de género de Catalina (también simplemente porque en ese momento no era un tema del que se hablara como se habla hoy en día).

Otro aspecto que me llama mucho la atención es el hecho de que nunca nadie se diera cuenta de que ella era una mujer, aunque sí hubo quienes se extrañaban porque no le salía barba y la consideraban un hombre poco varonil. Aun así, la gente (al menos que se sepa) no llegó a sospechar que se trataba de una mujer, y me encanta pensar que es una gran demostración de que no existe «el sexo débil», que los gustos son personales y que cualidades como la fuerza, la inteligencia, la valentía y la astucia no tienen nada que ver con el sexo de una persona ni mucho menos están reservadas exclusivamente a los hombres. Personas como Catalina de Erauso nos enseñan que, en definitiva, hay muchas construcciones sociales que no tienen razón de ser y que deberían ser desafiadas y modificadas.

Se sabe poco de la monja alférez, pero espero que su mensaje inspire a muchas más personas, para que eliminen prejuicios y se atrevan a encontrarse a sí mismas sin importar lo que digan los demás.

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Personajes

Simone de Beauvoir

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Con cada inicio de año llega para mí una fecha muy especial. Desde hace varios años, el nueve de enero es un día que disfruto porque se conmemora el nacimiento de Simone de Beauvoir, quien, como muchos saben, es una de las mujeres que más admiro. Hoy Simone estaría cumpliendo 111 años y esta publicación es mi pequeño (y muy humilde) homenaje a su vida y a su legado en la mía.

A mí me gusta decir que no fui yo quien encontró a Simone, sino que fue ella quien me encontró a mí porque la descubrí sin estarla buscando. Yo jamás había escuchado su nombre, no tenía ni idea de a qué se había dedicado, ni nada. Fue por cosa del destino (a mí me gusta creer en eso) que un día estaba comprando por internet libros que necesitaba para la universidad y me llamó la atención una biografía muy prometedora. El título era lindo: «Una vida. Una historia de amor». Y entonces pensé: «Guau, ¿qué tan increíble tiene que ser una persona para que su vida pueda resumirse en la frase “una historia de amor”?». Así que, sin dudarlo ni un momento, compré la biografía de esa señora que jamás había escuchado nombrar y dije: «pues a ver qué pasa». La verdad es que en ese instante no me fijé en nada más y no me di cuenta de que lo que iba a encontrar me iba a cambiar para siempre.

Cuando por fin tuve el libro en mis manos, fue cuestión de segundos para que me atrapara por completo. Ya desde las primeras páginas (¡de hecho, creo que fue la primera!) estaba absolutamente cautivada por esta mujer que había sido todo lo que yo quisiera ser. Simone fue filósofa, escritora, feminista y, para mí, una de las mejores personas que han caminado por esta Tierra. Pero, sobre todo, Simone de Beauvoir fue feliz. Así de simple (y así de complejo). Su forma de ser irreverente la impulsó a seguir siempre su corazón, a inventar sus propias reglas, a vivir a su manera; y lo mejor de todo es que no solamente lo dijo o lo intentó, sino que lo logró.

Nació en París en 1908 y desde pequeña le dieron una educación muy católica (tanto que ella en algún momento quiso ser monja). Sin embargo, ella sentía que algo de todo lo que le decían no estaba bien. A Simone le gustaba muchísimo leer y a los 13 años, inspirada por las novelas que leía a escondidas, decidió que su vida iba a ser distinta y que nada ni nadie le iba a impedir buscar la felicidad que ella creía que merecía. A partir de ese momento empezó a convertirse en el personaje controversial que pasó a la historia.

Cuando entró a la universidad a estudiar filosofía, conoció a quien sería su compañero por siempre, Jean-Paul Sartre. Juntos formaron una unión libre e inquebrantable que también tuvo unas reglas particulares inventadas por ellos dos, las cuales respetaron con firmeza hasta el día en el que la muerte los separó. Cuando Simone cumplió 23 años, ambos hicieron el pacto de no casarse nunca (ni entre ellos, ni con nadie más) y de seguir eligiéndose en libertad todos los días. Es bien sabido que cada uno tuvo varios amantes e incluso compartieron algunas parejas y, aunque a muchos nos puede parecer disparatada la idea de una relación así, en el contexto de ellos esa libertad no era promiscuidad, sino la muestra de amor más genuino, porque entendían que a veces lo que la otra persona necesitaba lo tenía alguien más. Aun así, ellos siempre estuvieron juntos, se apoyaron en todos sus proyectos. Entre los dos desarrollaron las ideas del existencialismo y se sabe que todo lo que Sartre escribió fue revisado y corregido por Simone y viceversa.

Las dos premisas en la vida de Simone fueron la libertad y la felicidad. A ella le encantaba viajar, leer, aprender y nunca desaprovechó una oportunidad para lograrlo. Trabajó arduamente en sus novelas y ensayos filosóficos, abogó por los derechos de las mujeres, para que vieran que tenían el poder de elección sobre todos los aspectos de su vida: su trabajo, su cuerpo, sus relaciones, etcétera. De ahí nació su ensayo más famoso: El segundo sexo, en el que expuso la situación de las mujeres en la sociedad y desafió el rol que estaba impuesto. También dedicó mucho tiempo a escribir novelas y autobiografías, las cuales no me canso de recomendar porque son fascinantes.

Cuando terminé de leer esa primera biografía de Simone, tuve que seguir aprendiendo más y más de ella. He leído varios de sus libros de ficción (novelas y cuentos), las cartas que se escribió con Sartre y con uno de sus amantes más duraderos, Nelson Algren. También he leído sus diarios de viaje y algunas de sus autobiografías. Sin embargo, sé que todavía me falta leer bastante más para completar su bibliografía (uno de mis anhelos en la vida).

Mi recomendación respecto a Simone es que hay que conocerla, definitivamente. Luego de aprender tanto acerca de su vida, me sorprendió notar que no se le da el crédito que merece y que hay otras mujeres que no hicieron ni la mitad de lo que hizo Simone y tienen cien veces más reconocimiento. Pero también considero que es importante remarcar el hecho de que para conocerla hay que tener la mente abierta y estar dispuesto a aprender a entender diferentes perspectivas de vida, porque es cierto que para muchos, ella puede ser demasiado polémica. Yo creo que lo más lindo de su vida es que fue muy consecuente siempre, lo que predicaba lo aplicaba (contrario a lo que dice el dicho popular «el cura predica pero no aplica»).

Simone demostró que es posible procurarse una vida llena de libertad. Dejó en la historia el gran legado para las mujeres (y para todos) de que tenemos el derecho y la responsabilidad de ELEGIR cómo queremos vivir cada día. Para mí es y será siempre una gran fuente de inspiración y me alegro mucho de que un día su biografía se topara conmigo.

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Lecturas, Personajes

Una feminista magnífica

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Photo credit: Camila Motta — http://www.salliebingham.com

«A medida que fui creciendo me di cuenta de que muchas cosas contradecían lo que a mí me habían obligado a creer. El mundo parecía existir en fragmentos que no podían forzarse a encajar en las doctrinas morales e intelectuales que nuestros padres predicaban». —Sallie Bingham, Pasión y Prejuicio: Memorias de una familia.

Cuando escribí sobre Frida Kahlo dije que tuve una época muy afortunada en la que empecé a descubrir, sin proponérmelo, a muchas mujeres feministas que me inspiraron y me ayudaron a darme cuenta de los prejuicios que me rodeaban. Para mí fue un momento muy enriquecedor porque apenas estaba empezando a escuchar acerca del feminismo, todavía no tenía claro lo que era con exactitud y tenía muchas dudas al respecto. Incluso, debo reconocer que le tenía cierta reticencia al término porque había muchas personas confundidas creyendo y haciéndome creer que el feminismo era el rechazo a los hombres (tristemente, todavía hay personas que piensan que es así y no saben lo equivocadas que están). Así que descubrir a estas mujeres abrió un mundo hermoso ante mí y clarificó mis dudas. Tuve la fortuna de que encontré mujeres ejemplares que representan el feminismo de manera excepcional. Por supuesto, alguna que otra no logró convencerme y otras, como Frida Kahlo, me decepcionaron. Por suerte, tuve la oportunidad de aprender sobre esta mujer que de la que voy a hablar hoy: la estadounidense Sallie Bingham.

Sallie nació en Kentucky en 1937, en una época en la que en el sur de Estados Unidos estaban aún más marcados los valores conservadores de la aristocracia, los cuales tenían una gran influencia de lo que en su momento fue La Confederación. Los Bingham fueron los fundadores de uno de los periódicos más importantes que había en ese momento y rápidamente se convirtieron en una familia muy poderosa en su estado. Sallie fue una de las hijas y creció bajo las reglas estrictas que su mamá le imponía; ella la convencía de que el rol de la mujer (de la mujer de clase alta) en la sociedad era, prácticamente, ser una muñeca de porcelana útil solo para casarse y pretender ser feliz con su vida. En el libro Sallie rebela que su infancia y su adolescencia no fueron felices. Ella no podía adaptarse a su familia porque no podía estar de acuerdo con la posición machista, clasista y racista que le inculcaba su madre.

«Sí, mamá, he tomado clases de baile, he practicado tenis, me enderecé los dientes y me corté el cabello. He seguido todas esas fórmulas inconquistables para el éxito que has impuesto en mí. Pero sigo siendo la misma, todavía no pertenezco, todavía soy solitaria, estúpida y sin amor. Porque ¿qué has hecho tú por mi corazón mientras ponías aparatos en mis dientes? ¿Qué me has dado para que confíe en mí misma?»

Ella cuestionaba su mundo porque se dio cuenta de que lo que su mamá le enseñaba no correspondía con su realidad. En Pasión y prejuicio Sallie cuenta cómo desafió a su mamá en repetidas ocasiones, cómo se enfrentó a sus hermanos, cómo quiso cambiar el manejo del periódico y cómo tuvo que lidiar con las miradas de juicio que le lanzaban todas las personas que la rodeaban y quienes insistían en que debía ser mucho más obediente solo por ser mujer.

A Sallie la descubrí por impulso y fue una convergencia muy acertada en ese punto de mi vida. Por esos días me la pasaba comprando biografías y memorias porque me parecía (y parece) fascinante pensar que han existido personas tan valientes que han dejado huellas muy positivas en la historia; así que, sin siquiera saber de qué se trataba, compré Pasión y prejuicio: Memorias de una familia porque el título me llamó la atención. Seguramente iba a ser una historia muy interesante de una familia muy particular. El libro lo devoré porque superó mis expectativas. A través de él conocí a una mujer inspiradora que supo plantar sus convicciones delante de su propia familia y elegir lo correcto a pesar de las consecuencias que eso conllevaría ante los ojos de la sociedad.

Ella supo forjarse su destino a base de trabajo duro, de cuestionarse todo, de sacar sus propias conclusiones y de seguir su corazón. De esa forma logró convertirse en escritora, lo que más anhelaba, y hoy en día es profesora, activista del feminismo y filántropa. Tiene una amplia bibliografía que incluye cuentos, novelas, poesía y obras de teatro. También es la fundadora del Sallie Bingham Center for Women’s History & Culture y de Kentucky Foundation for Women; el primero es un centro de investigación en la Universidad de Duke dedicado a preservar las publicaciones acerca de la vida de mujeres que marcaron la historia, y el segundo es una entidad sin ánimo de lucro que promueve y destaca el trabajo de las mujeres en distintos campos artísticos.

Vale la pena conocer personajes como Sallie Bingham. Recomiendo su libro de memorias y aprender sobre ella para dejarse inspirar por su infinita valentía. La verdad es que me hace mucha ilusión pensar que podría conocerla en persona. Te invito a que la sigas en sus blogs.

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Lecturas

Un gran legado del hinduismo

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Uno de los libros que, sin duda, nunca me cansaré de recomendar es el que descubrí hace unos años en una época en la que me permití abrir la mente y empezar a absorber conocimientos de diversas culturas y puntos de vista. Como muchos de quienes crecemos en el mundo occidental, cuando era pequeña mi contexto estuvo muy marcado por el cristianismo (tanto en el colegio como en el ámbito familiar), por lo que durante mucho tiempo varias personas me hicieron creer que cualquier cosa que pudiera poner en duda «mi fe» estaba mal y debía alejarme de ella. Aunque hice caso varios años, me costaba mucho quedarme con la idea de que era un sacrilegio intentar entender otras religiones y modos de vivir la vida y que nadie pudiera explicarme por qué; yo quería sacar mis propias conclusiones porque las respuestas que encontraba a mi alrededor eran parecidas a «porque está mal y ya». De modo que un día decidí quitarme los prejuicios de encima y abrí mi mente y mi corazón a los conocimientos que la cultura hindú tenía para ofrecerme (luego lo hice con varias otras, pero eso es un tema para comentar después). El resultado fue maravilloso y por eso hoy quiero hablar del Mahabharata y, más específicamente, del Bhagavad Gita.

Primero quiero aclarar que el sentido de mi escrito es estrictamente literario y no religioso. No pretendo exaltar ninguna religión por encima de otra ni hacer que nadie que lea esto cambie su fe. Cada uno es libre de elegir en qué creer y cómo (preferiblemente si está bien informado y sabe defender respetuosamente su punto de vista). Sin embargo, lo que sí deseo es despertar curiosidad y ganas de explorar diferentes perspectivas del mundo para activar el pensamiento crítico y descubrir tesoros a los que tal vez no recurrimos con facilidad. No hace falta adorar a las deidades del hinduismo para disfrutar de una historia tan increíble como esta. Siento que este tipo de textos se pueden tomar como sagrados y adoptarlos como parte de una religión, o simplemente se pueden entender como historias con personajes fantásticos que nos dejan enseñanzas, como las fábulas (y yo creo que se puede hacer eso con este y con cualquier otro libro de cualquier religión).

El Bhagavad Gita es parte de una obra mucho más extensa y compleja llamada Mahabharata. Este es un poema épico (y muy antiguo) de la India, escrito originalmente en sánscrito, el cual está considerado como uno de los textos más importantes de su cultura y también como uno de los poemas más largos que se han escrito, ya que cuenta con 100.000 versos dobles (lo cual es aproximadamente cuatro veces más extenso que la Biblia). La fecha exacta en la que se escribió no se conoce, pero algunos creen que fue más o menos en el año 400 a.C. Debido a su extensión, el Mahabharata es muy difícil de leer, ya que contiene cientos (si no es que miles) de personajes y situaciones fantásticas que se hacen difíciles de recordar. Para entenderlo es necesario tener conocimientos previos de la India y del hinduismo porque el poema utiliza muchos términos (aunque sean traducciones) propios de su religión y la historia lidia con la estructura social de la cultura.

Por supuesto que yo leí una versión condensada del Mahabharata (hoy en día hay muchas) porque acceder al poema completo es difícil y costoso (y tendríamos que saber sánscrito), y además hay quienes aseguran que nadie puede leerlo completo en una sola vida (a menos, claro, de que leas rapidísimo y no hagas nada más en todo el día). Así como lo mencioné en mi publicación sobre La Epopeya de Gilgamesh, es necesario conseguir una versión muy bien traducida y con introducciones, notas al pie y un árbol genealógico que ayuden al lector a contextualizar lo que va sucediendo. Sin embargo, en esencia, el poema trata sobre una pelea entre dos grupos de primos, los Pándavas (hijos de Pandú) y los Kauravas (hijos de Dhritarashtra), por conseguir reinar en su territorio. Realmente es una lectura muy amena y entretenida que atrapa desde que uno empieza a leer hasta que termina.

El Bhagavad Gita es uno de los textos sagrados de la India y cuenta con 700 versos. Está contenido entre los capítulos 23 y 40 del sexto libro del Mahabharata. En este punto de la historia los personajes se encuentran en medio del campo de batalla a punto de librar una guerra y Arjuna, el arquero de los Pándavas, comienza a cuestionarse lo que va a pasar (tengamos en cuenta que está a punto de matar a un miembro de su familia). Así que decide recurrir a Krishna, su guía espiritual (y la reencarnación de alguno de los dioses), para encontrar consuelo y respuestas. Krishna, con toda la sabiduría del mundo le da consejos a su pupilo y le enseña los valores que debe practicar como la humildad, la valentía, el amor, la compasión, la prudencia, la justicia, la honradez, entre muchos otros. El Bhagavad Gita se convierte entonces en una gran metáfora acerca de la guerra interna que luchamos todos como seres individuales y al mismo tiempo hace un paralelismo con los conflictos que nos encontramos al ser parte de ciertas instituciones y de la sociedad.

Esta parte del poema se puede leer separada del Mahabharata, por supuesto teniendo en cuenta el contexto, y puede ser aplicado a la vida diaria. Para mí el Bhagavad Gita se convirtió en el libro al que recurro cuando necesito calma, cuando busco respuestas y reafirmaciones (casi que podría decir que es «mi Biblia» aunque, a decir verdad, soy más seguidora del budismo). Creo que, independientemente de la religión que cada uno practique, las enseñanzas que posee sirven como complementos para una vida más amena, más bondadosa y con más sentido. Recomiendo mucho el Mahabharata como pieza exquisita de la literatura universal y como una lectura divertida y emocionante; y el Bhagavad Gita para quienes quieren una perspectiva un poco más espiritual (no necesariamente religiosa).

Todo el poema está repleto de frases que podría subrayar y copiar en todas partes, pero dejaré aquí una a la que le tengo especial cariño (y si a ti te interesa saber más, ¡envíame un mensaje directo!):

«Me inclino ante Dios, quien vive en este mundo dentro de nosotros; quien lo llame por cualquier nombre, por ese nombre se manifestará».

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