Carta a D. Historia de un amor.

carta a d

En la contraportada de este libro (al menos en la edición que yo tengo) pusieron esta cita de Francisco Quevedo: «Hay libros cortos que, para entenderlos como se merecen, se necesita una vida muy larga». Carta a D. Historia de un amor es exactamente eso. No es un libro de ficción, sino una carta real con una intensidad profunda nacida del amor más genuino. André Gorz (más conocido como Gérard Horst o Michel Bosquet) fue un filósofo austriaco que vivió eternamente enamorado de su esposa, Dorine. Carta a D. surgió como el tributo máximo que hizo André a la relación con su mujer y, en esta carta, él cuenta cómo se conocieron, cómo aprendieron a hablar el idioma del otro, lo difíciles que fueron sus primeros años juntos al no tener solvencia económica y, sobre todo, cómo y cuánto impactó el uno en el otro. A través de la carta, André se cuestiona en repetidas ocasiones el no haber incluido más seguido a Dorine en sus escritos, o el haberlo hecho reflejando una imagen errónea de lo que ella significaba para él.

A mí me encanta leer este tipo de libros de no-ficción que demuestran que se puede tener una historia de amor hermosa y duradera. Soy fiel creyente de que el amor es la fuerza más grande y me entristece que cada vez menos las personas crean en él. Por eso rescato los libros de biografías o memorias que cuentan esas historias, porque devuelven la esperanza. Particularmente, me llama la atención que, lejos de que Carta de D. sea una historia cursi, es un relato verdadero contado en un momento difícil: cuando Dorine está muy enferma. Es un lindo gesto de parte del marido querer que su último libro fuera un homenaje al amor de su vida; sin embargo, no dejo de pensar que es un poco triste esperar hasta un extremo tan impactante (como una enfermedad grave o incluso la muerte) para hacerle saber a alguien cuánto lo apreciamos. Por supuesto, imagino que Dorine sabía perfectamente lo que su esposo sentía por ella, pero él mismo reconoce en varios lugares del texto que estuvo muy ausente por estar abocado a su trabajo de escritor, e incluso que no le dijo las suficientes veces que gracias a ella él, no solo se había encontrado a sí mismo, sino que también encontró las ganas de seguir existiendo. Creo que es una buena reflexión para tener en cuenta: no tenemos que esperar a estar en una situación precaria para decirle a las personas que amamos/apreciamos lo que sentimos por ellas, porque lo podemos hacer todos los días y sin excusas.

André y Dorine tuvieron una relación de 58 años y formaron una simbiosis al extremo de llevar a la literalidad la idea de no puedo vivir sin ti. En el 2008 los dos se suicidaron en su casa, confirmando lo que André había escrito para finalizar la carta: «A ninguno de los dos nos gustaría tener que sobrevivir a la muerte del otro». Tengo que confesar que eso me genera sentimientos encontrados porque, por un lado es romántico lograr un amor tan profundo y genuino y entiendo hasta qué punto puede ser muy difícil sobrellevar la ausencia de la persona que más se ama; pero por otro lado, no sé qué tan proactiva debe ser la intervención para terminar con la vida (propia y ajena). ¿Tú qué opinas de la decisión que tomaron Dorine y André?

Si tú hoy no le has dicho a alguien importante lo que significa para ti, ¿qué estás esperando?

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Las cabezas de la hidra

«. . . porque gracias al escrúpulo, vacilamos, y se nos pasa el tiempo de gozar, de gozar ese minuto feliz que, como gracia especial, fue incluido en nuestro programa.» Gracias por el fuego. Mario Benedetti.

Hay libros, personajes y frases que nos tocan el corazón de una manera especial porque logramos identificarnos de algún modo (ya sea consciente o inconsciente). Algunas veces es porque la historia nos recuerda a una nuestra, o porque los personajes están intentando resolver dilemas que nosotros también, o porque nos inspiran a hacer algo distinto, o porque son el reflejo de lo que quisiéramos ser, e infinidad de ejemplos más. A mí esta cita en particular me llegó al alma porque la sentí como si Mario Benedetti me hubiera hablado a mí directamente a través de Gracias por el fuego.

Una vez soñé que Benedetti era mi abuelo y que íbamos juntos a tomar un café. Recuerdo que le pedí sus consejos y que me enseñara a escribir como él. La respuesta entera la olvidé al despertar (tristemente), pero me quedó resonando la palabra «constancia». A mí me gusta pensar que Mario me da sus consejos de vida, esos que le pedí, en todos sus libros. El que está en esta cita es muy importante porque incluye una verdad esencial: ¡la vida es un regalo! Y tenemos que aprender a aprovecharla. Suena a una frase repetida miles de veces, pero no deja de ser cierta y valiosa.

«Gracias al escrúpulo, vacilamos» y a mí me ha pasado un montón de veces. Yo crecí en un ambiente lleno de prejuicios y liberarme de ellos ha sido un proceso largo de muchos años (¡ayudado enormemente por los libros!). Pero todos esos prejuicios, todas esas ganas de lograr ilusoriamente la perfección, solamente fueron barreras que estaban en mi camino y que hicieron que dejara pasar algunas oportunidades. El primer cuento que aparece en Un tal Lucas de Julio Cortázar se titula «Lucas, sus luchas con la hidra» (muy recomendado, por cierto) y trata un poco acerca de lo mismo: de cómo Lucas intenta destruir a la hidra cortándole las cabezas (que son metáforas para los escrúpulos, las obsesiones, los prejuicios, etcétera), pero solamente logra que le salgan más y él se mantiene en esa lucha constante por terminar con ellas porque sabe que, una vez que logre dominarlas, su vida será distinta y mejor y podrá, finalmente, ser él mismo: ser Lucas.

Sé que es más fácil decirlo que hacerlo, pero ahí radica la importancia de encontrarnos con autores y personajes que nos recuerdan estas cosas; son como palmaditas en la espalda, como si trataran de decirnos «vamos, no te rindas, no lo olvides». Porque por estar pendientes de minucias irrelevantes, se nos pasa la vida, ¡literalmente!

¿Y tú? ¿Tienes algún prejuicio/escrúpulo que no te deja avanzar en algún aspecto de la vida? Para ti, ¿qué cosas vendrían a ser las cabezas de la hidra? Las mías, sin duda, son la perfección y la vergüenza (pero seguro que tengo más).

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¡Busquemos lo que nos pertenece!

El fuego mismo de los dioses día y noche nos empuja a seguir adelante. ¡Ven! Miremos los espacios abiertos, busquemos lo que nos pertenece por lejano que esté.

«El fuego mismo de los dioses día y noche nos empuja a seguir adelante. ¡Ven! Miremos los espacios abiertos, busquemos lo que nos pertenece por lejano que esté». —Friedrich Hölderlin.

Hace unos años, en una de esas épocas en las que hay que tomar decisiones, me di cuenta de que estaba muy inconforme con las opciones que me proponían. Me sentí atrapada en un mundo que no estaba hecho para mí. ¿Alguna vez te ha pasado eso? Estoy segura de que no soy la única persona que ha tenido esa odiosa sensación. A veces pareciera como si la vida ya estuviera prediseñada, como si fuera una plantilla a la que hay que adaptarse. Nos convencen de que solo hay un camino y una manera y nos señalan si elegimos diferente. En ese momento decidí que esa plantilla no estaba hecha para mí. Pero, ¿entonces?

En medio de esa inconformidad, ocurrió un encuentro mágico. Yo lo llamo mágico, pero en palabras menos románticas, simplemente creo que la naturaleza es tan sabia, que hace que nuestro cerebro esté más receptivo a lo que necesita encontrar. Por eso, en el momento en el que me sentía juzgada y casi «loca», me encontré con esa frase de Hölderlin y la sentí como ese permiso implícito de la vida para buscar mi felicidad a mi manera. ¡Busquemos lo que nos pertenece! Claro que sí, porque tenemos derecho a elegir y porque tenemos derecho a recibir todo eso que nos ilusiona y por lo que trabajamos. Entonces, ¿por qué limitarse?

Me encanta esa cita porque me recuerda una verdad que sé pero que a veces olvido: la vida es sabia y el tiempo es perfecto y todo lo que esté destinado a ser mío, lo será, de una manera u otra. Por eso hay que dejarse guiar por el instinto, caminar el camino propio e ir aprendiendo y encontrando respuestas que son nuestras verdades personales. Intentar adaptarse a la vida de otros o querer ser y hacer lo que otros son y hacen es un error. Lo que le funciona a unos, no le funciona a todos. De ahí surgen las frustraciones: de que vivimos convencidos de que todos debemos ser iguales, alcanzar las mismas metas, tener el mismo cuerpo, viajar a los mismos lugares, ganar la misma cantidad de dinero y miles de cosas por el estilo (o peor, pensar que tenemos que ser más y mejores que todos los demás). Y la realidad es que ¡no hace falta! Lo que verdaderamente hace falta es que cada uno se tome el tiempo de conocerse a sí mismo para así escuchar al corazón (por más cliché que suene), porque las respuestas las tenemos. Sócrates decía que ya sabemos todo lo que necesitamos saber y que tan solo tenemos que recordarlo. Y la manera de recordarlo es estar conectados con la vida, con las experiencias que tenemos, con las personas que conocemos y con los lugares que visitamos.

Elegí esta cita de Hölderlin como la primera entrada oficial del blog porque me parece un lindo augurio. «¡Ven! Miremos los espacios abiertos». Las posibilidades son infinitas y somos libres; tal vez no tanto como quisiéramos, pero mucho más de lo que imaginamos. Hacer este blog, escribir lo que pienso, es otra de las maneras en las que estoy buscando eso que me pertenece. Aunque todavía no sé en dónde está, sí sé que poco a poco me voy acercando más. Algún día será mío.

Y tú, ¿qué es lo que estás buscando?

 

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