Lecturas, Personajes

Una feminista magnífica

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Photo credit: Camila Motta — http://www.salliebingham.com

«A medida que fui creciendo me di cuenta de que muchas cosas contradecían lo que a mí me habían obligado a creer. El mundo parecía existir en fragmentos que no podían forzarse a encajar en las doctrinas morales e intelectuales que nuestros padres predicaban». —Sallie Bingham, Pasión y Prejuicio: Memorias de una familia.

Cuando escribí sobre Frida Kahlo dije que tuve una época muy afortunada en la que empecé a descubrir, sin proponérmelo, a muchas mujeres feministas que me inspiraron y me ayudaron a darme cuenta de los prejuicios que me rodeaban. Para mí fue un momento muy enriquecedor porque apenas estaba empezando a escuchar acerca del feminismo, todavía no tenía claro lo que era con exactitud y tenía muchas dudas al respecto. Incluso, debo reconocer que le tenía cierta reticencia al término porque había muchas personas confundidas creyendo y haciéndome creer que el feminismo era el rechazo a los hombres (tristemente, todavía hay personas que piensan que es así y no saben lo equivocadas que están). Así que descubrir a estas mujeres abrió un mundo hermoso ante mí y clarificó mis dudas. Tuve la fortuna de que encontré mujeres ejemplares que representan el feminismo de manera excepcional. Por supuesto, alguna que otra no logró convencerme y otras, como Frida Kahlo, me decepcionaron. Por suerte, tuve la oportunidad de aprender sobre esta mujer que de la que voy a hablar hoy: la estadounidense Sallie Bingham.

Sallie nació en Kentucky en 1937, en una época en la que en el sur de Estados Unidos estaban aún más marcados los valores conservadores de la aristocracia, los cuales tenían una gran influencia de lo que en su momento fue La Confederación. Los Bingham fueron los fundadores de uno de los periódicos más importantes que había en ese momento y rápidamente se convirtieron en una familia muy poderosa en su estado. Sallie fue una de las hijas y creció bajo las reglas estrictas que su mamá le imponía; ella la convencía de que el rol de la mujer (de la mujer de clase alta) en la sociedad era, prácticamente, ser una muñeca de porcelana útil solo para casarse y pretender ser feliz con su vida. En el libro Sallie rebela que su infancia y su adolescencia no fueron felices. Ella no podía adaptarse a su familia porque no podía estar de acuerdo con la posición machista, clasista y racista que le inculcaba su madre.

«Sí, mamá, he tomado clases de baile, he practicado tenis, me enderecé los dientes y me corté el cabello. He seguido todas esas fórmulas inconquistables para el éxito que has impuesto en mí. Pero sigo siendo la misma, todavía no pertenezco, todavía soy solitaria, estúpida y sin amor. Porque ¿qué has hecho tú por mi corazón mientras ponías aparatos en mis dientes? ¿Qué me has dado para que confíe en mí misma?»

Ella cuestionaba su mundo porque se dio cuenta de que lo que su mamá le enseñaba no correspondía con su realidad. En Pasión y prejuicio Sallie cuenta cómo desafió a su mamá en repetidas ocasiones, cómo se enfrentó a sus hermanos, cómo quiso cambiar el manejo del periódico y cómo tuvo que lidiar con las miradas de juicio que le lanzaban todas las personas que la rodeaban y quienes insistían en que debía ser mucho más obediente solo por ser mujer.

A Sallie la descubrí por impulso y fue una convergencia muy acertada en ese punto de mi vida. Por esos días me la pasaba comprando biografías y memorias porque me parecía (y parece) fascinante pensar que han existido personas tan valientes que han dejado huellas muy positivas en la historia; así que, sin siquiera saber de qué se trataba, compré Pasión y prejuicio: Memorias de una familia porque el título me llamó la atención. Seguramente iba a ser una historia muy interesante de una familia muy particular. El libro lo devoré porque superó mis expectativas. A través de él conocí a una mujer inspiradora que supo plantar sus convicciones delante de su propia familia y elegir lo correcto a pesar de las consecuencias que eso conllevaría ante los ojos de la sociedad.

Ella supo forjarse su destino a base de trabajo duro, de cuestionarse todo, de sacar sus propias conclusiones y de seguir su corazón. De esa forma logró convertirse en escritora, lo que más anhelaba, y hoy en día es profesora, activista del feminismo y filántropa. Tiene una amplia bibliografía que incluye cuentos, novelas, poesía y obras de teatro. También es la fundadora del Sallie Bingham Center for Women’s History & Culture y de Kentucky Foundation for Women; el primero es un centro de investigación en la Universidad de Duke dedicado a preservar las publicaciones acerca de la vida de mujeres que marcaron la historia, y el segundo es una entidad sin ánimo de lucro que promueve y destaca el trabajo de las mujeres en distintos campos artísticos.

Vale la pena conocer personajes como Sallie Bingham. Recomiendo su libro de memorias y aprender sobre ella para dejarse inspirar por su infinita valentía. La verdad es que me hace mucha ilusión pensar que podría conocerla en persona. Te invito a que la sigas en sus blogs.

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Lecturas

Un gran legado del hinduismo

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Uno de los libros que, sin duda, nunca me cansaré de recomendar es el que descubrí hace unos años en una época en la que me permití abrir la mente y empezar a absorber conocimientos de diversas culturas y puntos de vista. Como muchos de quienes crecemos en el mundo occidental, cuando era pequeña mi contexto estuvo muy marcado por el cristianismo (tanto en el colegio como en el ámbito familiar), por lo que durante mucho tiempo varias personas me hicieron creer que cualquier cosa que pudiera poner en duda «mi fe» estaba mal y debía alejarme de ella. Aunque hice caso varios años, me costaba mucho quedarme con la idea de que era un sacrilegio intentar entender otras religiones y modos de vivir la vida y que nadie pudiera explicarme por qué; yo quería sacar mis propias conclusiones porque las respuestas que encontraba a mi alrededor eran parecidas a «porque está mal y ya». De modo que un día decidí quitarme los prejuicios de encima y abrí mi mente y mi corazón a los conocimientos que la cultura hindú tenía para ofrecerme (luego lo hice con varias otras, pero eso es un tema para comentar después). El resultado fue maravilloso y por eso hoy quiero hablar del Mahabharata y, más específicamente, del Bhagavad Gita.

Primero quiero aclarar que el sentido de mi escrito es estrictamente literario y no religioso. No pretendo exaltar ninguna religión por encima de otra ni hacer que nadie que lea esto cambie su fe. Cada uno es libre de elegir en qué creer y cómo (preferiblemente si está bien informado y sabe defender respetuosamente su punto de vista). Sin embargo, lo que sí deseo es despertar curiosidad y ganas de explorar diferentes perspectivas del mundo para activar el pensamiento crítico y descubrir tesoros a los que tal vez no recurrimos con facilidad. No hace falta adorar a las deidades del hinduismo para disfrutar de una historia tan increíble como esta. Siento que este tipo de textos se pueden tomar como sagrados y adoptarlos como parte de una religión, o simplemente se pueden entender como historias con personajes fantásticos que nos dejan enseñanzas, como las fábulas (y yo creo que se puede hacer eso con este y con cualquier otro libro de cualquier religión).

El Bhagavad Gita es parte de una obra mucho más extensa y compleja llamada Mahabharata. Este es un poema épico (y muy antiguo) de la India, escrito originalmente en sánscrito, el cual está considerado como uno de los textos más importantes de su cultura y también como uno de los poemas más largos que se han escrito, ya que cuenta con 100.000 versos dobles (lo cual es aproximadamente cuatro veces más extenso que la Biblia). La fecha exacta en la que se escribió no se conoce, pero algunos creen que fue más o menos en el año 400 a.C. Debido a su extensión, el Mahabharata es muy difícil de leer, ya que contiene cientos (si no es que miles) de personajes y situaciones fantásticas que se hacen difíciles de recordar. Para entenderlo es necesario tener conocimientos previos de la India y del hinduismo porque el poema utiliza muchos términos (aunque sean traducciones) propios de su religión y la historia lidia con la estructura social de la cultura.

Por supuesto que yo leí una versión condensada del Mahabharata (hoy en día hay muchas) porque acceder al poema completo es difícil y costoso (y tendríamos que saber sánscrito), y además hay quienes aseguran que nadie puede leerlo completo en una sola vida (a menos, claro, de que leas rapidísimo y no hagas nada más en todo el día). Así como lo mencioné en mi publicación sobre La Epopeya de Gilgamesh, es necesario conseguir una versión muy bien traducida y con introducciones, notas al pie y un árbol genealógico que ayuden al lector a contextualizar lo que va sucediendo. Sin embargo, en esencia, el poema trata sobre una pelea entre dos grupos de primos, los Pándavas (hijos de Pandú) y los Kauravas (hijos de Dhritarashtra), por conseguir reinar en su territorio. Realmente es una lectura muy amena y entretenida que atrapa desde que uno empieza a leer hasta que termina.

El Bhagavad Gita es uno de los textos sagrados de la India y cuenta con 700 versos. Está contenido entre los capítulos 23 y 40 del sexto libro del Mahabharata. En este punto de la historia los personajes se encuentran en medio del campo de batalla a punto de librar una guerra y Arjuna, el arquero de los Pándavas, comienza a cuestionarse lo que va a pasar (tengamos en cuenta que está a punto de matar a un miembro de su familia). Así que decide recurrir a Krishna, su guía espiritual (y la reencarnación de alguno de los dioses), para encontrar consuelo y respuestas. Krishna, con toda la sabiduría del mundo le da consejos a su pupilo y le enseña los valores que debe practicar como la humildad, la valentía, el amor, la compasión, la prudencia, la justicia, la honradez, entre muchos otros. El Bhagavad Gita se convierte entonces en una gran metáfora acerca de la guerra interna que luchamos todos como seres individuales y al mismo tiempo hace un paralelismo con los conflictos que nos encontramos al ser parte de ciertas instituciones y de la sociedad.

Esta parte del poema se puede leer separada del Mahabharata, por supuesto teniendo en cuenta el contexto, y puede ser aplicado a la vida diaria. Para mí el Bhagavad Gita se convirtió en el libro al que recurro cuando necesito calma, cuando busco respuestas y reafirmaciones (casi que podría decir que es «mi Biblia» aunque, a decir verdad, soy más seguidora del budismo). Creo que, independientemente de la religión que cada uno practique, las enseñanzas que posee sirven como complementos para una vida más amena, más bondadosa y con más sentido. Recomiendo mucho el Mahabharata como pieza exquisita de la literatura universal y como una lectura divertida y emocionante; y el Bhagavad Gita para quienes quieren una perspectiva un poco más espiritual (no necesariamente religiosa).

Todo el poema está repleto de frases que podría subrayar y copiar en todas partes, pero dejaré aquí una a la que le tengo especial cariño (y si a ti te interesa saber más, ¡envíame un mensaje directo!):

«Me inclino ante Dios, quien vive en este mundo dentro de nosotros; quien lo llame por cualquier nombre, por ese nombre se manifestará».

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El texto más antiguo del mundo

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¿En qué piensas si te digo que voy a hablarte de una historia que incluye un dios que crea personas con arcilla, un diluvio universal y un hombre al que le asignan la tarea de construir un arca, y una serpiente malvada que provoca una desgracia a la humanidad? Es fácil confundirse y pensar que es la Biblia, ¡pero no! La historia que voy a compartirte es La epopeya de Gilgamesh, la narración escrita más antigua de la que hay registro. Es más antigua que la Biblia y mucho menos popular…

Como se sabe, antes las historias se pasaban de una generación a otra de manera oral. Ya que los relatos solían ser muy largos, para que fuera más sencillo recordarlos era común que se les pusiera música y rimas; sin embargo, eso no evitó del todo que a medida que se iban contando, se fueran modificando con nuevos detalles (imaginemos algo así como el juego del teléfono descompuesto). En algún punto, a alguien se le ocurrió idear una manera de dejar registro de las historias para que su reproducción fuera más fidedigna y así fue como nació la escritura.

La epopeya de Gilgamesh es un poema sumerio escrito en tablillas de barro, el cual narra las aventuras de Gilgamesh, el rey de Uruk, quien era dos tercios dios y un tercio humano. Este rey se aprovechaba de su sabiduría y de su contextura gigante para humillar a la gente con su arrogancia y majestuosidad. Como no había quién se le igualara, los dioses decidieron crear a Enkidu, quien luego se convierte en el mejor amigo del rey y juntos derrotan monstruos y protegen a la ciudad. Es a través de su amistad con Enkidu que Gilgamesh aprende el valor de la humildad y el amor al prójimo.

Varias razones hacen que encuentre este poema fascinante. La primera es lo antiguo que es, ya que las primeras versiones datan del sigo XVIII a.C. (es decir, ¡se cree que es del año 2700 a.C.!). En segundo lugar, me parece increíble (y un milagro y un gran regalo para la humanidad) que haya sobrevivido tantos años, ya que las tablillas de barro son muy frágiles. Por supuesto, algunas tablillas se rompieron, otras tal vez siguen perdidas y algunas otras (o parte de ellas) son ilegibles. Otro dato deslumbrante es que la historia tenga tantos paralelismos con la Biblia (especialmente la del diluvio y el arca —si lo lees, te darás cuenta de hasta qué punto son iguales), y eso me genera preguntas que seguramente nunca podré responder. Pero imaginemos por un momento cuántas cosas nos faltan por descubrir, cuántos textos faltan por encontrar y cuántos relatos se perdieron para siempre porque nunca fueron escritos. Me queda claro que siempre hay que mantener el pensamiento crítico activo y la mente abierta, porque muchas cosas de las que nos enseñan a repetir durante años no son necesariamente como nos las cuentan.

Tengo que decir que, tal vez, lo que más me gusta de La epopeya de Gilgamesh es la sabiduría que contiene y, más aún, que todo ese conocimiento venga de hace tanto tiempo. La historia de Gilgamesh trata temas muy complejos como la amistad, el temor a la muerte, el deseo de la inmortalidad, la humildad y el sentido de la vida. Parece como si a través de los años nos hubiéramos vuelto complicados y exigentes, y en realidad desde la época en la que fue escrito este poema ya habían encontrado la clave de la felicidad. En una parte del relato, Gilgamesh emprende una travesía en busca de un dios para que le dé las respuestas que necesita y el dios lo aconseja: «Renuncia a las posesiones, bucea la vida, ¡desiste de bienes mundanos y mantén el alma viva!».

El poema es un poco complejo de leer, ya que el hecho de que varias de las tablillas estén incompletas hace que la historia quede cortada en varios pedazos y que se dificulte seguir el hilo. Sin embargo, la mayoría de las versiones hoy en día tienen introducciones antes de cada tablilla, lo cual le ofrece al lector un contexto y un pequeño análisis de lo que va pasando. Si te decides a leerlo, te recomiendo que busques una buena traducción y una edición con muchas introducciones/notas al pie porque aunque el poema como tal es bastante corto (son solamente doce tablillas y de varias de ellas no hay más que un par de versos), sí se hace necesaria toda la ayuda extra que se pueda tener para entender la época, el lenguaje y los personajes.

¡Léelo! A mí me gustó mucho porque está lleno de aventuras y enseñanzas y resulta muy entretenido. Lo más importante, ¡es el primer texto de la historia (al menos hasta el día de hoy)! y seguramente al terminarlo vas a tener una nueva perspectiva del mundo.

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Carta a D. Historia de un amor.

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En la contraportada de este libro (al menos en la edición que yo tengo) pusieron esta cita de Francisco Quevedo: «Hay libros cortos que, para entenderlos como se merecen, se necesita una vida muy larga». Carta a D. Historia de un amor es exactamente eso. No es un libro de ficción, sino una carta real con una intensidad profunda nacida del amor más genuino. André Gorz (más conocido como Gérard Horst o Michel Bosquet) fue un filósofo austriaco que vivió eternamente enamorado de su esposa, Dorine. Carta a D. surgió como el tributo máximo que hizo André a la relación con su mujer y, en esta carta, él cuenta cómo se conocieron, cómo aprendieron a hablar el idioma del otro, lo difíciles que fueron sus primeros años juntos al no tener solvencia económica y, sobre todo, cómo y cuánto impactó el uno en el otro. A través de la carta, André se cuestiona en repetidas ocasiones el no haber incluido más seguido a Dorine en sus escritos, o el haberlo hecho reflejando una imagen errónea de lo que ella significaba para él.

A mí me encanta leer este tipo de libros de no-ficción que demuestran que se puede tener una historia de amor hermosa y duradera. Soy fiel creyente de que el amor es la fuerza más grande y me entristece que cada vez menos las personas crean en él. Por eso rescato los libros de biografías o memorias que cuentan esas historias, porque devuelven la esperanza. Particularmente, me llama la atención que, lejos de que Carta de D. sea una historia cursi, es un relato verdadero contado en un momento difícil: cuando Dorine está muy enferma. Es un lindo gesto de parte del marido querer que su último libro fuera un homenaje al amor de su vida; sin embargo, no dejo de pensar que es un poco triste esperar hasta un extremo tan impactante (como una enfermedad grave o incluso la muerte) para hacerle saber a alguien cuánto lo apreciamos. Por supuesto, imagino que Dorine sabía perfectamente lo que su esposo sentía por ella, pero él mismo reconoce en varios lugares del texto que estuvo muy ausente por estar abocado a su trabajo de escritor, e incluso que no le dijo las suficientes veces que gracias a ella él, no solo se había encontrado a sí mismo, sino que también encontró las ganas de seguir existiendo. Creo que es una buena reflexión para tener en cuenta: no tenemos que esperar a estar en una situación precaria para decirle a las personas que amamos/apreciamos lo que sentimos por ellas, porque lo podemos hacer todos los días y sin excusas.

André y Dorine tuvieron una relación de 58 años y formaron una simbiosis al extremo de llevar a la literalidad la idea de no puedo vivir sin ti. En el 2008 los dos se suicidaron en su casa, confirmando lo que André había escrito para finalizar la carta: «A ninguno de los dos nos gustaría tener que sobrevivir a la muerte del otro». Tengo que confesar que eso me genera sentimientos encontrados porque, por un lado es romántico lograr un amor tan profundo y genuino y entiendo hasta qué punto puede ser muy difícil sobrellevar la ausencia de la persona que más se ama; pero por otro lado, no sé qué tan proactiva debe ser la intervención para terminar con la vida (propia y ajena). ¿Tú qué opinas de la decisión que tomaron Dorine y André?

Si tú hoy no le has dicho a alguien importante lo que significa para ti, ¿qué estás esperando?

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