Simone de Beauvoir

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Con cada inicio de año llega para mí una fecha muy especial. Desde hace varios años, el nueve de enero es un día que disfruto porque se conmemora el nacimiento de Simone de Beauvoir, quien, como muchos saben, es una de las mujeres que más admiro. Hoy Simone estaría cumpliendo 111 años y esta publicación es mi pequeño (y muy humilde) homenaje a su vida y a su legado en la mía.

A mí me gusta decir que no fui yo quien encontró Simone, sino que fue ella quien me encontró a mí porque la descubrí sin estarla buscando. Yo jamás había escuchado su nombre, no tenía ni idea de a qué se había dedicado, ni nada. Fue por cosa del destino (a mí me gusta creer en eso) que un día estaba comprando por internet libros que necesitaba para la universidad y me llamó la atención una biografía muy prometedora. El título era lindo: «Una vida. Una historia de amor». Quienes me conocen saben que soy una enamorada del amor sin remedio y entonces pensé «Wow, ¿qué tan increíble tiene que ser una persona para que su vida pueda resumirse en la frase una historia de amor?», así que sin dudarlo ni un momento, compré la biografía de esa señora que jamás había escuchado nombrar y dije «pues a ver qué pasa». La verdad es que en ese instante no me fijé en nada más y no me di cuenta de que lo que iba a encontrar me iba a cambiar para siempre.

Cuando por fin tuve el libro en mis manos, fue cuestión de segundos para que me atrapara por completo. Ya desde las primeras páginas (¡de hecho creo que fue la primera!) estaba absolutamente cautivada por esta mujer que había sido todo lo que yo quisiera ser. Simone fue filósofa, escritora, feminista y, para mí, una de las mejores personas que han caminado por esta Tierra. Pero, sobre todo, Simone de Beauvoir fue feliz. Así de simple (y así de complejo). Su forma de ser irreverente la impulsó a seguir siempre su corazón, a inventar sus propias reglas, a vivir a su manera; y lo mejor de todo es que no solamente lo dijo o lo intentó, sino que lo logró.

Nació en París en 1908 y desde pequeña la educaron para que de grande se convirtiera en monja, ya que su familia era católica. Sin embargo, ella sentía que algo de todo lo que le decían no estaba bien. A Simone le gustaba muchísimo leer y a los 13 años, inspirada por las novelas que leía a escondidas, decidió que su vida iba a ser distinta y que nada ni nadie le iba a impedir buscar la felicidad que ella creía que merecía. A partir de ese momento empezó a convertirse en el personaje controversial que pasó a la historia.

Cuando entró a la universidad a estudiar filosofía, conoció a quien sería su compañero por siempre, Jean-Paul Sartre. Juntos formaron una unión libre e inquebrantable que también tuvo unas reglas particulares inventadas por ellos dos, las cuales respetaron con firmeza hasta el día en el que la muerte los separó. Cuando Simone cumplió 23 años, ambos hicieron el pacto de no casarse nunca (ni entre ellos, ni con nadie más) y de seguir eligiéndose en libertad todos los días. Es bien sabido que cada uno tuvo varios amantes e incluso compartieron algunas parejas y, aunque a muchos nos puede parecer disparatada la idea de una relación así, en el contexto de ellos esa libertad no era promiscuidad, sino la muestra de amor más genuino porque entendían que a veces lo que la otra persona necesitaba lo tenía alguien más. Aun así, ellos siempre estuvieron juntos, se apoyaron en todos sus proyectos. Entre los dos desarrollaron las ideas del existencialismo y se sabe que todo lo que Sartre escribió fue revisado y corregido por Simone y viceversa.

Las dos premisas en la vida de Simone fueron la libertad y la felicidad. A ella le encantaba viajar, leer, aprender y nunca desaprovechó una oportunidad para lograrlo. Trabajó arduamente en sus novelas y ensayos filosóficos, abogó por los derechos de las mujeres, haciéndoles ver que ellas tenían el poder de elección sobre todos los aspectos de su vida: su trabajo, su cuerpo, sus relaciones, etcétera. De ahí nació su ensayo más famoso: El segundo sexo, en el que expuso la situación de las mujeres en la sociedad y desafió el rol que estaba impuesto. También dedicó mucho tiempo a escribir novelas y autobiografías, las cuales no me canso de recomendar porque son fascinantes.

Cuando terminé de leer esa primera biografía de Simone, tuve que seguir aprendiendo más y más de ella. He leído varios de sus libros de ficción, las cartas que se escribió con Sartre y con uno de sus amantes más duraderos, Nelson Algren. También he leído sus diarios de viaje y algunas de sus autobiografías. Todavía me falta leer bastante más para completar su bibliografía y mi gran anhelo es poder leer al menos alguno de sus libros en francés.

Mi recomendación respecto a Simone es que hay que conocerla, definitivamente. Luego de aprender tanto acerca de su vida, me sorprendió notar que no se le da el crédito que merece y que hay otras mujeres que no hicieron ni la mitad de lo que hizo Simone y tienen cien veces más reconocimiento (sí, Frida Kahlo, estoy hablando de ti). Pero también considero que es importante remarcar el hecho de que para conocerla hay que tener la mente abierta y estar dispuesto a aprender a entender diferentes perspectivas de vida, porque es cierto que para muchos, ella puede ser demasiado polémica. Yo creo que lo más lindo de su vida es que fue muy consecuente siempre, lo que predicaba lo aplicaba (contrario a lo que dice el dicho popular «el cura predica pero no aplica»).

Simone demostró que es posible procurarse una vida llena de libertad. Dejó en la historia el gran legado para las mujeres (y para todos) de que tenemos el derecho y la responsabilidad de ELEGIR cómo queremos vivir cada día. Para mí es y será siempre una gran fuente de inspiración y me alegro mucho de que un día su biografía se topara conmigo.

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Una feminista magnífica

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Photo credit: Camila Motta — http://www.salliebingham.com

«A medida que fui creciendo me di cuenta de que muchas cosas contradecían lo que a mí me habían obligado a creer. El mundo parecía existir en fragmentos que no podían forzarse a encajar en las doctrinas morales e intelectuales que nuestros padres predicaban». —Sallie Bingham, Pasión y Prejuicio: Memorias de una familia.

Cuando escribí sobre Frida Kahlo dije que tuve una época muy afortunada en la que empecé a descubrir, sin proponérmelo, a muchas mujeres feministas que me inspiraron y me ayudaron a darme cuenta de los prejuicios que me rodeaban. Para mí fue un momento muy enriquecedor porque apenas estaba empezando a escuchar acerca del feminismo, todavía no tenía claro lo que era con exactitud y tenía muchas dudas al respecto. Incluso, debo reconocer que le tenía cierta reticencia al término porque había muchas personas confundidas creyendo y haciéndome creer que el feminismo era el rechazo a los hombres (tristemente, todavía hay personas que piensan que es así y no saben lo equivocadas que están). Así que descubrir a estas mujeres abrió un mundo hermoso ante mí y clarificó mis dudas. Tuve la fortuna de que encontré mujeres ejemplares que representan el feminismo de manera excepcional. Por supuesto, alguna que otra no logró convencerme y otras, como Frida Kahlo, me decepcionaron. Por suerte, tuve la oportunidad de aprender sobre esta mujer que de la que voy a hablar hoy: la estadounidense Sallie Bingham.

Sallie nació en Kentucky en 1937, en una época en la que en el sur de Estados Unidos estaban aún más marcados los valores conservadores de la aristocracia, los cuales tenían una gran influencia de lo que en su momento fue La Confederación. Los Bingham fueron los fundadores de uno de los periódicos más importantes que había en ese momento y rápidamente se convirtieron en una familia muy poderosa en su estado. Sallie fue una de las hijas y creció bajo las reglas estrictas que su mamá le imponía; ella la convencía de que el rol de la mujer (de la mujer de clase alta) en la sociedad era, prácticamente, ser una muñeca de porcelana útil solo para casarse y pretender ser feliz con su vida. En el libro Sallie rebela que su infancia y su adolescencia no fueron felices. Ella no podía adaptarse a su familia porque no podía estar de acuerdo con la posición machista, clasista y racista que le inculcaba su madre.

«Sí, mamá, he tomado clases de baile, he practicado tenis, me enderecé los dientes y me corté el cabello. He seguido todas esas fórmulas inconquistables para el éxito que has impuesto en mí. Pero sigo siendo la misma, todavía no pertenezco, todavía soy solitaria, estúpida y sin amor. Porque ¿qué has hecho tú por mi corazón mientras ponías aparatos en mis dientes? ¿Qué me has dado para que confíe en mí misma?»

Ella cuestionaba su mundo porque se dio cuenta de que lo que su mamá le enseñaba no correspondía con su realidad. En Pasión y prejuicio Sallie cuenta cómo desafió a su mamá en repetidas ocasiones, cómo se enfrentó a sus hermanos, cómo quiso cambiar el manejo del periódico y cómo tuvo que lidiar con las miradas de juicio que le lanzaban todas las personas que la rodeaban y quienes insistían en que debía ser mucho más obediente solo por ser mujer.

A Sallie la descubrí por impulso y fue una convergencia muy acertada en ese punto de mi vida. Por esos días me la pasaba comprando biografías y memorias porque me parecía (y parece) fascinante pensar que han existido personas tan valientes que han dejado huellas muy positivas en la historia; así que, sin siquiera saber de qué se trataba, compré Pasión y prejuicio: Memorias de una familia porque el título me llamó la atención. Seguramente iba a ser una historia muy interesante de una familia muy particular. El libro lo devoré porque superó mis expectativas. A través de él conocí a una mujer inspiradora que supo plantar sus convicciones delante de su propia familia y elegir lo correcto a pesar de las consecuencias que eso conllevaría ante los ojos de la sociedad.

Ella supo forjarse su destino a base de trabajo duro, de cuestionarse todo, de sacar sus propias conclusiones y de seguir su corazón. De esa forma logró convertirse en escritora, lo que más anhelaba, y hoy en día es profesora, activista del feminismo y filántropa. Tiene una amplia bibliografía que incluye cuentos, novelas, poesía y obras de teatro. También es la fundadora del Sallie Bingham Center for Women’s History & Culture y de Kentucky Foundation for Women; el primero es un centro de investigación en la Universidad de Duke dedicado a preservar las publicaciones acerca de la vida de mujeres que marcaron la historia, y el segundo es una entidad sin ánimo de lucro que promueve y destaca el trabajo de las mujeres en distintos campos artísticos.

Vale la pena conocer personajes como Sallie Bingham. Recomiendo su libro de memorias y aprender sobre ella para dejarse inspirar por su infinita valentía. La verdad es que me hace mucha ilusión pensar que podría conocerla en persona. Te invito a que la sigas en sus blogs.

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Frida Kahlo NO es un ejemplo a seguir

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Hace varios años (cuatro, aproximadamente) empecé a ver imágenes de Frida Kahlo en todos lados. Me llamó la atención porque fue muy de repente: veía a muchos portando mercancía con aquella icónica mujer de flores y uniceja, y me molestaba sentirme como «la única» que no tenía idea de quién era ese personaje excelso y, aparentemente, digno de venerar. Esa era una época en la que estaba abocada a leer biografías porque es un género que disfruto muchísimo y había estado descubriendo mujeres increíbles (entre ellas está incluida Simone de Beauvoir, obviamente, y también están Abigail Adams y Sallie Bingham), de manera que tuve que ir a la librería y conseguir la biografía de Frida Kahlo más gruesa que encontrara, porque sería la próxima mujer que anadiría a mi lista de inspiraciones. En cuanto llegué a mi casa, me senté con toda la ilusión a devorar su vida (o, mejor dicho, el libro). ¡Por fin podría caminar orgullosa por la calle con una camiseta con la cara de Frida, compraría cuadernos que también la tuvieran en la portada, tomaría café en una taza con su foto y podría comprarle a mi teléfono una carcasa decorada con su silueta de flores! Una semana después, cuando terminé el libro, solo tenía una sensación en el pecho: ¡qué decepción tan grande! Entonces me pregunté durante varias horas (y todavía me lo pregunto hoy) por qué tantas personas idolatran a Frida Kahlo. ¿Qué es lo que tanto admiran de ella? ¿Por qué la aman con tanto fervor? ¿Por qué pagan tanto dinero por tenerla en todas partes?

Debo decir que mi gran decepción no está necesariamente ligada a la persona que fue Frida sino, más bien, lo que me deja tan triste es la desinformación que hay y el mito que se ha creado alrededor de su imagen. Me parece una jugada muy baja de mercadotecnia, pues la estética de Frida Kahlo funciona perfectamente como ícono ya que es llamativa y fácil de reconocer (todos, aunque no sepamos nada de su vida, con solo ver la silueta de su rostro ya sabemos de quién se trata), y me parece que se están aprovechando de eso y de la movida feminista (y banalizándola con actos así) para manipularnos y vendernos una idea que no es real. ¡Frida Kahlo NO era feminista y NO es digna de imitar ni adorar! La realidad es que durante su vida sufrió tanto, que poco antes de morir dijo: «Espero que la salida sea alegre, y espero no volver nunca más». Ella nunca fue feliz (aunque hay que reconocer que lo intentó), nunca logró una estabilidad emocional y, lo más triste de todo, nunca fue libre (por más que hubiera intentado convencerse a sí misma de que sí).

Para mí, Frida Kahlo es entonces casi que una antítesis del feminismo, porque el foco principal de su vida no era ella, sino su relación tóxica con Diego Rivera, quien fue una persona absolutamente deplorable, horrible por dentro (y por fuera, pero eso es un dato menor). Desde muy joven Frida se obsesionó con ese señor (¡y no hay ninguna explicación racional!) y vivió por él y para él a pesar de que Rivera la trataba muy mal y de que le fue infiel infinidad de veces, incluso con su hermana. En vez de valorarse y procurarse un porvenir —al menos— digno, la impoluta (?) Frida Kahlo se encerró en su obcecación y dedicó el resto de su vida a lamentarse devotamente y a plasmar en sus cuadros, escritos y cartas lo infeliz que era, su incapacidad de evolucionar emocionalmente y lo terrible que era la (su) existencia. En eso, por supuesto y como venganza, también le fue infiel a Rivera con varios hombres y mujeres (¡pero eso tampoco la hace feminista, no hay que confundirse!). Es decir, las personas que creen que la historia sentimental de Frida Kahlo es acreedora de imitación están MUY EQUIVOCADAS. Y también lo están quienes dicen que ella sí sabía cómo funcionan las relaciones (en todo caso, sabía cómo funcionan las tóxicas, claramente).

Como pintora no la puedo juzgar ya que sé muy poco de artes plásticas; como artista puedo resaltar su capacidad de hacer que su arte surgiera de sus emociones. También admiro que se sintiera orgullosa de sus raíces mexicanas, pero no comparto su mensaje nacionalista ni tampoco el rechazo que tuvo hacia sus raíces alemanas (simplemente porque no estoy de acuerdo con ningún mensaje que pretenda separar y clasificar a unos como mejores que otros). Como persona le tengo empatía porque su vida fue realmente muy difícil, con muchos accidentes e infortunios y porque tuvo que sobrellevar situaciones que a cualquiera se le saldrían de las manos. Sin embargo, eso no me hace querer exaltarla ni venerarla ni llevarla puesta en camisetas y tazas. Hay miles de mujeres que SÍ son representantes de los valores que deberíamos imitar y que lucharon mucho por lograr un mundo mejor y es a ellas a quienes deberíamos poner en libros, de quienes deberíamos estar aprendiendo. Me preocupa que haya tantas personas (especialmente mujeres jóvenes) que la adoran y la promocionan sin siquiera saber por qué, sin tener ni idea de a qué se dedicaba o por qué es recordada hoy en día. Así que mi mensaje es que procuremos informarnos más, que investiguemos por iniciativa propia y que saquemos nuestras conclusiones sin copiar ciegamente las de otros solo porque parece cool. Eso no tiene sentido y estamos dando el ejemplo equivocado.

Si tú leíste todo esto y no estás de acuerdo con nada de lo que escribí, te invito a leer más acerca de Frida y luego a que me dejes todos los comentarios que quieras.

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