literatura, Personajes

La primera feminista: Cristina de Pizán

«Cristina de Pizán, de hecho, es la imagen misma de la mujer sola, todos cuyos actos y decisiones deben estar impregnados de coraje; esta entereza de ánimo […] es la virtud esencial del personaje». —Régine Pernoud.

Quienes me conocen o me siguen desde hace un tiempo saben que uno de los géneros literarios que más disfruto es la biografía, especialmente cuando es de alguna mujer. Aquí en el blog ya he hablado sobre Simone de Beauvoir (mi favorita, claro), Sallie Bingham (una feminista estadounidense), Catalina de Erauso (quizás la primera persona transgénero) y Frida Kahlo, y en Instagram conté un poco la historia de Camille Claudel. Hoy es el turno de Cristina de Pizán, considerada la primera escritora y feminista de la historia.  

Cristina de Pizán (o Pisán) nació en Venecia (no se sabe muy bien si fue en 1364 o 1365), y desde muy pequeña se la llevaron a vivir a Francia, puesto que su padre, Tomás de Pizán, era el erudito de la corte del rey Carlos V. Debido a esto, Cristina creció en un ambiente intelectual, rodeada de conocimientos y de libros, pues tenía acceso a la biblioteca del rey (una de las más grandes de la época). Desde su infancia demostró tener una curiosidad innata: amaba aprender y leer; eso fue lo que la salvó durante épocas de gran tristeza.

Se casó muy joven —a los quince años— con Etienne Castel, su único amor, y tuvo tres hijos. Diez años después enviudó y nunca más se volvió a casar ni entró a ningún convento, que era lo que se esperaba que hiciera. Un dato interesante es que, a pesar de que amaba profundamente a su marido, no quiso adoptar su apellido; prefirió quedarse con el de su papá, quien había sido la persona que, según ella, le había brindado lo más importante de su vida: el aprendizaje.

El haber quedado viuda le trajo una serie de desagracias, ya que su esposo le dejó muchas deudas y el Estado le dio la espalda, se le hizo muy difícil cobrar un dinero que le correspondía a Etienne (de hecho, tardó más de veintiún años en recibirlo) y tuvo que enfrentarse a acreedores inescrupulosos y a personas malintencionadas que la difamaban. A partir de ese momento se vio obligada a ingeniarse un modo de poder sostener su hogar.

«¿Cómo pudo Cristina pasar por tal experiencia sin quedar hundida o convertirse en una persona agria y amargada? Poseía un arma secreta, una sola, y completamente interior: la poesía».

—Régine Pernoud, Cristina de Pizán.

A manera de desahogo, empezó a escribir baladas en las que expresaba sus sentimientos frente a las circunstancias que estaba atravesando. Sus poemas tocaban temas cotidianos con mucha honestidad y crudeza, exponían la situación de las mujeres (especialmente de las viudas) en la sociedad y criticaban la injusticia. Resultó ser muy virtuosa; tenía un dominio exquisito del lenguaje. Pronto se dio cuenta de que podía tomar la escritura como una carrera y no solo como un pasatiempo, entonces se dedicó a leer ávidamente para documentarse y seguir aprendiendo. En poco tiempo, sus escritos empezaron a ser aclamados por duques y príncipes. En un periodo de solo seis años escribió más de quince volúmenes y muchos poemas, e incluso, en esa misma época, se tradujo parte de su obra al inglés.

La primera disputa feminista

Además de por la temática que tocaba en sus escritos, Cristina de Pizán es reconocida como la primera feminista de la historia debido a un enfrentamiento que tuvo con las autoridades de la Universidad de París.

Entre los universitarios estaba de moda El libro de la rosa, el cual consta de dos partes. La primera fue compuesta hacia 1245, y, hacia finales del siglo XIII, un hombre llamado Jean de Meung compuso la segunda parte porque quería darle un final. El problema fue que esa segunda parte se alejó por completo de los valores principales de la obra: en ella, Jean de Meung promovió abiertamente el desprecio a la mujer. «Es un texto obsceno que usa un vocabulario crudo, incita al pecado porque denigra la castidad de las mujeres y propugna la promiscuidad sexual y la lujuria […]», dice Simone Roux en Christine de Pizan. Femme de tête, dame de cœur. Los universitarios aprovecharon todo lo que decía esa segunda parte del libro para apoyar su decisión de quitarles a las mujeres la posibilidad de estudiar y de ejercer como médicas.

Después de leer El libro de la rosa, Cristina quedó indignada y no pudo contener su frustración, así que se atrevió a hacer público su repudio por la segunda parte de la obra. Como era de esperarse, las autoridades de la universidad la trataron como inferior y se burlaron de ella; llegaron a decir que simplemente no había entendido el libro por ser mujer. Por fortuna para Cristina, un universitario llamado Jean Gerson la apoyó y se pronunció también en contra de El libro de la rosa.

«¡Que no me sea imputado como locura, arrogancia o presunción el atreverme, yo, una mujer, a reprender y contradecir a un autor tan sutil, cuando él, un solo hombre, se atreve a difamar y culpar sin excepción a todo un sexo!».

Cristina de Pizán.

Entonces Cristina recurrió a su mejor arma una vez más: la escritura. Compuso «Poema de la rosa», en el que hablaba sobre el respeto a las mujeres. Con él logró conmover a una gran audiencia, entre ellos a la reina Isabel, quien quiso tener las obras de Cristina en su biblioteca. Gracias a ese poema, también se convirtió en la guardiana de La Orden de la Rosa, una orden dedicada a la defensa de las mujeres y de sus derechos.

La obra de Cristina de Pizán es muy extensa e incluye datos autobiográficos, históricos y políticos. Además, no está limitada únicamente a la poesía: Cristina también escribió cartas y debates, que demuestran aún más cuán culta era. Se preocupó por transmitir un mensaje de paz y por concientizar acerca de la situación de las mujeres. Sus últimos poemas estuvieron dedicados a Juana de Arco; aunque no llegó a conocerla en persona, la admiraba profundamente y le tenía una gran empatía, pues las autoridades de la universidad (quienes antes habían estado tan en contra de Cristina) fueron quienes se encargaron de condenar y declarar a Juana como hereje y loca.

No se sabe con exactitud en qué fecha murió Cristina, pero lo que sí se sabe es que su legado marcó la historia para siempre y que, a través de sus escritos y con su ejemplo de vida, logró demostrar que la valentía, la determinación y la fuerza de voluntad no son virtudes reservadas a los hombres, sino que todos somos capaces de encontrarlas.

Algunas lecturas de interés

Cristina de Pizán, Régine Pernoud (historiadora francesa experta en la Edad Media).

La ciudad de las damas, Cristina de Pizán.

Cien baladas de Amante y Dama, Cristina de Pizán.

Mi intención con esta publicación es animar a quienes hayan llegado hasta aquí a que conozcan a Cristina, a que lean sobre ella y también sus libros, porque su mensaje sigue estando vigente y es muy importante.

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Personajes

Catalina de Erauso

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«. . . partimos a otro día, sin saberme yo qué hacer ni adónde ir, sino dejarme llevar del viento como una pluma». —Catalina de Erauso, La historia de la monja alférez.

El 28 de junio se celebra el Día Internacional del Orgullo LGBTIQ y, en algunos países, le dedican todo el mes a la misma causa. Yo me enteré de eso hace poco y me encantó saberlo porque coincidió perfecto con mi lectura de las memorias de Catalina de Erauso, quizás la primera persona transgénero de la que tiene registro la historia. Podríamos decir que es una mezcla entre Juana de Arco y Mulán, con la diferencia de que (según las conclusiones que saqué yo) Catalina se vistió de hombre porque se identificaba como tal. Fue una persona tan fascinante que no puedo dejar de compartir algunas reflexiones que saqué después de haber aprendido sobre ella. Por supuesto, hay algunos aspectos de su vida que no admiro (en especial el hecho de que haya matado a tanta gente); sin embargo, creo que su lugar en la historia es muy valioso porque, sin proponérselo, rompió bastantes dogmas que tuvieron repercusión en su época y en las generaciones que le siguieron, incluso hasta nuestros días. Catalina de Erauso es un ejemplo perfecto de valentía, de fortaleza y de búsqueda de la identidad.

Antes de empezar a ahondar en el tema, quiero aclarar que a lo largo de este escrito voy a referirme a Catalina en femenino a pesar de que debería (y me gustaría) hacerlo en masculino. La única razón por la que elijo hacerlo así es para evitar confusiones al momento de explicar algunos episodios, pero con esto no estoy intentando imponer ninguna etiqueta de género sobre su persona (si hubiera conocido a Catalina, muy seguramente le hubiera hablado en masculino siempre para respetar su identidad).

Como ya me ha pasado con otros personajes cautivantes, descubrí a Catalina de Erauso sin estarla buscando. Vi su nombre en un artículo de internet que hablaba sobre un tema que no tenía nada que ver con ella y, aun así, con solo leer unas cuantas líneas de la descripción de su vida quedé tan maravillada que necesité saber más de inmediato. Hay mucha menos información de la que yo quisiera tener acerca de su historia, pero encontré un libro muy corto escrito por ella misma en el que cuenta en orden cronológico (aunque sin demasiados detalles) su vida desde su infancia en el convento hasta cuando regresó a España después de múltiples viajes por casi toda América.

Catalina de Erauso nació en San Sebastián, Guipúzcoa, en 1585. A los cuatro años ingresó al convento para formarse como novicia pero, cuando cumplió quince, decidió escaparse y forjarse su propio destino. Desde ese mismo momento empezó a vestirse de hombre, modificó el hábito y lo convirtió en un atuendo masculino (¿se puede ser más irreverente?), se cortó el cabello y se aventuró a viajar por España en busca de trabajo y otra vida. Eventualmente se unió al ejército y partió hacia América, en donde estuvo en Colombia, Perú, Chile, Argentina, Bolivia y otros países. Tuvo múltiples oficios, entró y salió del ejército muchas veces y llegó a obtener el grado de alférez por ser uno de los mejores y más fieles combatientes. Estuvo en la cárcel y condenada a muerte en varias ocasiones por reñirse a duelo con bastantes hombres y matarlos a casi todos (entre ellos, por accidente, a su propio hermano, Miguel de Erauso, quien no llegó a reconocerla); tuvo romances y estuvo comprometida con varias mujeres, pero nunca se casó porque se escapaba de cada ciudad antes de que pudiera concretarse alguna unión oficial. Finalmente, después de muchos andares y penurias, y por estar al borde de la muerte a causa de heridas graves, le confesó a un obispo su nombre, su sexo y sus hazañas; él, tras confirmar que Catalina era virgen (importantísimo en el momento), decidió perdonarle la vida y protegerla, con la condición de que volviera al convento y prometiera devoción eterna a Dios. Ella aceptó y ahí se ganó el apodo de «La monja alférez». En 1624 regresó a España, de nuevo vestida de hombre para que los curiosos no la reconocieran, y luego conoció al papa Urbano VIII, quien no solo le perdonó la vida (¡otra vez!), sino que la autorizó a vestirse de hombre por el resto de sus días. Al poco tiempo, Catalina regresó a América y se instaló en México, donde vivió hasta el día de su muerte en 1650, a los sesenta y cinco años. Algunos de los nombres masculinos que usó fueron: Francisco Loyola, Alonso Díaz Ramírez de Guzmán y Antonio de Erauso.

A decir verdad, hasta ahora no he encontrado ningún lugar en el que se confirme que Catalina era un hombre transgénero (y no simplemente una mujer que se disfrazó de hombre). Se puede debatir bastante al respecto y dudo mucho que sea fácil llegar a una respuesta concreta, pues considero que la información que hay sobre su vida no es suficiente para tener la verdad absoluta. Por un lado, se podría decir que Catalina solo se vistió de hombre para poder hacer con libertad las actividades que le gustaban: tener romances con mujeres, combatir y usar armas (era excelente con la espada), ponerse ropa de hombre, etcétera; sin embargo, creo que luego de leer sus memorias se puede deducir que quería ser reconocida como hombre, ya que, incluso después de que se supiera su verdadera identidad, prefirió seguir usando nombre y atuendo de hombre hasta su muerte y, en sus memorias, se refiere a sí misma en masculino. También hay que tener en cuenta que en su época el lenguaje al respecto no era tan amplio como lo es ahora y que tal vez por eso no hay un registro claro de la identidad de género de Catalina (también simplemente porque en ese momento no era un tema del que se hablara como se habla hoy en día).

Otro aspecto que me llama mucho la atención es el hecho de que nunca nadie se diera cuenta de que ella era una mujer, aunque sí hubo quienes se extrañaban porque no le salía barba y la consideraban un hombre poco varonil. Aun así, la gente (al menos que se sepa) no llegó a sospechar que se trataba de una mujer, y me encanta pensar que es una gran demostración de que no existe «el sexo débil», que los gustos son personales y que cualidades como la fuerza, la inteligencia, la valentía y la astucia no tienen nada que ver con el sexo de una persona ni mucho menos están reservadas exclusivamente a los hombres. Personas como Catalina de Erauso nos enseñan que, en definitiva, hay muchas construcciones sociales que no tienen razón de ser y que deberían ser desafiadas y modificadas.

Se sabe poco de la monja alférez, pero espero que su mensaje inspire a muchas más personas, para que eliminen prejuicios y se atrevan a encontrarse a sí mismas sin importar lo que digan los demás.

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Personajes

Simone de Beauvoir

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Con cada inicio de año llega para mí una fecha muy especial. Desde hace varios años, el nueve de enero es un día que disfruto porque se conmemora el nacimiento de Simone de Beauvoir, quien, como muchos saben, es una de las mujeres que más admiro. Hoy Simone estaría cumpliendo 111 años y esta publicación es mi pequeño (y muy humilde) homenaje a su vida y a su legado en la mía.

A mí me gusta decir que no fui yo quien encontró a Simone, sino que fue ella quien me encontró a mí porque la descubrí sin estarla buscando. Yo jamás había escuchado su nombre, no tenía ni idea de a qué se había dedicado, ni nada. Fue por cosa del destino (a mí me gusta creer en eso) que un día estaba comprando por internet libros que necesitaba para la universidad y me llamó la atención una biografía muy prometedora. El título era lindo: «Una vida. Una historia de amor». Y entonces pensé: «Guau, ¿qué tan increíble tiene que ser una persona para que su vida pueda resumirse en la frase “una historia de amor”?». Así que, sin dudarlo ni un momento, compré la biografía de esa señora que jamás había escuchado nombrar y dije: «pues a ver qué pasa». La verdad es que en ese instante no me fijé en nada más y no me di cuenta de que lo que iba a encontrar me iba a cambiar para siempre.

Cuando por fin tuve el libro en mis manos, fue cuestión de segundos para que me atrapara por completo. Ya desde las primeras páginas (¡de hecho, creo que fue la primera!) estaba absolutamente cautivada por esta mujer que había sido todo lo que yo quisiera ser. Simone fue filósofa, escritora, feminista y, para mí, una de las mejores personas que han caminado por esta Tierra. Pero, sobre todo, Simone de Beauvoir fue feliz. Así de simple (y así de complejo). Su forma de ser irreverente la impulsó a seguir siempre su corazón, a inventar sus propias reglas, a vivir a su manera; y lo mejor de todo es que no solamente lo dijo o lo intentó, sino que lo logró.

Nació en París en 1908 y desde pequeña le dieron una educación muy católica (tanto que ella en algún momento quiso ser monja). Sin embargo, ella sentía que algo de todo lo que le decían no estaba bien. A Simone le gustaba muchísimo leer y a los 13 años, inspirada por las novelas que leía a escondidas, decidió que su vida iba a ser distinta y que nada ni nadie le iba a impedir buscar la felicidad que ella creía que merecía. A partir de ese momento empezó a convertirse en el personaje controversial que pasó a la historia.

Cuando entró a la universidad a estudiar filosofía, conoció a quien sería su compañero por siempre, Jean-Paul Sartre. Juntos formaron una unión libre e inquebrantable que también tuvo unas reglas particulares inventadas por ellos dos, las cuales respetaron con firmeza hasta el día en el que la muerte los separó. Cuando Simone cumplió 23 años, ambos hicieron el pacto de no casarse nunca (ni entre ellos, ni con nadie más) y de seguir eligiéndose en libertad todos los días. Es bien sabido que cada uno tuvo varios amantes e incluso compartieron algunas parejas y, aunque a muchos nos puede parecer disparatada la idea de una relación así, en el contexto de ellos esa libertad no era promiscuidad, sino la muestra de amor más genuino, porque entendían que a veces lo que la otra persona necesitaba lo tenía alguien más. Aun así, ellos siempre estuvieron juntos, se apoyaron en todos sus proyectos. Entre los dos desarrollaron las ideas del existencialismo y se sabe que todo lo que Sartre escribió fue revisado y corregido por Simone y viceversa.

Las dos premisas en la vida de Simone fueron la libertad y la felicidad. A ella le encantaba viajar, leer, aprender y nunca desaprovechó una oportunidad para lograrlo. Trabajó arduamente en sus novelas y ensayos filosóficos, abogó por los derechos de las mujeres, para que vieran que tenían el poder de elección sobre todos los aspectos de su vida: su trabajo, su cuerpo, sus relaciones, etcétera. De ahí nació su ensayo más famoso: El segundo sexo, en el que expuso la situación de las mujeres en la sociedad y desafió el rol que estaba impuesto. También dedicó mucho tiempo a escribir novelas y autobiografías, las cuales no me canso de recomendar porque son fascinantes.

Cuando terminé de leer esa primera biografía de Simone, tuve que seguir aprendiendo más y más de ella. He leído varios de sus libros de ficción (novelas y cuentos), las cartas que se escribió con Sartre y con uno de sus amantes más duraderos, Nelson Algren. También he leído sus diarios de viaje y algunas de sus autobiografías. Sin embargo, sé que todavía me falta leer bastante más para completar su bibliografía (uno de mis anhelos en la vida).

Mi recomendación respecto a Simone es que hay que conocerla, definitivamente. Luego de aprender tanto acerca de su vida, me sorprendió notar que no se le da el crédito que merece y que hay otras mujeres que no hicieron ni la mitad de lo que hizo Simone y tienen cien veces más reconocimiento. Pero también considero que es importante remarcar el hecho de que para conocerla hay que tener la mente abierta y estar dispuesto a aprender a entender diferentes perspectivas de vida, porque es cierto que para muchos, ella puede ser demasiado polémica. Yo creo que lo más lindo de su vida es que fue muy consecuente siempre, lo que predicaba lo aplicaba (contrario a lo que dice el dicho popular «el cura predica pero no aplica»).

Simone demostró que es posible procurarse una vida llena de libertad. Dejó en la historia el gran legado para las mujeres (y para todos) de que tenemos el derecho y la responsabilidad de ELEGIR cómo queremos vivir cada día. Para mí es y será siempre una gran fuente de inspiración y me alegro mucho de que un día su biografía se topara conmigo.

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Lecturas, Personajes

Una feminista magnífica

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Photo credit: Camila Motta — http://www.salliebingham.com

«A medida que fui creciendo me di cuenta de que muchas cosas contradecían lo que a mí me habían obligado a creer. El mundo parecía existir en fragmentos que no podían forzarse a encajar en las doctrinas morales e intelectuales que nuestros padres predicaban». —Sallie Bingham, Pasión y Prejuicio: Memorias de una familia.

Cuando escribí sobre Frida Kahlo dije que tuve una época muy afortunada en la que empecé a descubrir, sin proponérmelo, a muchas mujeres feministas que me inspiraron y me ayudaron a darme cuenta de los prejuicios que me rodeaban. Para mí fue un momento muy enriquecedor porque apenas estaba empezando a escuchar acerca del feminismo, todavía no tenía claro lo que era con exactitud y tenía muchas dudas al respecto. Incluso, debo reconocer que le tenía cierta reticencia al término porque había muchas personas confundidas creyendo y haciéndome creer que el feminismo era el rechazo a los hombres (tristemente, todavía hay personas que piensan que es así y no saben lo equivocadas que están). Así que descubrir a estas mujeres abrió un mundo hermoso ante mí y clarificó mis dudas. Tuve la fortuna de que encontré mujeres ejemplares que representan el feminismo de manera excepcional. Por supuesto, alguna que otra no logró convencerme y otras, como Frida Kahlo, me decepcionaron. Por suerte, tuve la oportunidad de aprender sobre esta mujer que de la que voy a hablar hoy: la estadounidense Sallie Bingham.

Sallie nació en Kentucky en 1937, en una época en la que en el sur de Estados Unidos estaban aún más marcados los valores conservadores de la aristocracia, los cuales tenían una gran influencia de lo que en su momento fue La Confederación. Los Bingham fueron los fundadores de uno de los periódicos más importantes que había en ese momento y rápidamente se convirtieron en una familia muy poderosa en su estado. Sallie fue una de las hijas y creció bajo las reglas estrictas que su mamá le imponía; ella la convencía de que el rol de la mujer (de la mujer de clase alta) en la sociedad era, prácticamente, ser una muñeca de porcelana útil solo para casarse y pretender ser feliz con su vida. En el libro Sallie rebela que su infancia y su adolescencia no fueron felices. Ella no podía adaptarse a su familia porque no podía estar de acuerdo con la posición machista, clasista y racista que le inculcaba su madre.

«Sí, mamá, he tomado clases de baile, he practicado tenis, me enderecé los dientes y me corté el cabello. He seguido todas esas fórmulas inconquistables para el éxito que has impuesto en mí. Pero sigo siendo la misma, todavía no pertenezco, todavía soy solitaria, estúpida y sin amor. Porque ¿qué has hecho tú por mi corazón mientras ponías aparatos en mis dientes? ¿Qué me has dado para que confíe en mí misma?»

Ella cuestionaba su mundo porque se dio cuenta de que lo que su mamá le enseñaba no correspondía con su realidad. En Pasión y prejuicio Sallie cuenta cómo desafió a su mamá en repetidas ocasiones, cómo se enfrentó a sus hermanos, cómo quiso cambiar el manejo del periódico y cómo tuvo que lidiar con las miradas de juicio que le lanzaban todas las personas que la rodeaban y quienes insistían en que debía ser mucho más obediente solo por ser mujer.

A Sallie la descubrí por impulso y fue una convergencia muy acertada en ese punto de mi vida. Por esos días me la pasaba comprando biografías y memorias porque me parecía (y parece) fascinante pensar que han existido personas tan valientes que han dejado huellas muy positivas en la historia; así que, sin siquiera saber de qué se trataba, compré Pasión y prejuicio: Memorias de una familia porque el título me llamó la atención. Seguramente iba a ser una historia muy interesante de una familia muy particular. El libro lo devoré porque superó mis expectativas. A través de él conocí a una mujer inspiradora que supo plantar sus convicciones delante de su propia familia y elegir lo correcto a pesar de las consecuencias que eso conllevaría ante los ojos de la sociedad.

Ella supo forjarse su destino a base de trabajo duro, de cuestionarse todo, de sacar sus propias conclusiones y de seguir su corazón. De esa forma logró convertirse en escritora, lo que más anhelaba, y hoy en día es profesora, activista del feminismo y filántropa. Tiene una amplia bibliografía que incluye cuentos, novelas, poesía y obras de teatro. También es la fundadora del Sallie Bingham Center for Women’s History & Culture y de Kentucky Foundation for Women; el primero es un centro de investigación en la Universidad de Duke dedicado a preservar las publicaciones acerca de la vida de mujeres que marcaron la historia, y el segundo es una entidad sin ánimo de lucro que promueve y destaca el trabajo de las mujeres en distintos campos artísticos.

Vale la pena conocer personajes como Sallie Bingham. Recomiendo su libro de memorias y aprender sobre ella para dejarse inspirar por su infinita valentía. La verdad es que me hace mucha ilusión pensar que podría conocerla en persona. Te invito a que la sigas en sus blogs.

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Personajes

Frida Kahlo NO es un ejemplo a seguir

Frida

Hace varios años (cuatro, aproximadamente) empecé a ver imágenes de Frida Kahlo en todos lados. Me llamó la atención porque fue muy de repente: veía a muchos portando mercancía con aquella icónica mujer de flores y uniceja, y me molestaba sentirme como «la única» que no tenía idea de quién era ese personaje excelso y, aparentemente, digno de venerar. Esa era una época en la que estaba abocada a leer biografías porque es un género que disfruto muchísimo y había estado descubriendo mujeres increíbles (entre ellas está incluida Simone de Beauvoir, obviamente, y también están Abigail Adams y Sallie Bingham), de manera que tuve que ir a la librería y conseguir la biografía de Frida Kahlo más gruesa que encontrara, porque sería la próxima mujer que anadiría a mi lista de inspiraciones. En cuanto llegué a mi casa, me senté con toda la ilusión a devorar su vida (o, mejor dicho, el libro). ¡Por fin podría caminar orgullosa por la calle con una camiseta con la cara de Frida, compraría cuadernos que también la tuvieran en la portada, tomaría café en una taza con su foto y podría comprarle a mi teléfono una carcasa decorada con su silueta de flores! Una semana después, cuando terminé el libro, solo tenía una sensación en el pecho: ¡qué decepción tan grande! Entonces me pregunté durante varias horas (y todavía me lo pregunto hoy) por qué tantas personas idolatran a Frida Kahlo. ¿Qué es lo que tanto admiran de ella? ¿Por qué la aman con tanto fervor? ¿Por qué pagan tanto dinero por tenerla en todas partes?

Debo decir que mi gran decepción no está necesariamente ligada a la persona que fue Frida sino, más bien, lo que me deja tan triste es la desinformación que hay y el mito que se ha creado alrededor de su imagen. Me parece una jugada muy baja de mercadotecnia, pues la estética de Frida Kahlo funciona perfectamente como ícono ya que es llamativa y fácil de reconocer (todos, aunque no sepamos nada de su vida, con solo ver la silueta de su rostro ya sabemos de quién se trata), y me parece que se están aprovechando de eso y de la movida feminista (y banalizándola con actos así) para manipularnos y vendernos una idea que no es real. ¡Frida Kahlo NO era feminista y NO es digna de imitar ni adorar! La realidad es que durante su vida sufrió tanto, que poco antes de morir dijo: «Espero que la salida sea alegre, y espero no volver nunca más». Ella nunca fue feliz (aunque hay que reconocer que lo intentó), nunca logró una estabilidad emocional y, lo más triste de todo, nunca fue libre (por más que hubiera intentado convencerse a sí misma de que sí).

Para mí, Frida Kahlo es entonces casi que una antítesis del feminismo, porque el foco principal de su vida no era ella, sino su relación tóxica con Diego Rivera, quien fue una persona absolutamente deplorable, horrible por dentro (y por fuera, pero eso es un dato menor). Desde muy joven Frida se obsesionó con ese señor (¡y no hay ninguna explicación racional!) y vivió por él y para él a pesar de que Rivera la trataba muy mal y de que le fue infiel infinidad de veces, incluso con su hermana. En vez de valorarse y procurarse un porvenir —al menos— digno, la impoluta (?) Frida Kahlo se encerró en su obcecación y dedicó el resto de su vida a lamentarse devotamente y a plasmar en sus cuadros, escritos y cartas lo infeliz que era, su incapacidad de evolucionar emocionalmente y lo terrible que era la (su) existencia. En eso, por supuesto y como venganza, también le fue infiel a Rivera con varios hombres y mujeres (¡pero eso tampoco la hace feminista, no hay que confundirse!). Es decir, las personas que creen que la historia sentimental de Frida Kahlo es acreedora de imitación están MUY EQUIVOCADAS. Y también lo están quienes dicen que ella sí sabía cómo funcionan las relaciones (en todo caso, sabía cómo funcionan las tóxicas, claramente).

Como pintora no la puedo juzgar ya que sé muy poco de artes plásticas; como artista puedo resaltar su capacidad de hacer que su arte surgiera de sus emociones. También admiro que se sintiera orgullosa de sus raíces mexicanas, pero no comparto su mensaje nacionalista ni tampoco el rechazo que tuvo hacia sus raíces alemanas (simplemente porque no estoy de acuerdo con ningún mensaje que pretenda separar y clasificar a unos como mejores que otros). Como persona le tengo empatía porque su vida fue realmente muy difícil, con muchos accidentes e infortunios y porque tuvo que sobrellevar situaciones que a cualquiera se le saldrían de las manos. Sin embargo, eso no me hace querer exaltarla ni venerarla ni llevarla puesta en camisetas y tazas. Hay miles de mujeres que SÍ son representantes de los valores que deberíamos imitar y que lucharon mucho por lograr un mundo mejor y es a ellas a quienes deberíamos poner en libros, de quienes deberíamos estar aprendiendo. Me preocupa que haya tantas personas (especialmente mujeres jóvenes) que la adoran y la promocionan sin siquiera saber por qué, sin tener ni idea de a qué se dedicaba o por qué es recordada hoy en día. Así que mi mensaje es que procuremos informarnos más, que investiguemos por iniciativa propia y que saquemos nuestras conclusiones sin copiar ciegamente las de otros solo porque parece cool. Eso no tiene sentido y estamos dando el ejemplo equivocado.

Si tú leíste todo esto y no estás de acuerdo con nada de lo que escribí, te invito a leer más acerca de Frida y luego a que me dejes todos los comentarios que quieras.

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