literatura, Personajes

La primera feminista: Cristina de Pizán

«Cristina de Pizán, de hecho, es la imagen misma de la mujer sola, todos cuyos actos y decisiones deben estar impregnados de coraje; esta entereza de ánimo […] es la virtud esencial del personaje». —Régine Pernoud.

Quienes me conocen o me siguen desde hace un tiempo saben que uno de los géneros literarios que más disfruto es la biografía, especialmente cuando es de alguna mujer. Aquí en el blog ya he hablado sobre Simone de Beauvoir (mi favorita, claro), Sallie Bingham (una feminista estadounidense), Catalina de Erauso (quizás la primera persona transgénero) y Frida Kahlo, y en Instagram conté un poco la historia de Camille Claudel. Hoy es el turno de Cristina de Pizán, considerada la primera escritora y feminista de la historia.  

Cristina de Pizán (o Pisán) nació en Venecia (no se sabe muy bien si fue en 1364 o 1365), y desde muy pequeña se la llevaron a vivir a Francia, puesto que su padre, Tomás de Pizán, era el erudito de la corte del rey Carlos V. Debido a esto, Cristina creció en un ambiente intelectual, rodeada de conocimientos y de libros, pues tenía acceso a la biblioteca del rey (una de las más grandes de la época). Desde su infancia demostró tener una curiosidad innata: amaba aprender y leer; eso fue lo que la salvó durante épocas de gran tristeza.

Se casó muy joven —a los quince años— con Etienne Castel, su único amor, y tuvo tres hijos. Diez años después enviudó y nunca más se volvió a casar ni entró a ningún convento, que era lo que se esperaba que hiciera. Un dato interesante es que, a pesar de que amaba profundamente a su marido, no quiso adoptar su apellido; prefirió quedarse con el de su papá, quien había sido la persona que, según ella, le había brindado lo más importante de su vida: el aprendizaje.

El haber quedado viuda le trajo una serie de desagracias, ya que su esposo le dejó muchas deudas y el Estado le dio la espalda, se le hizo muy difícil cobrar un dinero que le correspondía a Etienne (de hecho, tardó más de veintiún años en recibirlo) y tuvo que enfrentarse a acreedores inescrupulosos y a personas malintencionadas que la difamaban. A partir de ese momento se vio obligada a ingeniarse un modo de poder sostener su hogar.

«¿Cómo pudo Cristina pasar por tal experiencia sin quedar hundida o convertirse en una persona agria y amargada? Poseía un arma secreta, una sola, y completamente interior: la poesía».

—Régine Pernoud, Cristina de Pizán.

A manera de desahogo, empezó a escribir baladas en las que expresaba sus sentimientos frente a las circunstancias que estaba atravesando. Sus poemas tocaban temas cotidianos con mucha honestidad y crudeza, exponían la situación de las mujeres (especialmente de las viudas) en la sociedad y criticaban la injusticia. Resultó ser muy virtuosa; tenía un dominio exquisito del lenguaje. Pronto se dio cuenta de que podía tomar la escritura como una carrera y no solo como un pasatiempo, entonces se dedicó a leer ávidamente para documentarse y seguir aprendiendo. En poco tiempo, sus escritos empezaron a ser aclamados por duques y príncipes. En un periodo de solo seis años escribió más de quince volúmenes y muchos poemas, e incluso, en esa misma época, se tradujo parte de su obra al inglés.

La primera disputa feminista

Además de por la temática que tocaba en sus escritos, Cristina de Pizán es reconocida como la primera feminista de la historia debido a un enfrentamiento que tuvo con las autoridades de la Universidad de París.

Entre los universitarios estaba de moda El libro de la rosa, el cual consta de dos partes. La primera fue compuesta hacia 1245, y, hacia finales del siglo XIII, un hombre llamado Jean de Meung compuso la segunda parte porque quería darle un final. El problema fue que esa segunda parte se alejó por completo de los valores principales de la obra: en ella, Jean de Meung promovió abiertamente el desprecio a la mujer. «Es un texto obsceno que usa un vocabulario crudo, incita al pecado porque denigra la castidad de las mujeres y propugna la promiscuidad sexual y la lujuria […]», dice Simone Roux en Christine de Pizan. Femme de tête, dame de cœur. Los universitarios aprovecharon todo lo que decía esa segunda parte del libro para apoyar su decisión de quitarles a las mujeres la posibilidad de estudiar y de ejercer como médicas.

Después de leer El libro de la rosa, Cristina quedó indignada y no pudo contener su frustración, así que se atrevió a hacer público su repudio por la segunda parte de la obra. Como era de esperarse, las autoridades de la universidad la trataron como inferior y se burlaron de ella; llegaron a decir que simplemente no había entendido el libro por ser mujer. Por fortuna para Cristina, un universitario llamado Jean Gerson la apoyó y se pronunció también en contra de El libro de la rosa.

«¡Que no me sea imputado como locura, arrogancia o presunción el atreverme, yo, una mujer, a reprender y contradecir a un autor tan sutil, cuando él, un solo hombre, se atreve a difamar y culpar sin excepción a todo un sexo!».

Cristina de Pizán.

Entonces Cristina recurrió a su mejor arma una vez más: la escritura. Compuso «Poema de la rosa», en el que hablaba sobre el respeto a las mujeres. Con él logró conmover a una gran audiencia, entre ellos a la reina Isabel, quien quiso tener las obras de Cristina en su biblioteca. Gracias a ese poema, también se convirtió en la guardiana de La Orden de la Rosa, una orden dedicada a la defensa de las mujeres y de sus derechos.

La obra de Cristina de Pizán es muy extensa e incluye datos autobiográficos, históricos y políticos. Además, no está limitada únicamente a la poesía: Cristina también escribió cartas y debates, que demuestran aún más cuán culta era. Se preocupó por transmitir un mensaje de paz y por concientizar acerca de la situación de las mujeres. Sus últimos poemas estuvieron dedicados a Juana de Arco; aunque no llegó a conocerla en persona, la admiraba profundamente y le tenía una gran empatía, pues las autoridades de la universidad (quienes antes habían estado tan en contra de Cristina) fueron quienes se encargaron de condenar y declarar a Juana como hereje y loca.

No se sabe con exactitud en qué fecha murió Cristina, pero lo que sí se sabe es que su legado marcó la historia para siempre y que, a través de sus escritos y con su ejemplo de vida, logró demostrar que la valentía, la determinación y la fuerza de voluntad no son virtudes reservadas a los hombres, sino que todos somos capaces de encontrarlas.

Algunas lecturas de interés

Cristina de Pizán, Régine Pernoud (historiadora francesa experta en la Edad Media).

La ciudad de las damas, Cristina de Pizán.

Cien baladas de Amante y Dama, Cristina de Pizán.

Mi intención con esta publicación es animar a quienes hayan llegado hasta aquí a que conozcan a Cristina, a que lean sobre ella y también sus libros, porque su mensaje sigue estando vigente y es muy importante.

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Misceláneo

¡Busquemos lo que nos pertenece!

El fuego mismo de los dioses día y noche nos empuja a seguir adelante. ¡Ven! Miremos los espacios abiertos, busquemos lo que nos pertenece por lejano que esté.

«El fuego mismo de los dioses día y noche nos empuja a seguir adelante. ¡Ven! Miremos los espacios abiertos, busquemos lo que nos pertenece por lejano que esté». —Friedrich Hölderlin.

Hace unos años, en una de esas épocas en las que hay que tomar decisiones, me di cuenta de que estaba muy inconforme con las opciones que me proponían. Me sentí atrapada en un mundo que no estaba hecho para mí. ¿Alguna vez te ha pasado eso? Estoy segura de que no soy la única persona que ha tenido esa sensación odiosa. A veces pareciera como si la vida ya estuviera prediseñada, como si fuera una plantilla a la que hay que adaptarse. Nos convencen de que solo hay un camino y una manera y nos señalan si elegimos diferente. En ese momento decidí que esa plantilla no estaba hecha para mí. Pero, ¿entonces?

En medio de esa inconformidad, ocurrió un encuentro mágico. Yo lo llamo mágico, pero en palabras menos románticas, simplemente creo que la naturaleza es tan sabia, que hace que nuestro cerebro esté más receptivo a lo que necesita encontrar. Por eso, en el momento en el que me sentía juzgada y casi «loca», me encontré con esa frase de Hölderlin y la sentí como ese permiso implícito de la vida para buscar mi felicidad a mi manera. ¡Busquemos lo que nos pertenece! Claro que sí, porque tenemos derecho a elegir y porque tenemos derecho a recibir todo eso que nos ilusiona y por lo que trabajamos. Entonces, ¿por qué limitarse?

Me encanta esa cita porque me recuerda una verdad que sé pero que a veces olvido: la vida es sabia y el tiempo es perfecto y todo lo que esté destinado a ser mío, lo será, de una manera u otra. Por eso hay que dejarse guiar por el instinto, caminar el camino propio e ir aprendiendo y encontrando respuestas que son nuestras verdades personales. Intentar adaptarse a la vida de otros o querer ser y hacer lo que otros son y hacen es un error. Lo que le funciona a unos, no le funciona a todos. De ahí surgen las frustraciones: de que vivimos convencidos de que todos debemos ser iguales, alcanzar las mismas metas, tener el mismo cuerpo, viajar a los mismos lugares, ganar la misma cantidad de dinero y miles de cosas por el estilo (o peor, pensar que tenemos que ser más y mejores que todos los demás). Y la realidad es que ¡no hace falta! Lo que verdaderamente hace falta es que cada uno se tome el tiempo de conocerse a sí mismo para así escuchar al corazón (por más cliché que suene), porque las respuestas las tenemos. Sócrates decía que ya sabemos todo lo que necesitamos saber y que tan solo tenemos que recordarlo. Y la manera de recordarlo es estar conectados con la vida, con las experiencias que tenemos, con las personas que conocemos y con los lugares que visitamos.

Elegí esta cita de Hölderlin como la primera entrada oficial del blog porque me parece un lindo augurio. «¡Ven! Miremos los espacios abiertos». Las posibilidades son infinitas y somos libres; tal vez no tanto como quisiéramos, pero mucho más de lo que imaginamos. Hacer este blog, escribir lo que pienso, es otra de las maneras en las que estoy buscando eso que me pertenece. Aunque todavía no sé en dónde está, sí sé que poco a poco me voy acercando más. Algún día será mío.

Y tú, ¿qué es lo que estás buscando?

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